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El Desconcierto
Opinión

Un par de puntos sobre las íes de la dominación

Por: Eliana Largo / Publicado: 01.07.2019
Un par de puntos sobre las íes de la dominación / Foto: Agencia Uno
En 2019, la marcha multitudinaria del 8M en todo el país mostró una toma de posición feminista respecto a las violencias en los cuerpos, los territorios, donde la violencia del extractivismo y la depredación tiñe de rojo este modo de vida naturalizado, tal como ha explicitado la Coordinadora 8M, para quienes está claro que no basta hablar de hombres y mujeres: los lenguajes cambian porque los enfoques se enriquecen, se hacen más densos y complejos, yendo a la raíz de la violencia estructural. A la vez, hay que tener presente que la primera violencia que se aprende temprano es en el hogar, con la desigualdad normalizada de las mujeres, modo o “sedimento para otras dominaciones” (Segato).

Quizás sea mi edad –‘adulta mayor’-, y lo que eso conlleva en cuanto a lo vivido, la causa de que tenga menos paciencia y que parte de lo que leo de feminismo(s) escrito por autorxs locales o de países cercanos, me suene a conocido. A veces hay una tecla que se repite y parece no percibirse (Hölderlin en sus años finales tocaba en el piano una sola tecla, eso hacía por horas en el lugar donde estaba internado).

Se critica la existencia de un ‘feminismo hegemónico’, se habla de feminismo trans, de transfeminismo, en fin, nuevos vocablos y conceptos para dar cuenta de las complejidades crecientes que trae aparejado el concepto género, politizado e instalado por feministas desde los años 70 para dar cuenta de la realidad desigual de la mitad de la población en sociedades patriarcales. Partamos por eso.

Cuando dicen posfeminismo me acuerdo de Lucía Egaña que preguntó hace un tiempo si acaso había pospatriarcado, buena pregunta. Respecto a feminismo hegemónico, conviene recordar con Chantal Mouffe que la “hegemonía implica necesariamente que la visión y los valores de la clase dominante se transformen en ‘sentido común’”. Ojalá el feminismo se hubiese transformado en sentido común, si así fuera no habría más femicidios ni todas las formas de violencia abierta y soterrada que se expresa en agresiones, discriminaciones y desigualdades que siguen impunes en todos los ámbitos de la vida de la mayoría de las mujeres en sociedades como esta, que usan toda clase de estrategias para afirmar y naturalizar las identidades binarias con dominancia masculina. Y a su vez, ya sabemos, para el capitalismo, el sumun de la organización patriarcal, las personas-parejas-familias somos principalmente fuerza de trabajo y de consumo. En cuanto al feminismo, no olvido que “es necesario que el hecho revolucionario demuestre ser, además de fenómeno de poder, fenómeno de costumbres, hecho moral” (Gramsci).

En 2018, las tomas feministas en universidades mostraron lo que viven a diario y rechazan jóvenes estudiantes mujeres. En 2019, la marcha multitudinaria del 8M en todo el país mostró una toma de posición feminista respecto a las violencias en los cuerpos, los territorios, donde la violencia del extractivismo y la depredación tiñe de rojo este modo de vida naturalizado, tal como ha explicitado la Coordinadora 8M, para quienes está claro que no basta hablar de hombres y mujeres: los lenguajes cambian porque los enfoques se enriquecen, se hacen más densos y complejos, yendo a la raíz de la violencia estructural. A la vez, hay que tener presente que la primera violencia que se aprende temprano es en el hogar, con la desigualdad normalizada de las mujeres, modo o “sedimento para otras dominaciones” (Segato).

A fines de los años 70 leí un estudio comparativo que realizaron dos antropólogas estadounidenses acerca de “los roles sexuales” y la posición de las mujeres en distintas sociedades, constatando que no solo había las categorías de género binarias que conocemos, sino varios géneros en sociedades no occidentalizadas, los cuales complejizaban la organización social desde la consideración de las orientaciones sexuales de las personas -las que podían cambiar en el trascurso de sus vidas-, incluidas las personas ”intersexuales”.

