Está sentada de piernas cruzadas en uno de los rincones del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM). Su voz se escucha más alta que la música y los autos que pasan por la Alameda. Faltan tres minutos para las ocho. Es jueves 20 de junio. Su voz suena como si llorara. Comienza a despedirse: de su papá y su mamá, aunque aclara, nunca la consideraron su hija. Luego repasa una lista: ahogarse, ahorcarse, dispararse. Formas de morir. Un poco más allá llegan los invitados a la inauguración de “Razón para morir mi vida”, la última propuesta del artista político Francisco Papas Fritas.

En el mismo lugar están la que ve la muerte como una gran pena y ensaya esos diálogos suicidas para una obra de teatro; y los otros, que verán en el deceso una experiencia de amor. Un amor profundo.

Poco después de las 20:00 llega Papas. Lleva vestón blanco, como sus zapatos, lentes grandes, pantalón azul, corbata floreada y calcetines rojos a la vista. Fuma un cigarro tras otro y toma Coca-Cola entre medio.

En el podio sobre el escenario frente a la sala B, donde está la exposición, sube primero Felipe Mella, el director del GAM. Habla de la satisfacción de tener de nuevo al Papas en el recinto, de lo coyuntural de esta obra mientras en el parlamento se avanza con cuentagotas la discusión por la eutanasia. Minutos después invita al artista a subir. Y Papas lo hace, pero no para hablar él, sino quien considera su hermana: Paulina Valdés, hija de Jorge, el protagonista de la exposición.

En cuatro minutos, Paulina habla de la eutanasia -o el suicidio asistido- como parte de la historia de la humanidad, del respeto en esa decisión, de las consecuencias que ha tenido la imposición de la ideología sobre la libertad personal, de la criminalización creada por lo mismo y el consiguiente mercado oculto. Su conclusión, esa a la que llegó después de ver y sentir lo que pasó su padre, es prístina: “El auxilio al suicidio es un acto de generosidad, donde se dejan de lado las aprehensiones emocionales, morales, espirituales, legales o de cualquier tipo, para darle al que sufre la libertad de elegir terminar amorosamente y de forma responsable con su sufrimiento. Por último, la eutanasia es un acto de libertad. Es ser dueño de nosotros mismos, de nuestros cuerpos, de nuestro tiempo en este mundo. Es poder decidir cómo queremos vivir y cómo queremos morir”.

Baja del podio entre aplausos. Ahora es el turno de Papas. Primero los agradecimientos, después el análisis del seguimiento a ocho personas que han optado por el suicidio asistido que ha visto.

“Me ha tocado conocer a estos ocho mujeres y hombres que han sido pacientes del proyecto amortanasia en el mejor momento de su vida. El desapego que hay cuando les dices que no vas a sufrir más y que vas a encontrar una muerte digna es tremendamente hermoso. La belleza, la luminosidad que tiene cada una de esas personas es algo que no puedo describir y que jamás voy a poder describir (…) Solamente existe el presente: no hay futuro, no hay deudas, no hay que ganar nada, no hay que tener éxito, no hay una idea neoliberal. Solamente existe el hoy, y en ese hoy, solamente existe amor (…) La muerte no es una dicotomía de la vida; la muerte es parte de la vida. Y es hermosa”.

La muerte, el deseo de morir, la voluntad de llegar al final, como un acto de amor.

Habla del ministro de Salud, Jaime Mañalich: “No se puede dejar de financiar a los enfermos de cáncer, menos cuando se está haciendo una ley de paliativos, menos cuando se está haciendo una ley de eutanasia, menos cuando se está haciendo una ley de suicido asistido (…) El suicidio asistido cuando el suicidio asistido es una acto de amor, cuando la eutanasia es un acto de pleno amor, donde nosotros dejamos el ego por el otro que está sufriendo”.

Después de unas palabras finales contra la desidia del Colegio Médico ante la discusión, invita al público a ver su obra.

En un fondo naranjo, el nombre de la obra. Al lado, un certificado de defunción: Jorge Manuel Pastor Valdés Romo. Causa de muerte: insuficiencia respiratoria global / enfermedad difusa pulmonar / fibrosis pulmonar severa oxígeno dependiente. Unos metros a la derecha, Papas sostiene una cortina negra e invita a los asistentes a ver un registro audiovisual de Jorge, dando cuenta de su fecha de muerte, de las reflexiones por el tema de la eutanasia, del maravilloso trabajo que fue lo del Papas. En uno de los muros, escrita con parpadeantes luces de neón en francés, inglés, español y alemán, el nombre de la obra: “Razón de morir mi vida”.

La siguiente estación es una definición de los conceptos que rondan el tema: acompañamiento de pacientes moribundos, suicidio asistido, eutanasia directa e indirecta, tratamiento paliativo, eutanasia pasiva, distanasia, ortotanasia. Un poco después, la planimetría y el funcionamiento del Iristhanatos: una máquina que con solo el movimiento de los párpados logra, primero, un coma inducido, y después, un paro cardio-respiratorio indoloro en todo el que quiera terminar con su vida.

Frente a la explicación técnica de la máquina están los implementos: cables, pantallas, cámaras. Todo, por más o menos 500 dólares.

Entre los asistentes, el Papas sonríe por ese amor que le produce la muerte digna que expone hasta el 25 de julio.