Opinión

El que baila pasa, es una expresión simbólica de La calle

Por: Sandra Villanueva / Publicado: 15.11.2019
calle / Foto: Agencia Uno
“El que baila, pasa” es una expresión simbólica de la calle. Así como la olla y la paleta de palo son resignificados en sus funciones para salir a protestar, de la misma forma, la calle reestructura las formas de poder y, simbólicamente, interpela al otro/a, pidiéndole un gesto al conductor/a que va cómodamente arriba de su auto, para que haga el esfuerzo de salir de ese confort y se sume (o simule adherirse) por un momento a quienes están en el territorio arriesgando quedar ciego/a, muerto/a, violado/a.

Ministra Rubilar, está muy bien no estar de acuerdo con todas las manifestaciones callejeras, porque no necesariamente van a estar todas ok, pero quiero explicarle algo.

“El que baila, pasa” es una expresión simbólica de la calle. Así como la olla y la paleta de palo son resignificados en sus funciones para salir a protestar, de la misma forma, la calle reestructura las formas de poder y, simbólicamente, interpela al otro/a, pidiéndole un gesto al conductor/a que va cómodamente arriba de su auto, para que haga el esfuerzo de salir de ese confort y se sume (o simule adherirse) por un momento a quienes están en el territorio arriesgando quedar ciego/a, muerto/a, violado/a.

Por otra parte, esta interpelación y reconocimiento hacia el otro, tiene todo que ver con quienes han sido actores claves de estas manifestaciones: los/as jóvenes. Aquí prima una forma de comunicación adolescente y una apropiación del espacio público que, sin duda, incomoda a quienes son más adultos, pareciéndoles indigno o hasta humillante. Claro está, que la Alemania nazi con la que se quiere comparar esta práctica, no es un ejemplo pertinente, ya que no se está atentando contra la vida de nadie.

Lo que aquí se expone es una nueva forma de diálogo entre clases, más allá del bocinazo típico para demostrar empatía; se apela a un simple gesto de barbarie, para demostrar que se está en la misma lucha.

Pienso que, lo anterior, no puede ser empleado para ejercer violencia sobre el otro/a, ni tampoco ser confundido con una fiesta, ya que no hay nada que festejar, muy por el contrario, hay todo por reclamar y lamentar.

Sin embargo, lo recién dicho, nos permite reconocer una doble emoción a través de esta crisis. Por una parte, rabia y dolor por las injusticias y sistemática violación de derechos humanos; por otro, una sensación de hermandad que no se sentía hace mucho tiempo.

Tal vez por ahí va la explicación, pues después de 30 años de explotación, todavía tenemos algo que nos conecta y el experimentarlo en los cuerpos y emociones de los sujetas/os que están en protesta, permite reconfigurar los dispositivos de resistencia, al punto de desconcertar al poderoso por la sencillez de su formas. Porque supongo que ¿nadie va a torturar, ni violar al que no baile? En cambio, lamentablemente sí se asesina, se dispara, se enceguece a las personas que no cumplen con las imposiciones del Estado. La calle es más justa, solo pide solidaridad.

(y un buen paso).

Sandra Villanueva
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