El pasado martes (2/7), el sitio de noticias O Antagonista (conocido medio de derecha muy cercano a Sérgio Moro y al personal de Lava Jato) informó que la Policía Federal habría iniciado investigaciones al periodista estadounidense Glenn Greenwald, quien ha liderado el trabajo periodístico que reveló las irregularidades en las investigaciones de Lava Jato sobre el expresidente brasileño Lula da Silva.

Según el sitio, los agentes habrían derribado los secretos bancario y telefónico del periodista, quien vive en Brasil con su esposo, el diputado brasileño David Miranda. El tema no es menor, ya que la Policía Federal es un órgano que responde al Ministerio de Justicia, cuyo titular es justamente Sérgio Moro, el blanco de la reciente serie de reportajes de Greenwald, publicadas en su medio, The Intercept.

Es decir, si confirmada la información, significa que Moro habría puesto a los federales para investigar al periodista que reveló sus actuaciones irregulares como juez del caso que condenó a Lula da Silva.

Lo curioso es que Moro sí tuvo chance de desmentirlo, y no lo hizo. La información surgió justamente cuando él pasaba por una entrevista en la Comisión de Constitución y Justicia de la Cámara de Diputados de Brasil (la misma que escuchó a Greenwald la semana pasada) y los diputados de izquierda presentes no perdieron la chance de preguntar si era cierta la información publicada por O Antagonista. Moro respondió que no podría confirmarlo ni desmentirlo “porque la Policía Federal tiene autonomía para actuar en lo que crea necesario hacerlo”.

Además, el diario español El País, que posee una versión en portugués con sede en Brasil, informó que trató de preguntar a asesores de prensa de la Policía Federal y del COAF (Control de Actividades Financieras, órgano capaz de hacer investigaciones bancarias), pero ambos dijeron que no podrían responder sobre ese tema.

Ante esta situación, el periodista Trevor Timm, director ejecutivo de la Fundación para la libertad de prensa de Estados Unidos, publicó una nota donde dice que “investigar criminalmente a Glenn Greenwald por revelar las ilegalidades de un ministro de Bolsonaro es una violación inaceptable de sus derechos como reportero (…) no se trata solamente de un ataque a la libertad de prensa sino que de un enorme abuso de poder”.

Otros periodistas perseguidos por Bolsonaro

El hoy presidente Jair Bolsonaro pasó gran parte de su campaña diciendo que el PT (Partido de los Trabajadores, su principal opositor) era una amenaza a la libertad de prensa, debido a una propuesta del candidato Fernando Haddad de cambiar la regulación de los medios de comunicación, que obedece a una ley del año 1965 – es decir, cuando ni la televisión era un medio masivo todavía.

Sin embargo, su gestión ha sido marcada no solo por este aprieto al periodista que acusó a Moro, sino que por muchos otros. Además de un muy fuerte favoritismo a los medios amigos – como los canales televisivos Record y SBT, además de algunas redes de emisoras de radio evangélicas, que pasaron a recibir más publicidad del Estado Federal que la poderosa Globo.

Es cada día mayor la lista de periodistas que han sido perseguidos, sacados del aire o incluso demitidos como forma de agradar al presidente. Lo curioso es que, de los tres casos más emblemáticos (entre al menos una docena ya registrados) dos de ellos son conocidos por ser figuras de derecha, e incluso ha sido su defensora en carnavales pasados.

Empezamos entonces nombrándole a ella: Raquel Sheherazade, quien presenta el noticiero nocturno del canal SBT, uno de los más afines al bolsonarismo. La periodista se hizo famosa por sus comentarios ultraconservadores, defendiendo los juicios y palizas callejeras contra delincuentes, difundiendo la frase “el que tiene pena de los bandidos que se los lleve a su casa”, pero en los últimos meses ha sido bastante crítica de algunas medidas del gobierno de Bolsonaro, incluyendo (sorprendentemente) la nueva ley de tenencia de armas, que flexibiliza ese comercio llevándolo a parámetros casi estadunidenses.

Desde entonces, Sheherazade pasó a ser hostilizada por los seguidores del presidente, muchos de los cuales también tenían en ella un referente de su pensamiento. Como suele pasar en los casos de persecución, no fue el propio Bolsonaro que la acosó, sino que uno de sus más conocidos colaboradores, el mega empresario ultraderechista Luciano Hang, dueño de la red de multitiendas Havan, quien exigió a los dueños de SBT que la saquen de pantalla, sino lideraría un boicot publicitario al canal. Por el momento, Sheherazade sigue en SBT, pero ya no aparece en el noticiero principal de la noche con la misma frecuencia.

Situación peor vivió otro conocido rostro de la derecha radiotelevisiva: el historiador y opinólogo Marco Antônio Villa, quien conducía uno de los más importantes programas de la radio Jovem Pan. Villa, famoso por sus ataques al PT y su amistad con referentes de partidos de la derecha tradicional – que perdieron muchísimo espacio con la irrupción de la ultraderecha con Bolsonaro –, pasó a ser un crítico del nuevo presidente, quien considera “un sujeto que está ensuciando la imagen de la derecha democrática”. El tema es que Jovem Pan fue más lejos con él que SBT con Sheherazade: simplemente lo sacó del aire.

El último caso entre los más famosos sí es un nombre ligado a la izquierda. Paulo Henrique Amorim es uno de los periodistas más prestigiados de Brasil, ha sido corresponsal en Nueva York y Moscú, comandó las revistas televisivas de los canales más importantes del país, entre otras hazañas. Políticamente, es conocido por haber sido un defensor del viejo caudillo del sur de Brasil, llamado Leonel Brizola, uno de los herederos políticos del expresidente Getúlio Vargas (1930-1945 / 1951-1954, un ícono del laborismo brasileño, con biografía muy parecida a la del expresidente chileno Carlos Ibáñez del Campo, aunque de pensamiento más progre).

Amorim comandó durante 14 años el programa Domingo Espectacular, en el canal Record, ligado a la Iglesia Universal del Reino de Dios. El periodo coincide con un largo tiempo en que Record y la Universal tenían alguna cercanía con los gobiernos de Lula y Dilma – aunque nunca fue un apoyo abierto y militante, como es ahora con Jair Bolsonaro.

Fuerte crítico del presidente de la extrema derecha, era cuestión de tiempo para que Amorim perdiera su trabajo. El último fin de semana, el periodista se despidió de sus televidentes, y seguirá comandando su propio canal de YouTube, Conversa Afiada.