Opinión

Miedo, tristeza, angustia y rabia en el estallido social

Por: Catalina Baeza / Publicado: 19.11.2019
salud / Foto: Agencia Uno
Aunque haya quienes no consideren la salud mental como parte de la salud de la población de un país, como si fuera posible pensar en salud sin pensar en el sufrimiento, abandono, discriminación y estigmas que carga quien las sufre y sus familiares; quienes trabajamos con salud mental sabemos que la salud integral es mucho más que estar libre de una enfermedad considerada física. El miedo, la angustia, la rabia, la impotencia y el desamparo de estos últimos días; este sufrimiento no se cura con remedios. Se sana con apoyo, escucha, contención y la libertad para poder expresarlos.

El 10 de octubre se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental y este año el énfasis fue concienciar y movilizar a la población en la prevención del suicidio. La Organización Mundial de la Salud advierte que cerca de 800 mil personas se suicidan por año y por cada suicidio hay un número mayor de intentos. El suicidio es la segunda causa principal de muerte entre personas de 15 a 29 años.

En Chile, la situación es alarmante. La encuesta Nacional de la Juventud informa que un 5,5% de los jóvenes ha pensado en terminar con su vida. Dentro de la OCDE, Chile es el segundo país que más aumentó su tasa de suicidios.

Según la Encuesta Nacional de Salud 2016 – 2017 – entregada al inicio de 2018 – un 6,2% de chilenos y chilenas mayores de 18 años sufren de depresión, siendo las mujeres las más afectadas por esta dolencia.

Así todo,  el presupuesto destinado por el Estado para salud mental es del orden del 2%, lo que obliga a las personas a buscar ayuda de forma individual y particular. Ayuda traducida en tratamientos que son imposibles de pagar porque las consultas particulares son caras y los tratamientos que requieren medicación son imposibles de concretar por el alto valor de los remedios.

Si el cuidado y la preocupación por la salud mental en Chile era necesario, en este momento es indispensable. Mi profesión y trabajo me permiten escuchar lo que las personas sienten hoy. Miedo, tristeza, angustia, impotencia y rabia son las emociones y sentimientos que más relata la gente en medio del estadillo social.

Muchas personas, en estos días, relatan sus traumáticos recuerdos de tortura, prisión y pérdida de personas queridas . Estos recuerdos que siempre han estado presentes en sus vidas, están a flor de piel. Los dolores en el cuerpo han aumentado y el insomnio es prácticamente común a todas las personas con quienes se conversa así como la dificultad para concentrarse y realizar tareas que antes hacían cotidianamente.

Los síntomas relacionados a enfermedades mentales diagnosticadas y debidamente tratadas han aumentado y la sensación de soledad es común en el relato. Quienes trabajamos con salud mental sabemos que esta falta de cuidado, la falta de políticas públicas orientadas a la prevención y el presupuesto mínimo que se entrega en Chile ya era un síntoma de la crisis.

No es posible imaginar un país dialogando, sin violencia, cuando gran parte de su población está sufriendo de este modo. No es posible imaginar que se puede reconstruir algo si antes no nos ocupamos de observar lo que ya venia siendo destruído; si no se escucharon todas esas roturas. No es posible imaginar que puede existir un país diferente si no nos ocupamos de las condiciones del Chile actual que vulnera derechos, legitima la violencia de Estado y abandona a quienes más lo necesitan sistematicamente.

No es posible imaginar un cambio cuando la receta es la misma que nos llevó a donde estamos hoy: un país tomado por el individualismo, promovido por sus gobiernos; que ha dejado de mirar al otro, a la otra, como un ser humano legítimo y con derechos. No es posible imaginar un cambio cuando lo individual está sobre la comunidad. Comunidad entendida como común-unidad, respeto a todos y a todas.

Aunque haya quienes no consideren la salud mental como parte de la salud de la población de un país, como si fuera posible pensar en salud sin pensar en el sufrimiento, abandono, discriminación y estigmas que carga quien las sufre y sus familiares; quienes trabajamos con salud mental sabemos que la salud integral es mucho más que estar libre de una enfermedad considerada física. El miedo, la angustia, la rabia, la impotencia y el desamparo de estos últimos días; este sufrimiento no se cura con remedios. Se sana con apoyo, escucha, contención y la libertad para poder expresarlos.

Imaginar que se puede estar sano, sana, sin comprender la dimensión que la salud mental representa para un país, es imaginar que en una orquesta, uno o muchos violinistas puede realizar un concierto sin las cuerdas de un violín. Desde hace mucho, Chile le debe a la salud mental de las personas que habitan este país y lamentablemente, somos muchos y muchas responsables de esta deuda. Por haber imaginado que lo individual es anterior y más importante que lo colectivo.

Catalina Baeza
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