1.-¿Quién no se trae una lunática?

Para finales de los 50, la Guerra Fría iniciaba una nueva etapa de enfrentamiento entre EE.UU. y la ex Unión Soviética. Esta vez, era la carrera espacial la que pondría frente a frente los adelantos de las dos potencias más grandes del mundo. Los soviéticos llevaban una amplia ventaja hasta entonces, con la puesta en órbita del Sputnik I –primer satélite artificial de la historia– y la hazaña de poner en el espacio al primer ser vivo, la perra Laika. Ambos hitos fechados para 1957. Cuatro años más tarde, la URSS parecía dar el golpe certero al enviar al primer hombre al espacio: Yuri Gagarin, a bordo del Vostok 1. La proeza soviética tuvo impacto mundial, aunque no convenció a todos. Para la orquesta nicaragüense Los Solistas del Terraza, la hazaña de Gagarin no tenía credibilidad («Yo no le creo a Gagarin / Que estuvo cerca de la Luna»), ya que estando en el espacio «Quién no se trae una lunática / Quién no se trae una marciana / Para que todas las mañanas / Venga a bailar el cha-cha-cha», como señalan en la letra de ‘Gagarin’, un cha-cha-cha escrito por Rafael Gastón Pérez en 1962 y que, curiosamente, tuvo una versión chilena de la mano del trompetista Lucho Aránguiz, gran intérprete de hot jazz, miembro del ensamble Los Ases Chilenos del Jazz, pero más conocido por ser el autor de la famosa ‘Que se mueran los feos’.

2.- Luna llena, menguante

En 1995, Pedro Almodóvar decide cerrar su recién estrenada película La Flor de mi Secreto con la canción ‘Tonada de Luna llena’. La versión utilizada por el cineasta español fue la del brasileño Caetano Veloso, quien la había grabado un año antes para su disco “Fina Estampa”. Sin embargo, el tema tiene muchos más años, y por supuesto, otro origen. El compositor de la popular ‘Tonada de luna llena’ es el músico venezolano Simón Díaz, famoso en su tierra por ser uno de los más grandes compiladores y compositores del folklore llanero, muy ligado a la vida de campo y al ordeño de ganado en la madrugada. ‘Tonada de Luna llena’ es su más grande éxito y una de las canciones populares venezolanas más versionadas. Solo acompañado del cuatro y usando su timbre más agudo, Díaz compuso un canto melancólico, bucólico, íntimo y nostálgico. Es una melodía suave, en el cual pareciese hacer alusión a la mujer amada cuando recita «la luna me está mirando / Yo no sé lo que me ve». Original del disco “Tonadas” de 1974, la canción ha tenido múltiples versiones, siendo muy popular en países como México, Colombia, Argentina y Chile. Fue grabada por Nano Stern para su disco “La Cosecha” (2013), y otros músicos como Fernando Milagros o José Seves (Inti Illimani) también la han integrado a su repertorio en vivo, causando emoción cada vez que interpretan el estribillo «Luna, luna, luna llena, menguante» y tratando de emular el singular color de voz de Díaz.

3.- Luna quiere ser madre

Para 1986, el grupo de pop español Mecano estaba en su auge. Su cuarto disco “Entre el Cielo y el Suelo” vendió más de un millón de copias en España, mientras que su tercer single ‘Me cuesta tanto olvidarte’ cruzó las fronteras hispanas y comenzaba a ubicarse en los topes de diversas listas más allá del Atlántico. En ese momento de gloria, deciden editar un último sencillo: ‘Hijo de la Luna’. Escrita por José María Cano originalmente para Isabel Pantoja (quién la habría rechazado), la canción trata la historia trágica de un amor imposible de parte de una mujer gitana, que se enamoró de un gitano perteneciente a otra tribu (calé). Las reglas de esta etnia son claras: nada de matrimonios mixtos. Por eso, para poder casarse, la mujer conjuró a la Luna, quién le concedería su deseo siempre y cuando le entregase a su primogénito como ofrenda. Según la letra de la canción, se concreta el casamiento shakesperiano entre los gitanos, y fruto de aquella relación nace un bebé «blanco como el lomo de un armiño / Con los ojos grises en vez de aceituna / Niño albino de luna». Claro, la Luna cobraba de esta manera el compromiso con la gitana. El resto del relato incluye femicidio («Gitano al creerse deshonrado / Se fue a su mujer cuchillo en mano / ¿De quién es el hijo? / Me has engañado fijo / Y de muerte la hirió», y abandono del bebé –e intento de filicidio– («Luego se hizo al monte / Con el niño en brazos / Y allí le abandonó»). La voz dulce, inocente y jovial de Ana Torroja hace casi todo en la canción, donde la Luna asume un rol divino y místico, y que persigue el sueño de ser madre, incluso ante la interpelación («Dime luna de plata / Qué pretendes hacer / Con un niño de piel»).

