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Salud pública en Chile: Los casos que se rebelan al sistema definido como uno “de los mejores y más eficientes del planeta”

Por: Josefa Barraza Díaz / Publicado: 11.01.2020
/ Fuente: Agencia Uno (archivo).
El ministro de Salud, Jaime Mañalich, dijo que el servicio de salud nacional es uno de los mejores del planeta. Los testimonios que construyen este reportaje demuestran profesionales poco capacitados, tiempos de espera para la atención de los pacientes que son perjudiciales, y respuestas insuficientes que se acercan a resultados fatales.

“Nuestro sistema de salud es uno de los mejores y más eficientes del planeta”, aseguró el ministro de Salud, Jaime Mañalich, el pasado 21 de noviembre, mientras era entrevistado en el matinal de Mega, Mucho Gusto. 

Según el secretario de Estado, el sistema de salud público “comparado con los países de la OCDE, evidentemente con todos los países latinoamericanos, es uno de los sistemas de salud más eficientes”. 

Sin embargo, son muchas las voces que critican la salud pública en nuestro país. Aquí, los propios pacientes son quienes dejan entrever sus falencias, demostrando que este sistema está lejos de ser uno los de más competentes a nivel internacional. 

Viviendo en riesgo

“Una se siente terrible. Los dolores son horribles. De verdad no se los doy a nadie”, dice Jacqueline (49), mientras descansa en su horario de colación. Desde hace 40 años vive en Peñalolén, y hace un par en la población Lo Hermida. Es madre de cinco hijas y abuela de nueve nietos. De carácter amable, preocupado y alegre, a pesar de sus problemas económicos y personales, siempre mantiene una sonrisa, aunque su rostro está cansado. Actualmente, trabaja como asesora del hogar en las cercanías de Bilbao con Los Leones, en Providencia, pese a padecer un agresivo cáncer desde hace cuatro años.

En el año 2015, mientras palpaba su cuello, sintió una leve protuberancia que llamó su atención. Asistió al consultorio para saber el por qué de esa inflamación. No tuvo ningún diagnóstico. La derivaron a una interconsulta al Hospital del Salvador, en donde esperó por un año una hora al endocrinólogo. Durante esos meses, el bulto creció y le generó molestias, pero Jacqueline continúo con su vida, ya que solo dependía del recinto asistencial para saber qué padecía. No contaba con el dinero para asistir a un especialista particular. “Recuerdo que me hicieron punción (en el cuello) y cuando me dan los resultados, me dicen que el examen salió malo. Tenía cáncer de tiroides”, cuenta. Su enfermedad al momento de ser detectada, ya estaba muy avanzada, por lo que debían intervenir prontamente para retirar los nódulos cancerígenos. Sin embargo, la hora para su intervención fue programada para cuatro meses después. 

En 2016 la operación de Jacqueline finalmente se llevó a cabo. Durante la cirugía, la cual no era de alta complejidad, los doctores descubrieron que tenía 32 nódulos, 10 de estos con metástasis. “El cáncer de tiroides tiene buen pronóstico, siempre dicen que es el mejor cáncer que te puede dar, aunque para mí ningún cáncer es bueno, pero el mío era tan agresivo que llegó hasta la tráquea”, explica con decepción. Desde aquel instante, inició un largo tratamiento para evitar su propagación, el que le provoca (hasta hoy) dolores en sus articulaciones, espalda y calambres. A pesar de estos malestares, asiste igual a su trabajo sin importar que tan mal se sienta, ya que es su único ingreso monetario y sin él, no tiene cómo subsistir. 

En estos tres años, el cáncer tiroideo se mantuvo sin ramificaciones. Pero desde hace un mes, las molestias en su cuello volvieron. Por eso, se realizó una ecografía en la zona y las malas noticias no tardaron en llegar: nuevamente tenía nódulos.

