La actriz Vanessa Miller lidera hoy un precioso proyecto: es creadora y productora de “Bravura Plateada”, serie que contará la vida de la ídola nacional Cecilia, La Incomparable. Nos reunimos con ella a conversar no sólo de sus proyectos actuales; también nos dimos el gusto de repasar grandes hitos en la historia de su carrera, que le han dejado experiencias de vida en lo dulce y agraz.

Valiente, jugada e imparable, Vanessa Miller cuenta en detalle su experiencia como “Chica Tinelli”, su paso por “Plan Z” y una loquísima y cósmica experiencia con el astro del rock argentino, Charly García.

-¿De qué manera crecer en un hogar donde el papá es productor teatral y la mamá actriz marca tu vocación por seguir este mismo camino?

-De todas las maneras. Primero, tienes un contacto no idealizado del trabajo, ves la parte desplegada del glamour, del escenario y del aplauso. Por otro lado, ves cómo se hace todo: cuando chica me tocaba levantar y cerrar el telón, veía lo artesanal que era. Mi mamá fue precursora del Café Concert en Chile; en el verano trabajaba en un pub, uno en Reñaca, que se llamaba Queen´s Pub. Yo pasaba el verano con mi vieja y hacíamos de todo, desde guardar la escenografía, vender las entradas, pues trabajé de boletera en sus café concert. Estábamos preocupadas de si llegaba o no la gente. De repente los jueves no eran muy buenos, se trabaja para poco público y hacer humor con poca convocatoria no era muy entretenido. Luego, el éxito rotundo de la tele. Después no teníamos ni uno y luego un montón. Todas esas cosas las vi, entonces no tenía la fantasía idealizada de la fama ni del glamour. Sabía que la cuestión es súper patuflera y artesanal.

-¿Tus papás te apoyaban para que te dedicaras a esto?

-Estaban totalmente en contra de que hiciera algo parecido a lo de ellos. Cuando salí del colegio era lo único que no querían mis papás. Mi mamá decía “estudia una carrera que te asegure una estabilidad”, la típica. Ellos no funcionaban diferente que cualquier familia tradicional chilena.

-¿Pensaste en algún momento hacer otra cosa?

-Pensé y todavía pienso que habría sido hermoso ser bióloga marina. Por decirte algo nada que ver, una vez esto me lo preguntó Susana Jiménez. Le dije “escribir” y me miró como diciendo, “es lo mismo”. Escribir es algo a lo que me estoy dedicando hoy en día.

-Te vas muy joven a Argentina y trabajaste en Video Match. ¿Cómo recuerdas esa experiencia?

-Como si hubiera estado en el servicio militar, era exactamente lo mismo. Eran súper rigurosos, un trabajo con una estructura de selección, de producción y de creatividad súper milica. Yo llegué cuando había puros hombres. Mi trabajo era súper exitoso, me iba genial, salía en todas las revistas, era un hit lo que yo hacía. Todos los hombres que llegaron después que yo tuvieron sus propios equipos de producción, a mí nunca me dieron uno. Era una milicia masculina en el que las mujeres que habían pasado por ahí eran más de mostrar el culo y las tetas. Llegué yo, que era actriz, que mostraba el culo y las tetas también, pero que era actriz y tenía bagaje, estudios, escribía y tenía ideas.

-¿Cómo partió todo?

-Me habían dado unos personajes de “ricurita” en una telenovela cómica que hacían dentro del programa. Yo pedía más pega, les decía “quiero trabajar más”. Estaba sentada ahí y escucho que dicen “Pablo está con Hepatitis B, no sé qué hacer”, entonces le digo al productor: “¿cómo no sabes qué hacer? Yo lo reemplazo”. Tinelli dijo “y bueno, probá, no perdés nada”. Salimos al aire y la rompí. Todas mis ideas empezaron a funcionar.

-¿Te daban los créditos?

