El mundo ha presenciado horrorizado los gigantescos incendios forestales que han durado semanas en Bolivia y Brasil. A la fecha, se estima que se han perdido cerca de 600.000 hectáreas de bosques tropicales. Esto significa una pérdida invaluable de aves, mamíferos, hongos, peces, plantas, árboles, lianas, hierbas, reptiles, anfibios y formas de vida que aún no terminamos de conocer. Además, se están liberando miles de toneladas de carbono en uno de los bosques tropicales más grandes del mundo, afectando de manera irreversible el futuro de los pueblos indígenas y del planeta.

El acuerdo de París, en el que Brasil se comprometió a reforestar 23 millones de hectáreas, podría hacernos pensar que no todo está perdido. Sin embargo, 19 millones de esas hectáreas serán plantaciones forestales. Brasil, al igual que Chile hace unos treinta años, está comenzando a desarrollar una industria de papel. Este país, actualmente tiene 7 millones de hectáreas de Eucalipto, los que al estar en un clima tropical pueden crecer más rápido y generar ganancias más rápido que en Chile. Lamentablemente, la actual definición de la FAO no distingue entre bosques y plantaciones forestales para fines industriales, por lo que en unos años más podríamos presenciar el absurdo de que Brasil se declare cero deforestaciones, debido a la expansión de las plantaciones forestales.

Sucede lo mismo con Chile que, a pesar de seguir perdiendo bosque nativo, muestra cifras positivas de forestación al contabilizar las plantaciones forestales. Variadas publicaciones científicas estiman que desde 1976 se perdieron entre un millón y 782.120 hectáreas de bosque nativo a nivel nacional (Heilmayr, Echeverría, Fuentes, & Lambin, 2016; Miranda, Altamirano, Cayuela, Pincheira, & Lara, 2015).  En contraste, en 1973 existían en Chile 330.000 de hectáreas plantadas. Cuarenta y cuatro años después, estas plantaciones comprenden 2.4 millones de hectáreas, es decir un aumento de 727%.

No queremos que el Amazonas, además de estar sufriendo incendios de grandes proporciones, sufra de políticas que no preservan la biodiversidad y todos los beneficios que esta trae, como ha sucedido con Chile donde, de hecho, estas políticas se siguen profundizando. Actualmente, el Ministerio de Agricultura de nuestro país, está proponiendo una nueva de ley de fomento forestal, “independiente de la especie”. La ley, buscaría utilizar a los pequeños y medianos propietarios como receptores de dinero público, a los que, una vez hechas las plantaciones, solo les quedaría vender al único comprador: las grandes empresas forestales. Es decir, incentiva la rentabilidad privada que proveen las plantaciones forestales, la que es capturada por las grandes empresas. Nos parece grave, pues no toma en consideración los beneficios sociales que entregan los bosques, tales como la biodiversidad, el agua o el secuestro permanente de carbono. De esta forma, se intenta construir un relato de cumplimiento de metas internacionales de reforestación, cuando en realidad se busca rentabilizar con plantaciones forestales.

Existen alternativas: restaurar bosques y conservar los que aún tenemos. Sin embargo, esto depende de que se escuche la evidencia científica y las políticas se basen en esta evidencia buscando el bien del país y del planeta y no de intereses particulares.


Catalina Pérez, Diputada por Revolución Democrática y Juan Ignacio Latorre, Senador por Revolución Democrática y Frente Amplio.