En los últimos meses ha aflorado nuevamente un antiguo sueño sionista: transferir a la población árabe de Palestina a otros países árabes. Tal ideario se encuentra presente ya en el origen del sionismo. Theodor Herzl escribió: “Debemos esforzarnos por expulsar a la población pobre al otro lado de la frontera si que se advierta, procurándoles empleo en los países de destino, pero negándoselo en el nuestro” [1]. Parte de ese proyecto se completó en 1948 con la Nakba (Catástrofe) que implicó el desplazamiento masivo de cerca de seiscientos mil palestinos, evento que fue crucial para que el Estado judío pudiera crearse sobre las tierras arrebatadas. En 1967, tras la guerra que implicó la ocupación por parte de Israel de toda la Palestina histórica, otros cuatrocientos mil palestinos fueron expulsados. De alguna manera, esta idea ha estado permanentemente sobre la agenda del sionismo, variando el alcance y la estrategia de acuerdo a la coyuntura. La judaización del territorio, que va desde leyes que impiden a los palestinos adquirir tierras en Israel hasta la política agresiva de colonización por medio de asentamientos ilegales en los propios Territorios Ocupados, ha tenido por finalidad estrangular demográficamente a los palestinos. El propio Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu decía en 2003 “Si los árabes constituyen el 40 por 100 de la población de Israel será el fin del Estado judío. Que sean el 20 por 100 también es un problema. Si la relación con este 20 por 100 se vuelve problemática, el Estado tiene derecho a recurrir a medidas extremas” [2].

Lo que no tenía Israel hace algunos años era la venia de los países árabes, siempre reacios a recibir refugiados palestinos y, aunque sin hacer absolutamente nada al respecto, con una retórica que condenaba abiertamente la ocupación. Al cambiar sustancialmente la mirada de los Estados árabes hacia Israel salvo, claro está, Siria e Iraq que quedaron destruidos, éste comprende por primera vez que el traslado masivo de palestinos es una posibilidad. Jordania, Arabia Saudita y Egipto figuran entre los Estados más cercanos a Israel y con quienes se estaría negociando esta nueva etapa de la limpieza étnica de Palestina.

Con el apoyo de su aliado de siempre, Estados Unidos, Netanyahu ha logrado promocionar a través del yerno de Donald Trump, Jared Kushner –consejero de gobierno– lo que se ha hecho público como “el acuerdo del siglo”, que viene seguido del reconocimiento por parte de la potencia occidental de Jerusalén como capital de Israel y de la soberanía de este Estado sobre los Altos del Golán sirios. En términos internos, Netanyahu ha ido preparando a su propia ciudadanía para una eventual desafección respecto a los palestinos, declarando en 2018 al Estado exclusivamente judío. En esta misma línea, se ha ido escalando el discurso securitario respecto a Hamás en la Franja de Gaza, lo que hace posible que dicho campo de exterminio pase a ser la excusa perfecta para provocar un genocidio sin que la opinión pública israelí, que hace bastante tiempo parece dormida, articule alguna resistencia.

El “acuerdo del siglo” será anunciado por Estados Unidos una vez terminado el Ramadán, probablemente calculando no causar protestas masivas en el mundo árabe, y probablemente signifique la defunción legal del Acuerdo de Oslo, que si bien hace mucho tiempo perdió completamente su validez, ha mantenido la existencia de la Autoridad Nacional Palestina y el control de la policía palestina sobre territorios bantustanizados. Esta realidad había mantenido activa la idea de que cualquier solución al conflicto palestino-israelí se daría por medio de la creación de dos Estados, realidad que fue desechándose con la comodidad que comenzó a representar para Israel la creación de un sistema de Apartheid. El acuerdo del siglo dejaría atrás la creación de un Estado palestino y aseguraría la absorción de Cisjordania por parte de Israel, hecho ya anunciado por el embajador de Estados Unidos en Israel, David Friedman, uno de los arquitectos del plan, que aseguró que Israel mantendría el control militar sobre la región incluida la frontera del Jordán [3].

Es evidente que el acuerdo de Trump no incluirá el retorno de los refugiados palestinos, ni dará a los palestinos algún tipo de soberanía sobre Jerusalén. Tampoco se puede esperar que el plan establezca dentro de un mismo territorio igualdad plena de derechos a palestinos e israelíes o que el uso de los recursos hídricos se distribuya equitativamente. Nada de esto sería aceptado por Israel que, a diferencia de los palestinos, participa activamente en la elaboración del documento. Lo que sí se puede esperar es la anexión del territorio palestino por parte de Israel y la producción de un genocidio que termine con toda posibilidad de autodeterminación palestina dentro de las fronteras de la Palestina histórica o bien la absorción de la población palestina en una suerte de oficialización del Apartheid, apostando a que para ellos basta con crear una economía sin derechos políticos.

Esto parece un cuento de terror, pero es una posibilidad cierta dada, entre otras cosas, por el avance del fascismo en  una buena parte del mundo, cosa que ha resultado favorable a Israel que ha sido pionero en muchas de las políticas de segregación, militarización y destrucción. Marwan Bishara, ha manifestado cierto optimismo dentro de la frustración en tanto cree que Estados Unidos se encontrará con un Oriente Medio hostil al plan, entendiendo que más allá de Arabia Saudita y Egipto existen otros actores relevantes como Irán, Turquía y la misma Rusia que tiene enormes intereses creados y participa activamente en la guerra en Siria. Otro factor de optimismo para Bishara es la historia, dado que los planes de Estados Unidos diseñados unilateralmente siempre han chocado con la resistencia de los palestinos [4].

El temor es fundado y tiene que tener como antecedentes la política de Trump hacia Israel y el establecimiento de la Ley del Estado Nación israelí que desde ya ha establecido formalmente categorías diferenciadas de ciudadanos dentro de sus límites. Consumado el proyecto de legalizar el racismo, sabemos – y los judíos mejor que nadie–  que los pasos siguientes son los más horrendos. Habrá que ver si para el resto del mundo esto resulta un motivo para actuar y adherir al Boicot, o simplemente será una noticia más a sumar en el gran cúmulo de información recibida acríticamente.

NOTAS

[1] Pappé, I. (2011) La limpieza étnica de Palestina, Crítica: Barcelona, p. 328.

[2] Ibídem.

[3] Sanz, J. C. (2019) El insólito arbitraje de los enviados de Trump en el “acuerdo del siglo” para Oriente Próximo. URL: https://elpais.com/internacional/2019/04/24/actualidad/1556139071_223369.html

[4] Bishara, M. (2019) What’s the big deal… of the century?. URL: https://www.aljazeera.com/indepth/opinion/big-deal-century-180702084056723.html


Doctor en Filosofía, Universidad de Chile