-Nada, cero. Y cuando volvió Pablo pasé a ser su suche y seguíamos haciendo mis ideas. Esa huevada me cargó. Estuve dos años ahí.

-¿Te jugó en contra ser chilena?

-Me jugó un poco a favor, porque el tipo de mujeres que seleccionaban en ese programa eran “minas objeto”, entonces yo entraba en un rubro medio desconocido para ellos; también porque era de otro país. Me jugó en contra más adelante de mi carrera, cuando era animadora, era muy difícil ser más famosa o exitosa no siendo argentina.

Vanessa Miller, en la producción de serie sobre Cecilia, La Incomparable. (Foto: Yas Bau).

-La relación con Marcelo Tinelli, ¿cómo era?

-Era una relación como se puede tener con Marcelo Tinelli. Era el jefe número uno y figura. Tenía un gran sentido de productor y era muy machista.  Yo encuentro súper machista todo en esa época. Todos hemos cambiado, incluido él seguramente, pero era el típico clásico italiano, con la mina linda, bueno pal hueveo, arriba de la pelota, capo y yéndole súper bien. Entonces, el contexto era súper machista.

-En el late “Vanessa de noche” de Canal Utilísima tuviste la oportunidad de entrevistar a Charly García. ¿Cómo se gesta?

-Soy amiga de su cuñada, trabajamos juntas. Ella es directora y actriz y nos conocemos de toda la vida. Yo estaba haciendo el programa y Charly en ese tiempo había quedado como chaleco de mono en todas las entrevistas; en la última le rompió un computador a un periodista. Entonces, ella me dijo que lo entrevistara. Yo le dije “me estás hueviando”, pero me dijo que pensaba que engancharíamos súper bien y que yo iba a tratar de rescatar al Charly artista. Le dije “¿y si me pega un charchazo?”. Yo estaba cagada de miedo, le pedí una entrevista previa. Después de terminar las negociaciones, Charly pidió que el camarín tuviera flores, bombones y whisky. Todos los que trabajábamos ahí, que éramos como quince, teníamos un camarín enano. Para mí fue la raja porque por un día fui una diva de verdad, armaron un camarín espectacular, pusieron alfombra, el dueño del canal bajó y me dijo “esta huevada no es por ti, es por Charly”. Le dije: “que eres maricón, yo me rompo el lomo todo el año acá”.  No teníamos ni donde almorzar; lo hacíamos en el baño. Un día estaban todos comiendo en el baño y dije: “¡ya basta! ¿Por qué nos tratan así?”.  Me trataron de diva, pero nos armaron un camarín.

-¿Cómo te  fue en la entrevista previa con Charly?

-Charly me cita a su departamento, donde también iba a estar mi amiga. Fue un 8 de diciembre, el Día de la Virgen. Tenía que estar a las seis de la tarde, el único detalle es que a las cinco empiezan esas lluvias argentinas torrenciales, no conseguía taxi, y mi amiga me dice “Charly te está esperando”. Me fui caminando. Eran como diez cuadras. Llegué sopeada, con el pelo pegado. Mi amiga, muy atinadamente, me dice: “no compitas con Charly, la estrella es él”. Entonces entré a la pieza. Charly estaba en su cama, con un mini short, igual que un boxer, sentado como gato con las dos piernas para el lado, recién bañado, espléndido. Yo, con todo el maquillaje corrido. Llevaba esperándome como cuarenta minutos. ¡A mí! ¿Cachay? Yo que no era nadie para él.

-¿Cómo se dio la conversación?

-Fue la raja, del verbo espectacular. El huevón había roto los equipos de música, todas las guitarras, no quedaba nada. Lo único que funcionaba en la casa era un grabador con cassette donde me mostró su nuevo disco. Iba poniendo play y me decía “escuchá”, me cantaba el tema entero y me lo explicaba. Por primera vez entendí como compone. Me decía “esto es de la Odisea en el Espacio, escuchá”, y entraba un sonido de la banda sonora de la película. “¿Vos viste Odisea en el Espacio?” Le dije que no. “Cómo no la viste, es la película más importante de la historia. Tenés que verla”. Antes de la entrevista grabada yo ya había visto Odisea en el Espacio.