Jacqueline solicitó una hora para una evaluación, pero nuevamente desde el Hospital del Salvador le aseguraron que no había hora hasta un buen tiempo más, puesto que la endocrinóloga tenía la agenda copada. Sin embargo, le sugirieron que pidiera atención médica con esta misma especialista en un centro particular, a lo cual accedió. Teme que el cáncer vuelva por falta de horas en el hospital. 

“Estoy así gracias a la salud pública. Si me hubiesen detectado (el cáncer) o me hubiesen atendido a tiempo, sería distinto. ¿Por qué no me mandaron al hospital a tiempo? ¿Por qué no me atendieron a tiempo? El gobierno se olvida de las personas con cáncer, porque somos pobres; si tuviésemos plata, sería otra historia”, confiesa. Y sigue: “Siempre está la posibilidad de que el cáncer vuelva. Vivo y corro el riesgo”. 

¿Crisis en la salud pública?

“La salud en Chile ha progresado mucho, pero tiene muchos problemas que le angustian la vida a muchos chilenos”, aseguró el Presidente Sebastián Piñera el pasado 5 de enero, durante la firma del proyecto de ley Mejor Fonasa, reforma que beneficiará a más de 14,5 millones de personas.

Este proyecto está basado en tres pilares: Garantizar un plazo máximo de espera para consultas médicas y cirugías (incluyendo a todas las atenciones en su totalidad); la creación del Plan de Salud Universal, el que garantizará menos tiempo de espera y atención de calidad a usuarios Fonasa; y el Seguro de Medicamentos que tiene como objetivo reducir hasta en un 60% los precios de los 200 medicamentos más recetados. 

Este proyecto busca aplacar la grave crisis hospitalaria que existe en nuestro país. Sin embargo, esta problemática va más en los tiempos de espera y la calidad de la atención: 26 mil personas fallecieron durante el año 2018 mientras se encontraban en listas de espera. A ello se suma la falta de insumos y medicamentos en distintos recintos asistenciales del país, retratados en las movilizaciones que han llevado a cabo funcionarios de la salud pública, y que a su vez ha generado postergación de cirugías. Finalmente, la deuda hospitalaria sobrepasa los $415 mil millones, y sigue aumentando mensualmente. 

La lucha de Joaquín y Mabel

El calor en Paine es sofocante, y Joaquín (17) juega con su celular, mientras tres gatas bebés duermen a su alrededor. “El Joaquín ahora está bien, pero tuvo que pasar por muchas cosas para estar así”, dice Mabel, su madre, quien lo observa desde un sillón. Llegó al mundo el ocho de febrero del 2002, y durante su gestación no hubo ninguna anomalía. Pero al momento del parto, descubrieron que Joaquín venía con mutaciones en su mano (tres dedos) y pie izquierdo. Al pasar los días, no reaccionaba como el resto de los lactantes, por lo que consultaron a un genetista para entender qué pasaba, quien les confirmó un desconocido diagnóstico: Joaquín padecía de Síndrome Cornelia de Lange, un extraña alteración genética que produce abundante vello corporal, malformaciones en extremidades y retrasos psicomotor y de crecimiento. 

“Muchos doctores me dijeron que Joaquín no iba a sobrevivir, que no pasaría los dos años de vida. Estábamos muy perdidos. Éramos una aguja en un pajar”, cuenta Mabel. 

Joaquín, ha pasado gran parte de su vida internado en distintas unidades pediátricas, siendo acompañado en cada ocasión por su madre. “En el Hospital de Buin tengo muchas quejas. Antes, una no podía quedarse con los niños durante las noches, y a la mañana siguiente, cuando lo fui a ver, el Joaco tenía un mosco en la boca (…) En los hospitales públicos si no estás encima de los niños, pasan muchas cosas, a veces están desatendidos”, explica Mabel. Además, relata que en una ocasión, una enfermera le dijo que estaba pidiendo favores (refiriéndose a la toma de exámenes), mientras andaba reclamando por el trato. Aquella situación vivida en el centro de salud de Buin la indignó, pero lamentablemente no podía hacer mucho, puesto que no contaba con el dinero para llevar a su hijo a un recinto particular, ya que eran una familia de escasos recursos, provenientes de Viluco. “El trato en los hospitales (muchas veces), es poco empático”, afirma. 

