La muestra curada por Ximena Moreno reúne fotografías, instalaciones, piezas gráficas y videoensayos que la artista chilena, quien residió 35 años en Suiza, ha desarrollado a lo largo de su carrera. Ingrid Wildi migró a Suiza a los 18 años junto a su padre y hermanos, y retornó a Chile recién en 2016. En esta entrevista, analiza cómo la matriz colonial de nuestra sociedad explica la actual hegemonía del sistema neoliberal.

-En Un kilómetro de conocimientos invisibles explicas que el modelo neoliberal subsiste gracias a la matriz colonial que llevamos dentro como sociedad.

-El sistema neoliberal y la matriz colonial han tomado posición, consolidándose cada vez más los dispositivos generadores de las zonas del no ser y las zonas del ser, o de los seres cuya vida es resguardada por la ciudadanía occidental y la de quienes son solo vidas desechables, expuestas a las lógicas de violencia desnuda y despojo territorial. Los sistemas de dominación actuales pertenecen a una herencia colonial y sus lógicas operativas se infiltran y camuflan en nuestras prácticas tanto institucionales como cotidianas.

-¿Cuáles son las tres zonas en que se divide la exposición?

La primera zona problematiza la cristiandad, la modernidad y la colonialidad del ser. El territorio del ser y el no ser existe en base a jerarquías económicas, raciales, linguísticas, sexuales, privilegios y divisiones. La zona 2 problematiza los efectos de la colonialidad del poder. Hice entrevistas a teóricos del grupo decolonial de la Universidad de Chile, no son entrevistas periodísticas sino poéticas y filosóficas donde hay otra construcción narrativa que abre diferentes formas de pensar en el otro. La zona 3 se constituye de 99 retratos de autores y autoras decoloniales y la biblioteca de libros decoloniales que no son incluidos en universidades occidentales y occidentalizadas. 

-En Matucana 100 repletas las paredes con ochenta grabados del cronista inca-español Felipe Guamán Poma de Ayala de 1560, y de Theodor de Bry, que muestra a los indígenas americanos del siglo XVI como caníbales y sanguinarios, aunque su autor nunca viajó a América.

-Theodor de Bry, que hacía grabado en cobre en Bélgica, nunca estuvo en América. Leyó las crónicas de Bartolomé de las Casas, “la leyenda negra”, y desde el imaginario europeo inventó un relato que no tenía que ver la realidad. En su versión, los indígenas americanos tenían cuerpos grecolatinos, practicaban el canibalismo, castigaban la codicia española haciéndoles comer oro fundido por la boca. Por otra parte, Guamán Poma creó para Felipe III un libro de 400 páginas, con imágenes y texto, sobre cómo los españoles estaban esclavizando y sacrificando a los indígenas. Ese bello libro, uno de los primeros textos americanos y que representa la visión del inca, se perdió y apareció en la Biblioteca de Dinamarca en 1908. 

-En contraste, también grabaste los laboratorios del CERN -Organización Europea para la Investigación Nuclear-, en Ginebra, Suiza, donde está el colisionador de hadrones.

-La muestra va hilando preguntas a través de la filosofía, la psicología, la ciencia, la política, la economía, la tecnología. Estuve con los científicos del CERN, en los módulos donde realizan sus proyectos y, desde los cables y equipos, se aprecia la tecnología en su total extensión, entendiéndola como muestra de nuestra modernidad, pero la modernidad no se inició con la Revolución Industrial sino que dio sus primeros pasos en 1492 con la invasión de las Américas. No puede existir modernidad sin colonialidad, sin un modelo extractivo que tras los españoles continuaron los ingleses y alemanes occidentalizando el mundo. El modelo persiste en Chile y se refleja día a día en el sistema neoliberal y, por ejemplo, en la persecución al pueblo mapuche.

-Al migrar a Suiza hablabas solo castellano y antes de entrar a la universidad trabajaste como obrera en diferentes fábricas, que fotografiaste en Otra mirada a lo insignificante.

Son 25 años de vida de una persona. Son fachadas, arquitectura como lenguaje y lenguaje como arquitectura. El lenguaje nunca ha sido neutro, la arquitectura tampoco. Salgo de Chile en los 80 hacia Suiza e inmediatamente empecé a trabajar en diferentes oficios. Cuando entro a trabajar como obrera en una fábrica, la palabra es ausente. En la fábrica trabajaban portugueses, españoles, griegos, turcos. Hacía cosas con la manos y no necesitaba hablar. Trabajé por siete años sin conocer el idioma. Luego estudié alemán por las noches para entrar a la Escuela de Bellas Artes en Zürich. 

-En esta muestra presentas Arica y Norte de Chile / No Lugar y Lugar de Todos. Tu madre vivía precisamente en Arica, donde era vidente 

-Mi madre falleció mientras yo llegaba a Chile en 2016. Era vidente, leía las cartas, leía la vela. Tuvo una madrina que le enseñó y viajó a la selva en Perú con un chamán. Cuando ves las cartas eres como una psicóloga y sabes los problemas políticos y amorosos de la gente y las autoridades. Esas personas y sus saberes alternativos y ancestrales son muy importantes en las comunidades latinoamericanas. Los grandes científicos y el saber europeo han sido producto del saqueo cultural. El cero fue inventado por los mayas para ver las estrellas. Tenemos que respetar el gran saber de las culturas indígenas. En Chile, en el siglo XIX Urmeneta fabricó el primer lingote de cobre chileno y durante un año colocó en riesgo el mercado y la bolsa de metales de Londres. Eso duró poco. Hoy seríamos independientes del mercado del cobre si desde entonces hubiéramos fabricado lingotes de cobre. Tenemos un país vendido a las transnacionales, no porque las multinacionales sean perversas sino porque los propios chilenos han vendido el país. He trabajado el cobre como materia prima y el norte de Chile como lugar y no lugar de todos. 

-Extrapolas lo decolonial a realidades como la migración en una muestra paralela en el Museo de la Memoria.

-Mi proceso de migración no fue el de un estudiante que va a hacer un máster. Hay una gran diferencia entre eso y las personas que buscan un territorio para habitar y trabajar. El Museo de la Memoria exhibe Los Invisibles, ensayo-entrevista que hice a inmigrantes colombianos residentes en Ginebra, Suiza, quienes viven en una casa-okupa. En su mayoría no tienen papeles, por lo que su vida transcurre bajo el temor a ser deportados. Respetando su necesidad de anonimato, son retratados sin mostrar sus rostros. Ese encuadre se convierte en metáfora del lugar de invisibilización hacia el cual el sistema los desplaza. Ahora a los que hacen desaparecer es a los inmigrantes y probablemente nunca vuelvan a sus países de origen. 

Un kilómetro de conocimientos invisibles. Hasta el 6 de octubre. Matucana 100, de lunes a domingo, 11 a 20 horas. Entrada liberada.