-¿En su casa estaba drogado?

-Charly no puede estar no drogado, hace cuantos miles de años que no lo vemos sin drogas.

Ahora está más drogado que antes, pero con pastillas. Sigue drogado, pero creo que lo interesante de él es que tiene su genialidad intacta, tiene esa chispa. En esa época estaba drogado por sí mismo y no por los médicos.

-¿Cómo avanza la entrevista?

-Todo venía súper bien, hasta que empieza a decir que él quería que el disco se llamara “Mundo B” -finalmente no se llamó así-, entonces mi amiga le hace un planteo político, no me acuerdo exactamente de qué tipo, pero le dice: “sonás igual a una concheta de barrio norte” y el huevón se sube por el chorro mal, se enoja, se indigna y le dice: “y vos que me hablás boluda, qué te crees que vos me podés hablar así”. Yo quedé al medio de esta discusión y Charly agarra un “Tip-Top” y lo veo pasar por al lado mío. “Voy a perder un ojo por una entrevista con Charly García”, hasta que dije: “¡basta! Chicos, por favor, no peleen”. Los dos pararon.

-¿Crees que Charly la quería agredir de verdad?

-No, eso es Rock & Roll, pero no sé, no tengo idea, no podría saber qué tan lejos habría llegado eso si no me hubiese salido el espíritu Mirtha Legrand o Liliana Ross con ese “basta”, hablando en lenguaje de señora. Después ella se fue de la pieza y yo me quedé con Charly como cuatro horas recorriendo todo el disco, tema por tema, y me los cantaba. O sea, función privada. No me voy a olvidar del Día de la Virgen, fue un regalo de ella, no dormí en toda la noche. Salí de esa entrevista y me quedé en mi casa escuchando todos los discos de Charly y ahora entendía la “Orquesta Charly García”.

Y el día de la entrevista grabada, ¿qué tal? 

-Yo estaba chocha con este camarín de diva y bueno, por supuesto que me ofreció droga. Le dije “no consumo” y él me amó. Primero, porque no le iba a gastar su huevá y no entré en el mambo, entonces seguí desde ese lugar. Tenía una caja. ¿Viste esos estuches metálicos de colegio? Así era la caja. No me olvido: sacó el estuche de colegio y pensé, “me estás hueviando”.

-Finalmente contigo no hubo ningún momento tenso.

-Para nada, la previa hecha fue muy facilitadora. Yo, por mi parte, exigí estupideces: que nadie vistiera de color fuerte, incluida yo que me vestí del color de la salud, verde. Pedí que la estridencia la ponga él. Después no llegaba, nos hizo esperarlo como tres horas, yo me reía, me caía hasta simpático todo lo que hacía.

-Le preguntaste qué nota era. “Re sostenido”, te contestó.

-En una entrevista dijo que podía saber qué nota musical tenía cada persona. Lo encontré bacán, era una de mis preguntas número uno. Nunca en ese programa usé algo sin sostén, o muy poco, y no me imaginé que para decirme qué nota era, me iba a decir que tenía que sacarme la parte de arriba del vestido para golpearme el plexo y escuchar. Entonces, me vio sin sostén. Pero yo no lo pensé, dije: “Charly García poh”. No me voy a perder la oportunidad.

De repente caché que me había metido en un tete. “Yo necesito saber mi nota”, dije. A esas alturas estaba entregada. Me golpeó el plexo: “tac, tac, tac”, escuchó y me dijo: “sos un Re sostenido”. Después el manager me decía, “yo nunca vi a Charly García obnubilado por nada en la historia, desde que soy su manager es la primera vez que lo veo así”.