La salud de Joaquín se comenzó a deteriorar, especialmente su sistema gastrointestinal, siendo intervenido en más de alguna ocasión. El 2010 tuvo una de sus peores crisis. Fue hospitalizado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Exequiel González Cortés, con ventilación mecánica. Su estado era crítico. “Recuerdo que dormía en una silla pegada a la camilla de Joaquín, mientras él estaba muy grave”, relata Mabel. Sin embargo, en una de las idas y venidas al hospital, Mabel notó que Joaquín había sido retirado de la UCI y que en su cama había otro pequeño. Aquello la descolocó, puesto que su hijo había sido trasladado a una sala común sin importar que tan grave estaba.

Cuando al fin encontró a Joaquín, notó que estaba ahogado, con respiración entrecortada y su piel de tonalidad morada. Exigió explicaciones a los médicos, quienes no estaban en la unidad en aquel momento. Y cuando al fin volvieron a pediatría, le explicaron que un niño no crónico necesitaba la cama. “Sentí que estaban violando los derechos de mi hijo. Él tiene los mismos derechos que cualquier otro niño. Joaquín tenía una edema pulmonar”. 

Actualmente Joaquín padece de epilepsia, laringomalacia (respiración ruidosa) y dificultad para pronunciar palabras. Debido a la malformación en su pierna izquierda, debe usar protesis en sus pies, tratamiento otorgado por Teletón. 

“Falta educación en especialistas. A veces me he encontrado con doctores que no saben lo qué es un Cornelia de Lange y debo explicarles. También faltan lugares de descanso o donde duerman los padres o tutores de los niños hospitalizados. Además, son necesarias redes de apoyo y ayuda psicológica, porque hay muchas mamitas que no saben lo que pasa y caen en depresión”, cuenta Mabel. Y concluye: “Se necesita más ayuda. Es triste andar pidiendo cosas para tus hijos. Joaquín ahora está bien, pero nunca se sabe cómo va a estar más adelante”. 

Soluciones insuficientes

Con respecto a esta problemática, Gabriela Flores, presidenta de la Confederación Nacional de la Salud Municipal, aseguró que “el gobierno ha instalado un mecanismo bastante siniestro, que es seguir traspasando recursos a los privados, en vez de fortalecer la salud pública. La crisis más grande está en la parte hospitalaria. No tienen insumos, la gente es hospitalizada en los pasillos. Los recursos son insuficientes”. También se refirió sobre Mejor Fonasa, afirmando que en el artículo 49 de este proyecto de ley, “la letra chica” dice otra cosa, puesto que ahí habla sobre regular el financiamiento para la atención primaria canalizado a través de Fonasa, que es el que entrega recursos, pero deja la puerta abierta para traspasar recursos a “los privados”.  

El diputado de Revolución Democrática y miembro de la Comisión de Salud de la Cámara Baja, Miguel Crispi, afirmó que “la crisis hospitalaria es estructural, y la gestión del ministro Jaime Mañalich la agudizó durante el 2019. Acá hay un problema de salud pública y la estrategia que ha tenido el gobierno es derivar al sector privado. Necesitamos un sistema de salud que no siga discriminando entre una salud para ricos y una salud para pobres”. Y sobre el plan Fonasa, dijo que el gobierno con su proyecto de ley, da una señal clara que su prioridad no es la salud pública. 

