El 4 de enero de 2018 era su segundo día de trabajo en el pub “El Tablón” de Linares. Francisca llegó cerca de las 5 de la tarde al recinto ubicado en la calle Presidente Ibáñez y le pareció extraño ser la única mujer en el turno, aunque optó por no darle importancia. Había buscado el trabajo para poder retomar sus estudios de Enfermería en la universidad, luego de congelar por problemas económicos.

Ese día, además de Francisca, se encontraban en el pub el administrador Pedro Pablo Escobar, el jefe de los barman y garzones Ricardo Vásquez Saldaña y otros dos trabajadores. Durante la jornada, Escobar le habría insistido en distintos momentos que tenía que “ganarse” a Ricardo, además de otras preguntas referentes a su soltería.

Al término del turno laboral, la joven fue presionada a quedarse a compartir unos tragos. Le sugirieron que era un “requisito” para ser contratada y que todo el personal había pasado por lo mismo. Incluso le mencionaron, entre risas, que una de las trabajadoras había quedado tan ebria en una bienvenida no se acordaba de nada.

Francisca no quiso quedar mal y optó por quedarse. “Al fin y al cabo había encontrado trabajo (me había costado encontrar) y pensé que si iba a embriagarme tampoco era para tanto”, relató la joven en un relato compartido meses después en Facebook. Esa noche, en un comienzo, estaban los cinco ubicados en una mesa del comedor bebiendo cervezas. Al terminarlas, le ofrecieron a la joven un shot de tequila y un trago preparado en tres colores, con granadina, menta, manzanilla y tequila, llamado Bob Marley.

Pasada las tres de la mañana Francisca no se sentía bien. Asustada, le pidió a Pablo irse en radio taxi con él pero él se negó diciéndole que iba a otro lado. En su celular no tenía saldo y aunque lo buscó para intentar comunicarse con un amigo, se lo quitaron, le pidieron que dejara de chatear y le aconsejaron que lo pasara bien.

“Pero ya me sentía mal, me quería ir, estaba mareada, me asusté. Quería llegar a mi casa, pero me decían que me tranquilizara porque Ricardo me iría a dejar en su auto”, detalló la joven. Luego todo se volvió borroso. Cuando reaccionó notó que sus pantalones estaban hasta la rodilla y que Ricardo (22), su jefe directo, estaba violándola.

Francisca quería gritar. Aunque luchaba para quitárselo de encima su cuerpo no le respondía. “Esos momentos fueron un infierno. Luchaba con mi mente para no olvidar lo que estaba pasando porque sabía que no estaba bien, luego volví a perder la consciencia”, contó. Al despertar cerca de las 8 de la mañana, Vásquez la habría levantado de una colchoneta tras la barra, le abrochó el pantalón y minutos después la subió a un radio taxi, recalcándole que debía darse un baño al llegar a la casa.

Foto: Diario El Centro.

La incredulidad de la justicia ante las víctimas de delitos sexuales

Mientras viajaba sentada en el automóvil, Francisca comenzó a recordar algunos momentos de la noche. Una a una fueron apareciendo las imágenes de lo ocurrido y la joven terminó por desesperarse. Rompió en llanto abordo del taxi y el chofer le preguntó qué le pasaba.

“Me violaron”, respondió casi a gritos. Minutos más tarde, al llegar a la casa, abrió la puerta de golpe y le contó todo a sus padres: “Ayúdenme, ayúdenme”, les insistió. Ellos la acompañaron de inmediato a hacer la denuncia.

Fue un día largo de exámenes, declaraciones y una visita al Servicio Médico Legal para las pericias de rigor. En el lugar, los especialistas confirmaron que la joven tenía desgarro vaginal y lesiones en el ano. “Me quería morir, no lo podía asimilar, quería pensar que era mentira, que esto no me estaba pasando a mí”, recuerda.

A inicios de abril comenzó el juicio oral en el Tribunal Oral en lo Penal de Linares. Luego de cuatro extensas jornadas en donde se presentaron las pruebas físicas y psicológicas que acreditaban los hechos denunciados por Francisca, la instancia presidida por el juez Mauricio Leyton resolvió absolver del cargo de violación a Vásquez, argumentando falta de pruebas que acreditaran el delito. La noticia fue recibida con incredulidad indignación por la familia de Francisca y por la comunidad de mujeres de Linares.

“No fue posible establecer que el agente para accederla carnalmente haya usado fuerza e intimidación”, es uno de los argumentos citados por los tres jueces en el fallo. También señalan que “enfrentado el Tribunal a dudas derivadas de la escaza (sic) fuerza probatoria de los elementos de convicción incorporados y la introducción de una versión alternativa no descartable, según se ha detallado precedentemente, la falta de certeza se debe resolver siempre en favor del imputado”.

Tras conocer la decisión del tribunal, la fiscal Mónica Canepa aseguró que “nos sorprende lo que ha acontecido en el tribunal. La prueba se rindió y se rindió bien. A nuestro juicio contábamos con evidencia suficiente para acreditar los hechos como los relató la afectada”.

Sin entender el portazo de la justicia, Carol Aravena, tía de la víctima, se puso en contacto con el AML Defensa Mujeres. A través del estudio jurídico, la abogada Francisca Millán Zapata decidió sumarse al caso interponiendo un recurso de nulidad ante la Corte de Apelaciones de Talca, el que da cuenta de los múltiples sesgos que los jueces aplicaron sobre la víctima.

“Asumimos el desafío de recurrir de nulidad justamente porque la sentencia tiene muchas falencias propias de cómo hoy día el sistema judicial está enfrentando los delitos sexuales y en general los delitos relacionados a violencia de género”, explica la abogada, quien también integra Abofem.