Con los años supe por mi amiga que, para él, yo era la pelirroja medio boluda que lo entrevistaría. Pero después, en el camarín, cuando terminó la entrevista, Charly le dijo a ella, “ni tan boluda la mina”.  Y cuando salimos, vamos bajando con Charly y me dice, “salió bastante bien la entrevista, ¿no? Tuve unos buenos remates de humor”. Y le digo “sí, estuvo bacán”. En el camarín, nuevamente saca el estuche de colegio y me dice uno de los dos grandes piropos que me han dicho en la historia de mi vida. Primero me dice “tenés buenas tetas”. Yo había sido muy inconsciente, y cagué, me estaba hablando de eso, entonces me reí y le dije “ya poh, Charly no hueí”. Él se rió y me dijo, “vos y yo bailamos en la misma sintonía” y esa frase la considero uno de los grandes piropos de la historia de mi vida. Me lo dijo Charly, me la llevo a la tumba. Díganlo en mi epitafio.

-En Chile estuviste en Canal Rock & Pop y fuiste parte de “Plan Z” programa considerado de culto.  ¿Cómo recuerdas esa época? 

-Otros machistas, con carnet, profesionales del machismo. Muy creativos, más cercanos que los de Video Match porque eran mucho más transables, la relación era mucho menos vertical. Los recuerdo con cariño. Me es súper difícil analizar esa época de mi vida sin pensar en la muerte de mi papá; también hago la autocrítica porque estaba conmocionada emocionalmente. Fumaba pitos todo el día, todo me dolía, lloraba, tenía menos recursos para procesar un duelo, que también me preparó para el de mi mamá, que también fue súper difícil, yo diría más difícil, me cuesta mucho despegarlo de eso. Plan Z, para mí, fue como volver a casa psicomágicamente, en el sentido de volver al lugar de los diferentes. En Buenos Aires siempre trabajé en la alta cumbre de la popularidad,  siempre estuve en el sistema, era una “Chica Tinelli” que es como ser la señora del matinal, una huevada totalmente oficial. Acá en el Plan Z volví a la retaguardia, al paria cultural, a cierta marginalidad artística productiva. Volví a mi estirpe.

Mi papá estaba enfermo, la Argentina estaba como las huevas y yo había renunciado a Video Match y pagué el alto costo de renunciar. Pero con en el tiempo digo, “menos mal que me iba mal”.

-¿Por qué?

-Porque eso me ha salvado de muchas cosas y también me ha mantenido. No me quiero mandar las partes, porque soy un “work in progress” como dicen los gringos, pero me ha mantenido consciente. El éxito es difícil, entonces, el fracaso me ha obligado a seguir presente, a seguir estando consciente, a tener que rehacer, a tener que volver a proponer. El fracaso te pone en lugares de mucho despertar, es un despertar duro pero te despierta, ojalá no fuera necesario despertarse así, pero a veces te toca.

-¿Podías aportar creativamente en Plan Z?

-Yo aporté creativamente, a patadas y acudiendo al escándalo, haciendo unas escenas que te las regalo. Me veo ahora y yo me habría auto despedido en el mismo instante. Planeaba todo antes, me encerraba en mi casa y decía, “voy a decir y a hacer esto”. Después iba y lo hacía. Un día les pegué un portazo y les dije, “ustedes son unos hijos de puta aficionados, yo he trabajado con hijos de puta profesionales, sigan participando”. Portazo y me fui. Esa frase quedó para el bronce. Estaban todos: Carcavilla, Peirano, Díaz, Gumucio -que era el que me había llevado-. Yo les hacía escenas con toda la actitud y me iba indignada. Ahí transaban algo: “una de tus ideas se podría llegar a hacer”.

-¿Qué idea, por ejemplo?

-La de la mujer gallina. Se hizo en la última grabación y estaba escrita desde el primer día. Es por la que más me cuestionan en las redes sociales: “cómo puedes reírte de eso”. Al sketch del motel también le pongo firma.

