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Opinión

Ojalá fuera el “cuento del tío”

Por: Carolina Ceballos / Publicado: 31.08.2019
bernardino /
¿De qué nivel estamos hablando a la hora de hacer política cuando el ministro de Salud, Jaime Mañalich, utiliza su cuenta de Twitter para respaldar a su jefe diciendo, sobre las denuncias contra Bernardino Piñera, que “cuesta creer en el cuento del tío”?

Hace un par de días, nos enteramos de que uno de los integrantes de Iglesia más cercano a La Moneda, el tío del Presidente, Bernardino Piñera, está siendo investigado por una denuncia de abuso sexual. El arzobispo emérito de La Serena se convierte, de esta manera, en otro de los personajes tristemente célebres de la mancillada institución eclesiástica.

Terrible, brutal, inaceptable, es lo que espontáneamente se viene a la cabeza casi como un grito del colectivo nacional que, con horror, se entera de un nuevo victimario. Cuando todavía no nos reponemos del impacto por la caída de otro señor de sotana, el extinto Renato Poblete, quien a estas alturas asoma como un auténtico depredador sexual.

Todo muy gore, análogo a una película de terror con una trama que se instaló para quedarse, mientras desde todos los sectores la condena es prácticamente transversal. Era, a decir verdad. Porque en este caso se salpica a la familia Piñera, una de las más poderosas de Chile, tanto así que uno de sus representantes es el Presidente del país, quien cuando ha tenido que abordar estos temas, lo ha hecho hablando fuerte y claro. Incluso en julio último, cuando se aprobó legalmente la imprescriptibilidad de los delitos sexuales, a la que con orgullo se refirió el mandatario en el palacio presidencial, donde posó para las fotos en un acto en el que se hizo acompañar por reconocidos referentes de la lucha por la reivindicación  de la dignidad de los abusados, connotados e incansables rostros de la búsqueda de la verdad y la justicia en este ámbito.

¿Qué pasó ahora que la sotana sumariada tiene apellido Piñera? El mismísimo Presidente se refiere a los hechos con una desidia tan impresentable como inadecuada e imprudente. Como una cachetada para quienes han visto su vida fracturada, irreversiblemente, a causa de un cuantioso número de representantes eclesiásticos que han hecho uso y abuso de sus atribuciones para saciar sus impulsos sexuales con quien apareciera en su camino y los incentivara a exhibir su lado más oscuro. Quien fuera, porque aquí no hay distingo de edad ni género, no hay  absolutamente nada que implique respeto y consideración por el otro. Nada.

Entonces, como si no estuviéramos lo suficientemente asqueados de tanta inmundicia, el principal líder político del país, se arroja a la audacia de declarar que le “cuesta creer una denuncia 50 años después”, echándose al bolsillo la ley que su administración aprobó y que hoy parece aplicable “en la medida de lo posible”, dependiendo de quién sea el victimario. Si bien es cierto que, en este momento, la noticia surge con rango de denuncia sujeta a sumario y, por lo tanto, a confirmación, no es menos cierto que a lo menos corresponde ser cauteloso frente a la envergadura de la acusación. Cautela. Una palabra que pocos en el gabinete conocen. Un concepto del que no hacen gala secretarios de Estado como Marcela Cubillos, a quien en cuestionables términos escuchamos hace unos meses “citando” a reunión al presidente de los profesores, Mario Aguilar, en medio del dilatado paro docente del gremio.

Prudencia señores. Prudencia Cecilia Pérez. Hago el llamado porque no es posible y, de hecho, demuestra mínima altura para debatir acerca de temas país, que la vocera salga a defender a su par en la cartera de Educación, a quien la oposición acusará constitucionalmente la primera semana del mes próximo, haciendo declaraciones que sólo apagan el incendio con bencina y que son más propias de un ring de boxeo que de un palacio presidencial. Hago alusión a su  intervención de hace unos días. “Ya no tienen pudor, no tienen pudor para tratar, a través de esta acusación, de ocultar lo que todos los chilenos queremos saber, qué relación tiene el PS con el narcotráfico”, dijo en esa ocasión.

¿De qué nivel estamos hablando a la hora de hacer política cuando el ministro de Salud, Jaime Mañalich, utiliza su cuenta de Twitter para respaldar a su jefe diciendo, sobre las denuncias contra Bernardino Piñera, que “cuesta creer en el cuento del tío”?

Y, a renglón seguido, el primo Chadwick, Andrés, como todos lo conocemos y quien tiene a su cargo el ministerio del Interior, con una frialdad que a estas alturas no resulta inusitada, pero que no deja de sorprender, asegura que “las palabras del Presidente Piñera me interpretan por completo”.

Bajo, desconectado con la realidad, feo el modus operandi de Piñera y sus boys. Esto no es un tema menor, no estamos hablando de la casita de jengibre para celebrar la Navidad del 2016 por la que el municipio de Maipú, liderado por la alcaldesa Cathy Barriga, pagó 22 millones de pesos a una empresa del hijo de la ex diputada María Angélica Cristi, estamos hablando de abuso sexual. Un poco de respeto y mínima empatía señores. Si fueran tan amables. Si les parece que hay otro tono, si les interesa respetar a las víctimas de una debacle eclesiástica cuyo alcance, aun no conocemos. Por favor.

Carolina Ceballos
Periodista
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