Hoy estamos en un occidente que se hizo global bajo la égida de un solo modelo de desarrollo, con lo cual se restringió la riqueza de la vida y se instauró la competitividad y el individualismo, epítome de la sociedad patriarcal en su vertiente capitalista. En este contexto, me resulta violento por lo descalificador el enunciado de valeria flores; “esta fascinación con el feminismo actual, en que se han instalado determinados tópicos como la violencia, el femicidio, el abuso, la desigualdad salarial, surge en el marco de esta corriente de pensarlo en términos victimistas y heterosexuales”[1]. Me pregunto qué dirían millones de mujeres que vivencian eso cada día en tanto mujeres, ¿acaso lo inventan?, ¿acaso no se es víctima de un orden de dominio que lo permite y transmite?, ¿dónde están las solidaridades-entre-mujeres que conocimos en plena dictadura militar, ya no caben? Quizás por eso me resultó doblemente aportador el análisis que hizo Rita Laura Segato en su reciente visita, quien con sensibilidad y desde su vasto conocimiento de cómo opera la violencia estructural, se refirió a estos tópicos. Al menos desde el feminismo se ha sensibilizado a una mayoría creciente de mujeres, o ‘biomujeres’ si se prefiere que haga la distinción: “el segundo sexo” no ha dejado de serlo, claro que no, seguimos en la sociedad binaria patriarcal, es lo que hay que desmontar, también está claro, no mediante la descalificación que no deja de ser patriarcal, sino desde la empatía y el entendimiento profundo que orientarían mejor el quehacer cotidiano y el discurso, sin que este se vuelva narcisista en búsqueda de reconocimiento, como también ocurre.

En otra entrevista valeria flores dice: “la denuncia y la visibilidad de las violencias obviamente es necesaria, urgente, pero el problema es cuando se convierte en el único sentido que se activa desde el feminismo”[2]. Si le parece que es el único sentido, querría decir que desconoce o minimiza el actual trabajo político y publicaciones que realizan personas, organizaciones y redes que relevan la tríada cuerpo-territorio-extractivismo en Chile y otros países, articulándose, haciendo alianzas.

Resulta cansador y aburrido leer ese tipo de entrevistas que queriendo aportar o aportando, lo hace a medias, por el ruido, por el desenfoque, tocando la misma tecla (la de lxs unxs y lxs otrxs, tecla patriarcal). No me queda más que expresar mi propio punto de vista: lo logrado desde el feminismo no es menor, desde el cuestionamiento desde hace décadas de las categorías de género binarias y su funcionalidad en estas sociedades, donde finalmente cada cual es responsable de reproducir o no las prácticas que critica.

Reitero lo escrito en otro momento y lugar: el feminismo es subversivo, se opone a toda relación de poder, y en una sociedad patriarcal todo es relaciones de poder, pues en estas se reproduce y sustenta, partiendo por las relaciones de género, construidas para tal efecto con opresión y violencia naturalizada para el segundo término de la relación, las mujeres –la mitad de la población-, y toda persona que más allá del sexo/género adscrito rompa o intente romper con tal construcción binaria. Este orden hay que desbaratar día a día, desde donde cada cual sienta, quiera y decida que puede hacerlo. Y sin tener que lidiar además, con una especie de violencia idealista.

[1] https://www.eldesconcierto.cl/2019/06/01/valeria-flores-activista-de-la-disidencia-sexual-hablar-de-deseo-es-hablar-de-poder/

[2] http://razacomica.cl/sitio/2019/06/24/valeria-flores-pienso-lesbiana-no-tanto-como-una-identidad-sexual-sino-como-un-espacio-epistemologico-y-de-produccion-teorica/

Eliana Largo
Feminista. Licenciada en Antropología
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