Vanessa Miller, en la producción de la serie sobre Cecilia, La Incomparable. (Foto: Yas Bau).

-A propósito, el año pasado se lanzó el libro “Nunca Cumplimos 30”, que cuenta la historia del canal Rock & Pop. Me llamó la atención que no había nadie más del canal ese día, sólo estabas tú en el público y Gumucio arriba del escenario.

-A mí me llamó la atención que no nos nombraran, lo encontré súper poco cariñoso, en particular porque trabajamos, o sea, yo di la entrevista gratis, pero bueno, son huevadas de protocolo muy chilensis. Yo soy muy italiana para mis cosas, me lo tomo con humor. Por lo menos, vimos a la Colombina Parra cantar. La parte mía fue lo primero que leí, la parte del Plan Z entera, todo lo que opinaban todos y después leí un poquito más.

-¿Qué te pareció el libro? 

-Interesante, está bueno como lo hicieron, es como una conversación entre nosotros, pero hecha por ellos, sin mediar reunión entre todos y está hilado con inteligencia, parece como que las voces estuviéramos dialogando.

-Fuiste pionera en el stand up femenino chileno. ¿Cómo observas el desarrollo de esta rama del humor en torno a la mujer?

-El humor femenino ha tenido más restricciones, como todo en Chile. Había contenidos muy difícil aprobaran si los querías abordar siendo mujer. Los podían abordar los hombres, pero tú no. Eso creo que se ha ido, por suerte, como todo lo demás en la sociedad, gracias a este momento, que para mí es vertebral de la historia de la humanidad y de la diferencia de géneros y de la construcción social en torno a los géneros. Creo que el humor femenino hoy es más necesario que antes, porque estamos más interesadas en la voz de la mujer, en todas las áreas, no sólo en el humor. Es el momento de la cosecha, hay mucha prosperidad, hay una mejor base para que las mujeres desarrollen su pega, sin que todavía sea para mi gusto ni equilibrado, ni justo, ni igual. Pero es mejor que antes, aunque aún no ganamos lo mismo que los hombres y cuando somos líderes hay anticuerpos de base. Vivo enfrentando anticuerpos que no debería encontrar cuando lidero, ni siquiera debería dar explicaciones y vivo dándolas, vivo justificando cosas que si fuera hombre no tendría que explicar. Sencillamente las pondría sobre la mesa como lineamientos de trabajo sin tener que pedir permiso ni tener que explicar por qué chucha ese lineamiento es así. Pero tengo que hacerlo porque soy mina, todo el puto rato. En general, la tele es muy patriarcal, pero bueno, ahí estamos.

-¿Viste la rutina de Jani Dueñas en el Festival de Viña del Mar?

-No, recibí un llamado a las doce de la noche, pensé que pasaba algo grave, que se había muerto alguien y era un periodista diciéndome, “Vane te llamo por lo que pasó”. Y yo, “¿qué pasó?” Venía recién saliendo de la muerte de mi mamá y dije, “concha de tu madre, no hueí”. Y me dijo, “es lo de Jani Dueñas”. De ahí vi en internet un pedazo, pero no la vi entera.

 -¿Qué te pareció lo que viste?

-Me dio risa, encontré chistoso lo que hacía, que dijera “estoy un poco sola” y después dijo “a mí me da lo mismo, igual voy a ir a un bar”. La encontré divertida. No perdió internamente el sentido del humor, lo poco que vi, pero no puedo hacer un análisis más allá, porque no la he visto entera.

¿Tienes alguna predilección hoy en el stand up chileno?

-Confieso que no soy una gran consumidora de stand up, no es el género que más me interesa. Hago un esfuerzo porque sé que es popular, porque sé que es un lugar donde se puede ganar plata, porque hay muchos compañeros, pero la verdad, es que el stand up hasta me da un poco de mono.

-¿Por qué?

