42 son las preguntas que responde el Libro “Sexualidad en el adulto mayor”. Dudas planteadas anónimamente por personas mayores con las cuales se encuentra trabajando un grupo de investigación integrado por estudiantes y profesionales de diferentes carreras de la Facultad de Medicina, quienes como parte de un diagnóstico social y comunitario a un grupo específico reconocieron la importancia de abordar este tema.

“Ahí nos dimos cuenta, y los propios estudiantes se dieron cuenta, que no están preparados para asumir esta temática”, explicó Jhonny Acevedo, académico del Departamento de Atención Primaria y Salud Familiar de la Facultad de Medicina y uno de los autores del texto realizado interdisciplinariamente por matrones, psicólogos, sexólogos, enfermeros, doctores y trabajadores sociales.

El libro, explicó el profesor Acevedo, viene a relevar y poner sobre la mesa una dimensión de la salud de las personas que no ha sido abordada abiertamente por las políticas públicas ni como parte de la formación de las y los profesionales del área, a pesar de que de acuerdo a la Encuesta Nacional de Calidad de Vida Sexual en la Vejez del 2016, un tercio de las personas mayores refieren tener una vida sexual activa y un 65 por ciento considera importante este ámbito de su vida, cifras que se corresponden con diferentes estudios internacionales

El comité editor del libro estuvo compuesto por Jhonny Acevedo, Constanza Bartolucci y Marcelo Vásquez. Participaron además como autores de artículos María Appleyard, Rubén Armas, Carla Benavides, Ximena Cea, Miday Columbié, Rosa Delgado, Eliana Espinoza y Ariel González. También Tania González, Natalia Guerrero, Magdalena Rivera, Adriana González, María Lazo, Mauricio López, Francisca Molero, Elo Morasen, Verónica Ramos, Susana Solís, Loreto Soto y Viviana Ulloa.

– Se ha instalado el tema del envejecimiento de nuestro país y ha sido abordado desde diferentes aristas, pero, ¿por qué no ha sido tan considerada la de la sexualidad?

-Son diferentes razones. Hay una línea muy trascendental que tiene que ver con los idearios socioculturales. El país recién se está abriendo a tener una mirada distinta a cosas que tienen que ver, por ejemplo, con la diversidad de género, porque hemos sido una sociedad además muy tradicionalista. Nuestra república nace con bases de tradicionalismos muy fuertes, y donde claro, la Iglesia Católica ha tenido un peso también muy importante para que se mantengan algunos cánones de conductas y comportamientos para la sociedad que también nos marcan.

Hoy día existe una mayor apertura de las personas al conocimiento de estos temas, y sentir lo que ellos viven en términos de la sexualidad es un tema que se empieza a conversar con más tranquilidad. Son los propios hijos y nietos de los adultos mayores quienes están gatillando temas de conversación que antes eran tabú dentro de la familia.

Hay otra línea de trabajo que influye mucho, que tiene que ver con las políticas públicas. Hoy día las políticas públicas están al debe con el adulto mayor. Hay que reconocer que ha habido algunos avances en los distintos gobiernos, pero lo que tiene que ver con atenciones de salud en temas de sexualidad del adulto mayor, no está instalado, y los profesionales tampoco están preparados para resolver esas consultas y esas atenciones.

-En ese sentido, ¿cómo debería ser abordado desde la política?, ¿cuáles serían algunos puntos clave?

Una cosa que quedó en evidencia con la gestación de este libro para mí y para el equipo académico, es que los propios estudiantes se dan cuenta que no están preparados para asumir esta temática. Ahí hay un primer foco: tenemos que preparar a los distintos profesionales de pregrado que están egresado.

Segundo, hay todo un vacío para preparar a los profesionales que ya están trabajando, porque tampoco cuentan con formación en sexualidad, y en el adulto mayor en particular. Hay excepciones obviamente, gente que se está formando, pero si hacemos la sumatoria de la cantidad de profesionales que debieran resolver esto en un centro de atención primaria, no están preparados y ahí hay toda una línea de trabajo por hacer.

Y tercero, desde la macro gestión, el Ministerio de Salud tiene el desafío de generar una política específica que apunte a esta temática, para que baje a todos los servicios de salud y hacia los municipios, de manera que pueda haber una línea de trabajo de programas, objetivos y acciones orientados a esto.

-¿Qué dimensiones están involucradas en el abordaje de la sexualidad de las y los adultos mayores?