A juicio de Millán hay dos asuntos graves en el veredicto dado a conocer por los jueces: “Se tiende a desestimar o a establecer un estándar especial a las víctimas cuando se trata de estos casos. Muchas veces en otros delitos los tribunales no tienen ningún problema en otorgar credibilidad a las víctimas. Si una persona llega a denunciar que le robaron el auto o que le quitaron el celular, nadie tiende a dudar o a poner en tela de juicio la acusación que esa persona está haciendo”, describe.

Sin embargo, cuando se trata de delitos sexuales, los grados de credibilidad y la forma en que las instituciones y operadores jurídicos tienden a recepcionar esa acusación, explica la abogada, es siempre desde la incredulidad o el enjuiciamiento. Dónde estaba, con quién estaba, por qué estaba ahí y qué había hecho antes, son sólo algunas de las preguntas que se repiten hacia las denunciantes.

Precisamente, el veredicto del Tribunal Oral en lo Penal contiene varias menciones a la decisión voluntaria de Francisca de haberse quedado a beber alcohol, así como distintas alusiones a un relato dado por sus compañeros de trabajo en donde la acusan de haber “coqueteado” con su agresor en las horas previas a la agresión. Para Millán, “esto quiere decir que los operadores de justicia no están libres de la reproducción de los sesgos y estereotipos de género y de lo que las mujeres son y cómo deberían comportarse. Esta sentencia devela cómo hoy se hace urgente formación y reformas en ese sentido”.

La abogada recalca hay sesgos especialmente castigadores en la justicia respecto de las mujeres y da un ejemplo: “Para el tribunal es bastante sencillo llegar a conclusiones inductivas que tienden a la absolución, mientras que no es tan fácil llegar a conclusiones inductivas que tiendan a creerle a la víctima. Del coqueteo infieren consentimiento, pero no se pegan saltos lógicos tan obvios como lesiones vaginales puedan significar una violación. Presenta grandes grados de credibilidad respecto del relato del victimario, pero grandes grados de escepticismo respecto del relato de la víctima”.

Pese a que Francisca operó con toda la diligencia que el sistema le exige a las víctimas, acudiendo luego a hacer la denuncia y más tarde realizándose las pericias correspondientes para iniciar el juicio, nada convenció a los jueces.

“La pregunta es qué tienen que hacer las mujeres para que sí se pueda lograr una condena en un delito sexual y cómo las instituciones pueden hacer carne el llamado que se hace a las mujeres a denunciar”, precisa Millán Zapata.

Foto: Red Maule.

En búsqueda de un nuevo juicio

El pasado viernes 10 de mayo, la Corte de Apelaciones declaró admisible el recurso de nulidad presentado por el Ministerio Público y la abogada Francisca Millán. La noticia abre nuevas esperanzas para la joven y su familia, quienes se ilusionan con la posibilidad de un nuevo juicio.

“Queremos que Ricardo sea condenado por el delito de violación. Otra cosa importante es que la Fran quiere que esto no le vuelva a pasar a ninguna mujer en este país. Que nadie enfrente lo que ella pasó, el sentirse tan vulnerada como mujer, tan discriminada por su derecho, porque se hizo un sesgo de género terrible”, comenta su tía, Carol Aravena, añadiendo que “desde el día 1 se le cuestionó todo lo que estaba diciendo. El hombre dijo que fue sexo consentido y no se le puso en duda en ningún momento. El victimario no tuvo que defenderse”.

La mujer argumenta que el tribunal prejuzgó a su sobrina sin considerar las pruebas, por cosas tales como “quedarse tras la hora de término a tomarse un trago, porque le sonrió a la gente con la que estaba, porque es mujer y tuvo una cercanía al mostrar el celular a su compañero de trabajo y el tema del alcohol… todas esas cosas señalan que las mujeres no podemos tomar, no podemos sonreírle a nadie, no podemos conversar con un compañero de trabajo porque somos prostitutas o queremos tener sexo con la otra persona. Por ello creemos que es una vulneración de derechos”, recalca.

De hecho, sin dar una señal definitiva sobre las dudas que los jueces desprenden de su relato, en el veredicto señalan como un reparo los cambios en la declaración que Francisca brinda a Carabineros a pocas horas de la violación, con el testimonio que entrega tiempo después al respecto.

“En el fondo lo único que intenta el tribunal al hacer ese contraste es restarle grados de credibilidad. Ellos no tienen en ninguna consideración las condiciones en que Francisca da su primera declaración, que la hizo tres horas después de la violación, aún en estado de ebriedad, con todo el shock propio de esa situación. Es bastante dable pensar que el relato que da en ese momento fuera parcialmente diferente del que logra dar luego de meses de lo ocurrido”, argumenta la abogada.

Por su parte, la abogada Millán enfatiza que “lo relevante de este caso en particular es que pone una vez más en el centro de la discusión lo que se entiende por consentimiento y la necesidad de que los tribunales se formen respecto a la incorporación de la perspectiva de género al momento de juzgar”.

La experiencia vivida por Francisca llama a la reflexión sobre la necesidad de avanzar en cambios legislativos sobre el consentimiento. El 11 de abril pasado, la Comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara aprobó el proyecto “Sin consentimiento es violación”, el que busca modificar el Código Penal para que se establezca que la inacción o falta de resistencia de la víctima no significa autorizar una relación sexual.

Por ahora, cientos de jóvenes siguen acudiendo con miedo a la justicia a la hora de denunciar un delito sexual. Al igual que Francisca, están conscientes de cómo sus testimonios serán puestos en duda desde el comienzo, incluso en calidad de víctimas de un abuso sexual que cuenta con pruebas físicas y psicológicas. El patrón se mantiene y mientras continúe, advierte su abogada, “vamos a seguir teniendo a un Estado que tiene expulsadas a las mujeres del sistema de justicia”.