A ver, ¿por qué no le regalan la “Tarjeta Ripley para el día de la madre” a la señora Luisa Toledo, madre de los hermanos Vergara? ¿por qué no le dicen a las miles de chilenas cuyos hijos y cuyas madres desparecieron los impunes asesinos militares, que celebren con los precios bajos de Líder?

De verdad pienso que no se trata de querer ser un amargado. Pero si es nada más que un día especial para regalonear a tu mamá, oigo la voz de mi propia madre. La Tere y la Susy lo pasan chancho igual, la alcaldesa se gasta lo que se gasta porque trae al doble de Sandro y hacen clases de zumba y talleres con uno del Master Chef, y hay un cóctel bien rico y abundante, ¿cuál es el problema con eso? Mi madre compartía la vana felicidad de sus vecinas en la villa. No cuestionaba ni siquiera justamente ese ominoso gasto de cálculo político. Es pasarlo bien un rato no más. No quiero ni imaginarme cómo irá a ser el fin de semana en Maipooh. Qué atroz la insoportable liviandad del ser.

Lo que pasa es que la realidad golpea mamita, y ni siquiera me refiero al vacío de sentido que esta fecha recalca para miles de chilenas que vivieron la dictadura. ¿No te acuerdas de Joanne Florvil, la haitiana que murió en manos de carabineros cuando la detuvieron pensando discriminatoriamente que estaba abandonando a su hija? Este país tiene formas tan crueles como una maleta ardiendo en pleno centro con el cuerpo de una mujer en su interior. Una madre: Estefanía Martínez, la bailarina de Bellavista, acaso una próxima animita, quizá ni eso. ¿Qué día de la madre se puede celebrar así?

He conocido a demasiadas lesbianas y homosexuales que fueron tan dolorosa como tempranamente rechazades por sus progenitoras. Tengo amigas que fueron negadas, censuradas y hasta expulsadas por sus mamás cuando les dijeron que su papá, su hermano o su tío le había agarrado el poto, la había besado a la fuerza, la había violado. Tengo demasiadas amigas cuyas madres fueron seres espantosos, y que son mis amigas porque además tuvieron los cojones o los ovarios para hacerse madres y que esta cuasi efeméride estúpida y artificial cobrara algún sentido en el mundo de sus hijas.

Afortunadamente, las cosas han ido cambiando y tenemos esperanza en el futuro, en las nuevas generaciones, en esas seres humanas que tienen otra relación con la cuerpa, que piensan con espíritu constructivo y deconstructor antes que solo crítico, que saben que dejar de ver una realidad no la hace desaparecer. Entonces militante pachamámico sí me puedo poner, si me apuran. Porque hay una divinidad en la que creo y está asociada a ese milagro que es la vida misma: la ser humana, una hebra de un tejido.

Pero insisto y no pierdo de vista lo fundamental: nada tiene que ver eso con las ofertas para el segundo fin de semana de mayo. O sí, bueno, ya lo sabemos, es márketing, es la era comercial que vivimos, el neoliberalismo, el dinero como nuevo dios, etc. Las palabras dicen cualquier cosa menos lo que dicen. Mamá. Madre. Palabras arrebatadas de su valor, de su calor original. Convertidas en nicho comercial, en target. Es triste. Es indignante. Hay que tener pasta para ser mamá en Chile, mamita. Ahí tienen a las mamás bailando Paloma mami en pasta. Ahí tienen la pasta de mamá.