-Porque le encuentro esa huevada gringa estacionada mental. Los artistas en el escenario no se mueven, eso me genera un poco de tirria, soy hiperquinética, a mí me gusta el trabajo corporal y la composición de personajes. Pero me gustan casi todos, no hay nadie que no me guste.

-¿Felipe Avello?

-Me encanta, no sé si me alegra, yo te diría que hasta me deprime, pero me río. Lo fui a ver una vez al teatro y lo encontré deprimente, pero me reí ene y en Viña me reí más, lo encontré como desopilante.

-¿Y otros que te gusten?

-La Natalia me parece divertida, a la Alison la he ido a ver en vivo, creo que está mucho más logrado su trabajo hoy y ha crecido ene, las chicas del Morandé me gustan, hay una que me encanta, la Belén, son muchas buenas ahí adentro. La Pao Troncoso me parece genial, la encuentro excelente y no hace stand up, ella es muy buena actuando, muy graciosa.

-Eres creadora y productora de una serie que contará la vida de Cecilia, La Incomparable, trabajo que iniciaste en 2012. ¿Cómo nace la idea?

-De fan no más. Siempre me pareció que ella tiene una vida con arco dramático muy claro: auge, caída, reinvención de sÍ misma. Se llama “Bravura Plateada”, porque hay algo en esa bravura de ella, conectada con la naturaleza, viene de vivir en un lugar cósmico y también de sufrir el castigo a la persona distinta.

-¿Cuál es la historia que decidiste contar de Cecilia?

-La historia de una mujer que tiene un talento superior, un don, un regalo divino que la marca. Lo descubre además sin ninguna voluntad; no es que ella tenía “el sueño de”. Entonces, es bonito porque está el riesgo de ser esclava de su talento, y ella tuvo que adueñarse de una dimensión enorme de sí misma. También está el de la mujer que representa un arquetipo, y que paga el alto costo de ser una encarnación adelantada a su tiempo y una líder. Esa parte es la que más me divierte, como líder de sus equipos de trabajo, una jefa mujer, con personalidad, deslenguada. Un arquetipo femenino diferente, y como todos los dispositivos de su época apuntaban a acabarla. Sobre eso conversé mucho con Pedro Lemebel. Él siempre me decía que Cecilia había sido la niña bonita de los medios de comunicación en Chile mientras cantó con el vestido de corazón, pero cambió cuando vuelve de España y sale al escenario con blue jeans, con cierre, algo que era considerado pornográfico en la época. Él me contaba que los medios, los poderes fácticos del país, la habían sacado del ruedo porque no querían hacer visible un arquetipo así y a mí me parece una interesante tesis. No quiero decir que la serie se va a tratar solo de eso; también será una serie representativa de los altos costos que pagaron las mujeres adelantadas a su época, que encarnaron opciones de vida, de intimidad, de personalidad y de liderazgo, para quienes el mundo había construido barreras que tenían que ver con someter a la mujer y segregarla.

-¿En qué etapa está la serie?

-Estamos terminando el teaser. Nos vamos a presentar a los Fondos Nacionales Públicos para poder realizar la serie, tenemos toda la expectativa y la energía puesta en hacer una presentación lo suficientemente sólida y bien construida para que nos asignen los fondos.

-¿Has pensado que Netflix lo financie?

-Sí, lo he pensado, pero voy así, trabajando en lo que tengo cerca por ahora. Conseguí que me financien el teaser dos grandes empresas que me encantaría que las puedas nombrar: Camanchaca, que es una empresa pesquera; y el Casino Marina del Sol, de Concepción. Eso habla muy bien de ellos, porque están financiando un proyecto que rescata el valor patrimonial del artista y también porque se va a filmar mucho en el sur. La historia como está contada transcurre en Tomé y en Concepción.

-¿Qué te ha dicho Cecilia?

-Está súper contenta y mi gran impulso es que la vea en vida. Yo hago de todo para que esto ocurra. A los ejecutivos les digo, “ya poh, ¿qué tenemos que esperar?

Transcripciones: Enrique Campos