Ya parece ser un factor común que varios partidos políticos tradicionales y carentes de liderazgos sociales o territoriales sean los que mayormente recurren a candidaturas provenientes del mundo de la farándula y el espectáculo televisivo.

Y es que un nuevo caso se sumó recientemente, con el anuncio de la bailarina y show-woman Marlen Olivari, oriunda de nuestra comuna, quien señaló estar disponible para disputar la alcaldía viñamarina tras el ofrecimiento recibido por Renovación Nacional, Evópoli y la Democracia Cristiana.

Pero incluso más allá del nombre de turno, lo que hay detrás de esta búsqueda de posicionamientos facilistas y populistas encarnados por rostros televisivos -estrategia muy utilizada por la derecha en los últimos años- es la defectuosa administración de recursos municipales que deberían beneficiar la vida de miles de vecinas y vecinos, y que además se caracterizan por tener notorios enfoques personalistas, “de culto a la personalidad” en sus gestiones, como el triste e insigne caso que ocurre en Maipú con la actual edil y ex bailarina Kathy Barriga (UDI).

En Viña del Mar la realidad exhibe que la administración, de ya 15 años en el municipio, de la alcaldesa UDI Virginia Reginato mantiene un conocido déficit que supera los $ 17.585 millones, generado entre los años 2012 y 2018, esto sin contar los más de 12 mil millones en gastos en horas extras y honorarios. Cifras que han sido sistemáticamente ocultadas al Concejo Municipal y maquilladas hacia la ciudadanía. Escandalosos montos que se conocieron tras la auditoría realizada por la Contraloría General de la República a inicios de este año.

Estos últimos antecedentes hoy se ven agravados con el reciente dictamen del Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel) que exige a Reginato explicar el mencionado déficit financiero, en el marco de la acusación por notable abandono de deberes y faltas graves a la probidad administrativa, que lideran cuatro concejales de la comuna.

El desgobierno que vive nuestra amada comuna no puede seguir ocurriendo, especialmente con los serios problemas de gestión que finalmente impactan en la calidad de vida de los viñamarinas y viñamarinos. El que las balaceras y asaltos ya son pan de cada día, el ser la ciudad de Chile con más campamentos y su respectiva crisis habitacional, que solo encuentra desalojos violentos como respuesta edilicia, además de una tasa de desempleo regional por sobre la media nacional y un déficit en el transporte público en los sectores altos y más empobrecidos.

Marlen sí tiene razón cuando señala que Viña es un “municipio que debería funcionar como Suiza” por la cantidad de recursos con que cuenta, pero para nosotros no es necesario cruzar el Atlántico para eso, solo basta mirar al lado para ver la gestión y correcto enfoque social, comunitario y participativo que demuestra la administración frenteamplista de Valparaíso con el alcalde Jorge Sharp.

Que Viña deje de ser un festival de mala gestión y despilfarro depende de todas y todos.