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Opinión

Educación no sexista y el feminismo en la lucha educacional: grandes ausentes este 2019

Por: Emilia Schneider / Publicado: 13.07.2019
Educación no sexista y el feminismo en la lucha educacional: grandes ausentes este 2019 marcha educacion no sexista confech / / M. F.
Emplazamos al Gobierno a hacerse cargo de la demanda por una educación no sexista que levantamos con fuerza feminista en las calles, lo cual implica realizar cambios curriculares para expulsar el sexismo y la discriminación de los contenidos a impartir, cuestión que vemos posible solo si democratizamos la discusión, es decir, en vez de eliminar asignaturas de forma arbitraria o de acuerdo a criterios meramente ideológicos, integrar a las comunidades educativas y a los actores sociales involucrados para que entreguen sus perspectivas en miras a revisar los contenidos, reprensar las mallas y la formación de los y las profesores, para incorporar enfoque de género y diversidad sexual en sus habilidades pedagógicas.

El 2018 dejó postales que sin duda pasarán a la historia, el “mayo feminista” remeció todo, siendo escenario principal de dicha revuelta las instituciones educacionales, en las cuales estudiantes, profesoras, académicas y trabajadoras, mujeres y disidencias sexuales, pasaron al frente para denunciar la violencia de una educación a la medida del mercado, el sexismo y la heteronorma, profundizando el proyecto de modelo educativo alternativo impulsado desde el movimiento social al introducir y relevar cuestionamientos, reflexiones y discusiones que pudimos sintetizar en la demanda por una educación no sexista.

Todo este proceso trajo consigo una visibilidad tremenda al feminismo como concepto que, en su amplitud de nociones, volvió a circular en el debate público y sobre todo significó un momento de acumulación de fuerza para el movimiento feminista, que hace años venía trabajando en su rearme tras un largo silencio, al alero principalmente de la lucha contra la violencia en sus manifestaciones más brutales, como el acoso, abuso y violencia sexual en general, en este caso al interior de las instituciones educacionales, que por sus estructuras poco democráticas, currículum sexistas y dinámicas de exclusión de las disidencias sexuales fueron espacio propicios para el abuso de poder y la reproducción de un orden social basado en la división sexual del trabajo, la heterosexualidad obligatoria y la desigualdad.

Asimismo, la movilización histórica que fue la Huelga Feminista del 8 de marzo del presente año también fue un momento de gran avance para las feministas, donde las mayorías expresadas en las calles dieron un claro mensaje a los sectores que negaban el movimiento y su potencia, lo que generaba cada vez más certezas de que el feminismo llegaba para quedarse a la política, y que se configuraba como una perspectiva esencial a incorporar en todo proyecto alternativo de sociedad, más aún, se perfilaba como la posibilidad de rearticulación de la oposición al avance de la ultra derecha y la condición para consolidar una fuerza capaz de dirigir un proceso de transformaciones para terminar con la precarización de la vida en el modelo actual. Sin duda para ese hito fue muy importante lo ocurrido el 2018 y las trincheras que ganamos, pese a ello, y sin perjuicio de la amplitud social inusitada que ha alcanzado el feminismo, este año nuevamente vemos la ausencia de nuestras perspectivas en las movilizaciones sociales que protagonizan el debate y son puntal de las fuerzas de cambio, además de la nula recepción de estas demandas por parte del Gobierno de Sebastián Piñera.

Nuevamente pareciera que la irrupción feminista fue un paréntesis en la historia y todo el peso de la restauración conservadora se abalanza sobre nosotras, ahora no solo de parte del conservadurismo y la derecha, sino también al interior de los movimientos sociales.

Para ilustrar lo anterior, basta con analizar el escenario actual del conflicto educacional en Chile, por ejemplo, la movilización docente, que ha tenido un rol protagónico en la oposición social al gobierno este año con demandas justas para las y los profesores de Chile, llena de entusiasmos, creatividad y fuerza, que ha logrado convocar a amplios sectores de la población, pero ha carecido de una perspectiva feminista, reflejo de la sociedad en que vivimos, cuestión que llama la atención pues se trata de un gremio altamente feminizado, donde la mayoría de las profesoras de Chile son mujeres, aproximadamente un 75% del total, y específicamente en las profesoras parvularias y diferenciales las mujeres se acercan al 96%. Hemos visto la carencia de vocerías ostentadas por mujeres, falta de visibilidad de dirigencias y organizaciones feministas y de la disidencia sexual dentro del gremio y más importante aún, la falta de visibilidad que han tenido las demandas y el programa que el movimiento feminista instaló en educación, pues este año la gran ausente del debate educacional ha sido la demanda por una educación no sexista, y asimismo las demandas de profesoras iniciales y diferenciales, que hoy quedan incumplidas tras la movilización y la intransigencia del Ministerio, manteniendo la desvalorización, precarización y falta de reconocimiento de su trabajo, fundamental para garantizar el acceso a la educación de distintas realidades de estudiantes y acompañarles en sus primeros años. Sin duda, una deuda que como sociedad tenemos que saldar urgentemente.

Pero entendemos que la invisibilización más grave de las demandas del movimiento feminista escapa al movimiento social y viene por parte del Gobierno, cuestión más grave aún en un contexto de avance de la violencia y la discriminación contra mujeres y disidencias sexuales. Por lo mismo, es necesario que todos los actores de la educación y el mundo social empujemos con fuerza la necesidad de cambios estructurales al modelo educativo para que existan cambios de raíz en el resto de la sociedad, construyendo distintas formas de relacionarnos basadas en el respeto, valores democráticos y la integración de realidades que han sido negadas históricamente.

Por lo mismo, emplazamos al Gobierno a hacerse cargo de la demanda por una educación no sexista que levantamos con fuerza feminista en las calles, lo cual implica realizar cambios curriculares para expulsar el sexismo y la discriminación de los contenidos a impartir, cuestión que vemos posible solo si democratizamos la discusión, es decir, en vez de eliminar asignaturas de forma arbitraria o de acuerdo a criterios meramente ideológicos, integrar a las comunidades educativas y a los actores sociales involucrados para que entreguen sus perspectivas en miras a revisar los contenidos, reprensar las mallas y la formación de los y las profesores, para incorporar enfoque de género y diversidad sexual en sus habilidades pedagógicas. Por otro lado, ante el avance de la violencia de género y crímenes de odio, junto al alza del VIH en nuestro país y otras problemáticas de interés público, se hace necesario implementar políticas de educación sexual integral, que aborden temáticas como ITS, placer, identidad de género, orientación sexual, violencia, acoso, abuso, consentimiento y permitan construir relaciones sociales libres de violencia y de odio a disidencias sexuales.

Ahora bien, todo lo anterior no será posible si las feministas del mundo educacional no nos re articulamos y volvemos a pujar con fuerza por un proyecto de país de iguales, libre de violencia y de derechos para todes, si no volvemos a repletar las calles para exiguir una educación feminista y disidente y el fin a la precarización laboral, sobre todo para las profesoras que se llevan la peor parte de este modelo tan injusto y agobiante. Tenemos la convicción de que se necesitan transformaciones, volvamos a ser protagonistas este segundo semestre

Emilia Schneider
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