4. – Yo no le canto a la luna

Quizás, la canción en español sobre la Luna más importante (relegada en popularidad por el recuerdo del clásico am de Ana Gabriel) sea ‘Luna tucumana’, la famosa zamba compuesta por Atahualpa Yupanqui en 1957. Un clásico no solo del vasto repertorio del músico argentino, sino que de la música folclórica latinoamericana. Su relevancia es tal –sobre todo en cómo ayudó a la construcción social de lugar: Tucumán–, que el Congreso argentino la declaró en 2004 como himno cultural de la provincia tucumana (también llamada “el jardín de la República”). Según contara el propio Yupanqui, la canción es un homenaje a quien le hiciese compañía en los viajes solitarios y nocturnos que realizó desde pequeño por el sendero hasta Tafí del Valle, durante casi una década. Esos viajes le permitieron poner palabras a sus recuerdos, bajo la luna tucumana. «Salía a las cuatro de la mañana, muy temprano ensillando mi mula y partía. Recién me amanecía en el faldeo, a mitad del camino. Vale decir que la luna me acompaño siempre, por eso digo en los versos “Yo no le canto a la luna porque alumbra y nada más / Le canto porque ella sabe de mi largo caminar”», dijo en una entrevista. Reinterpretada por Los Tucu Tucu, Los Charchaleros y Mercedes Sosa –realzando su popularidad–, incluso podemos encontrar una versión de este llamado “himno alternativo argentino” en la voz de nuestro Lucho Gatica, otorgándole un tinte moderno a la canción, gracias al terciopelo de su voz, parafraseando a Lemebel.

5.- La luna es una explosión

El legado de Víctor Jara no tiene límites. Así nos los hace ver Natty Pérez, la joven y destacada música nacional de amplio curriculum: ex baterista de Javiera Mena y actual Mon Laferte, líder, vocalista y baterista de la banda Amanitas (hoy radicada en México), y también compositora solista bajo su alter ego Cancamusa. Es justamente en esta aventura en solitario que en 2017 sorprendía con su segundo single ‘Ahora que la luna explota’, adelanto de su álbum debut, inspirado en su gusto por el universo. Según contó, la historia de esta canción se remonta a su adolescencia, cuando expuso sobre una teoría de la Luna en un Congreso de Astronomía en La Serena: «A esa edad escuchaba mucha música y estaba descubriendo las letras de Víctor Jara. Estaba pegada con ‘El derecho de vivir en paz’, que tiene una frase que fue muy importante: “La luna es una explosión que funde todo el clamor”. Con esta frase, me inspiré para la creación de la teoría. Luego de estar en ese congreso cambió mi vida, quise ser astrónoma y estudiar el sonido del universo, me pasé las medias películas”, relata. Hoy, ya como una de las promesas de nuestra música pop, retoma su fascinación lunar con una canción potente, con influjo de la neo-psicodelia y una letra de pasión surrealista, donde la Luna aparece como compañera («Ahora que la luna explota / Sádica de luces rotas / Mágica que me devora / Me ve / Me ve»), además de resignificar ciertos cánones, como ella misma cuenta: «El poder decir en una canción que “la luna explota”, que “las órbitas se desploman”, es muy liberador. Es simplemente jugar con elementos sublimes que son esenciales para nuestra existencia».