Además, el diputado de Convergencia Social, también miembro de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, Diego Ibañez, agregó: “El gobierno más que falta de compromiso, tiene un compromiso con las clínicas y las isapres. El ministro Mañalich está actuando más que como ministro de la salud pública, como gerente de Clínica Las Condes, y está desviando fondos con la reforma a Fonasa al mundo privado, que es lo que nos arrastró a la crisis sanitaria más grave que hemos tenido en los últimos 30 años”. También explicó que hay un abandono, ya que en el Hospital Van Buren se han suspendido cirugías neuroquirúrgicas, puesto que los propios funcionarios reclaman que se deben comprar sus propias mascarillas y guantes para atender en urgencias.

La espera no fue en vano

“Mi vida era bacán. Extraño mucho todo”, confiesa Felipe (37), al recordar lo que fue todo antes de su accidente: Un estudiante de sociología de la Universidad de Chile, quien por las tardes trabajaba en un call center para compatibilizar estudios y trabajo. Vivía con un amigo en un departamento en Ñuñoa y era activista por distintas causas. Pero todo se esfumó en marzo del 2017. 

Luego de realizar diligencias en el Hospital del Salvador, tomó un bus del recorrido 508, el que posteriormente se accidentó dejando varios lesionados; entre ellos Felipe. Debido al impacto, su hombro quedó a la altura de sus costillas, por lo que debió ser trasladado de urgencia al mismo recinto asistencial donde había estado instantes previos. “Un traumatólogo quiso enderezar mi hombro (húmero) y lo hicieron sin anestesia. Es inexplicable el dolor que sentí. Me llamaron la atención porque dijeron que no estaba poniendo de mí parte”, dice, con rostro de incomodidad. 

Durante todo el día estuvo con morfina, y al cambio de turno, un par de especialistas le comentaron que cómo había soportado el enderezamiento así, sin anestesia. Al rato después, fue derivado a pabellón para nuevamente tratar la lesión, y luego fue hospitalizado en espera de una segunda operación. Los primeros días fueron un caos. No había agua caliente en las duchas, así que reclamó al hospital. Pero hicieron caso omiso. Al ver esta situación, contó lo ocurrido en su cuenta de Twitter. Minutos después ya tenían agua caliente. “Si no es porque mi tweet tuvo reacción, no habrían hecho nada. Habían abuelitas que se bañaban con agua helada por las mañanas”, dice.

Estuvo más de un mes esperando su segunda intervención, algo que le parecía grave. Antes esto, reclamó en la Oficina de Informaciones, Reclamos y Sugerencias (OIRS), y nada. Cuando finalmente acataron su solicitud, la sorpresa fue mayor: tenía necrosis (muerte del tejido) en la cabeza del húmero. No había más que hacer. El único camino que quedaba era la amputación de la zona. “Eso fue netamente por una negligencia. Por la espera. Después tuve que esperar para una tercera operación para una prótesis semiparcial, pero no funcionó”, cuenta indignado. 

Luego de estar dos meses hospitalizado, recibió el alta. Al paso de los días consultó a distintos médicos para evaluar la posibilidad de someterse a una nueva cirugía, para implantarse una prótesis total. Sin embargo, le recomendaron que no lo hiciera, ya que en Chile no están los especialistas capacitados para realizar ese tipo de intervención. 

“Estando afuera del hospital, me enteré que el servicio de traumatología (de el Hospital Salvador) está colapsado, no hay recursos y las listas de espera son tremendas. Las personas que trabajan ahí hacen lo que pueden con los escasos recursos que entrega el Estado”, afirma. 

“Mi vida cambió completamente. Ahora vivo con mi mamá en Puente Alto y dependo de ella. Si me hubiesen atendido a tiempo, tendría mejor pronóstico en general. Las palabras del ministro Mañalich son una burla salvaje, porque no es la experiencia de la gente. Hay un total abandono sistemático. (Sus declaraciones) Demuestran una desconexión con la realidad, es una burla hacia quienes hemos sufrido, y atenta a la dignidad de cualquier persona”, dice Felipe.

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