Además de ver temas cognitivos, psicológicos, emocionales, también hay temas psico-orgánicos de una sexualidad del adulto mayor que requieren ser atendidos. Se requiere atender problemas biológicos que afectan su sexualidad, y se requiere también atender aspectos psicológicos y afectivos a través consejerías –individuales y familiares-, a través de guías anticipatorias.

-¿Por qué se plantea en el libro que la sexualidad en la adultez mayor es un derecho humano?

-Todas las conceptualizaciones que tenemos de derechos humanos asociadas a la salud en nuestro país –en Latinoamérica, en particular, y también en Europa- han estado mostrando siempre que las atenciones de salud son un derecho humano, que en general la atención primaria es un derecho humano fundamental, siempre relevando lo asistencial. Sin embargo, nunca aparece la sexualidad, y resulta que todas las convenciones, incluyendo el informe de la Comisión de Adulto Mayor de las Naciones Unidas, plantean la importancia de que los Estados tienen que tener un rol fundamental, con enfoque de derechos humanos, para que la gente pueda acceder a las distintas atenciones que están asociadas a políticas dentro de un país, entre ellas las sanitarias.

Está demostrado que la sexualidad es un tema importante, es una necesidad humana fundamental, y en el adulto mayor más que nunca, como muestran las cifras. Una atención psicológica, una consejería en sexualidad, una resolución de un problema psicoemocional, o una atención desde el punto de vista biomédico, mejora la calidad de vida de las personas, de manera que evidentemente es un derecho humano que hay que empezar a relevar y hacernos cargo desde el punto de vista de las políticas públicas de salud.

-En el libro plantean que la sexualidad va más allá del tener sexo. ¿Cómo se expresa esto particularmente en la vejez?

En la medida que el ser humano va avanzando a ser adulto y de ahí adulto mayor, va teniendo una pérdida de una capacidad intrínseca, entendida como la pérdida de sus capacidades cognitivas, física, motoras, sensitivas, etc. Tenemos que trabajar preventivamente en que esa pérdida de los 50 y por sobre todo de los 60 años en adelante, donde lo que hay que hacer es que el adulto mayor tenga una buena inserción con el medio en el cual se desarrolla, por ejemplo, que tenga accesibilidad a todos los espacios por donde transita, y por sobre todo tenga la capacidad de seguir participando activamente en distintas cosas.

Si logramos que esto se mantenga, va a significar que psicoemocionalmente y orgánicamente la persona va a estar bien, y su sexualidad va a estar mejor, entendida no solo como tener coito, porque la sexualidad en esta etapa de madurez se entiende como tener una relación de afecto o de cariño más profundo con su pareja, puede significar acariciarse con amor, abrir temas y conversarlos abiertamente, y puede significar inclusive tener accesibilidad sexual sin tener que llegar al coito. En definitiva, ir buscado otras formas de encontrar el placer que va más allá de lo orgánico y lo coital.

-¿Qué pasa con las otras sexualidades y expresiones de género, con las disidencias sexuales en esta etapa?

En este equipo de trabajo participó activamente y están dentro de los autores profesionales expertos de la Escuela transdisciplinaria de Sexualidad, y ellos están relevando mucho esta no discriminación por género, por tendencia o conducta sexual.

Considerando la sexualidad como un derecho humano, hay personas que tienen conductas sexuales distintas pero que son plenamente válidas porque que son personas que tienen derecho a sentir sexualmente y que por lo tanto tienen derecho a expresarse. Hoy día estamos relevando que estas personas ejerzan este derecho humano. Lo que ahí nos falta es una apertura desde lo valórico y desde lo humano porque cada uno tenga lo que merece.

-En definitiva, ¿por qué hay que investigar este tema y cómo este libro puede impactar en las personas?

Los impactos de este libro y de las investigaciones que estamos llevando a curso van a ser muy relevantes para, primero, traer el tema de la sexualidad del adulto mayor a la contingencia, porque insisto, está invisibilizada desde la política pública, desde las atenciones en salud y eso tiene que cambiar. Tenemos entonces que hacernos cargo de esto desde técnico asistencial. Tenemos que hacernos cargo también desde la equidad de género y desde estos nuevos movimientos que emergen y que son parte de la realidad social chilena de la cual no nos podemos poner las vendas en los ojos, y es la mirada que tiene nuestra Universidad.