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Opinión

Violencia es salvar a Guevara

Por: Francisco Mendez / Publicado: 07.02.2020
/ Foto: Agencia Uno
El personaje a cargo de la Intendencia de Santiago ha sido tal vez una de las autoridades más irresponsables de estos últimos meses, lo que no es poco tomando en cuenta quién nos gobierna. La forma en que ha afrontado el tema del orden público no solo ha sido nada de decoroso, sino también ha alimentado un discurso de guerra que cada vez está llevando al país al acabose.

El debate de la violencia continúa, lo que hace que algunos sigan diciéndonos que condenar la que hay en la calle es un requisito fundamental para que haya una nueva Constitución. No deja de ser curioso, debido a que quienes nos emplazan con el discursito antidisturbios son los mismos que manejan el Estado y aumentan el nivel de rebeldía, o como se llame a estas alturas, en las manifestaciones.

Cuando uno dice cosas como estas, algunos se espantan, nos hablan de los diputados que se creen revolucionarios, y nos tratan de cómplices de un plan maquiavélico. Es cierto, es irresponsable jugar a la revolución teniendo cargos públicos de relevancia, pero también lo es ser intendente de la Región Metropolitana y jugar a ser un chaleco amarillo.

Sí, porque el personaje a cargo de la Intendencia de Santiago ha sido tal vez una de las autoridades más irresponsables de estos últimos meses, lo que no es poco tomando en cuenta quién nos gobierna. La forma en que ha afrontado el tema del orden público no solo ha sido nada de decoroso, sino también ha alimentado un discurso de guerra que cada vez está llevando al país al acabose.

Pero algunos esto no lo quieren ver incluso en la llamada oposición. Cuando se quiso aprobar la acusación constitucional en contra del intendente en el Senado, varios parlamentarios de la vereda contraria al gobierno o faltaron o se abstuvieron. Unos argumentaron viajes y otros dijeron que no sabían qué votar, recurriendo a la “prudencia” y la “moderación” en momentos históricos como estos.

Mi pregunta al respecto es, ¿es moderado tener en sus cargos a extremistas posiciones de poder? ¿Se puede llegar a algún tipo de acuerdo “prudente” cuando quienes ejercen sus labores lo hacen irresponsablemente y sin ni una sola autocrítica al respecto? Por más que algunos jueguen a un empate curioso en el que una autoridad tiene la misma responsabilidad que el tipo que erradamente tira piedras, lo concreto es que no. No hay empate que valga la pena. Hay niveles de responsabilidad superiores en quienes deben dar directrices a las fuerzas policiales y asegurar que los derechos de las personas de la región que comanda no sean violados.

Pero esto no se entiende o no se quiere entender. Se repite que la policía está sobrepasada y no hay otra manera de abordar la situación, pero no es tan así. Lo que pasa es que esta policía ya no puede hacer nada por salvaguardar la integridad de quienes circulan por las calles. Esta policía está viciada hace bastante tiempo, pero resulta que hay quienes no quieren reconocerlo, e incluso la felicitan días después de que atropellan a personas.

¿Qué hacer al respecto? Pareciera que lo más lógico es no usar el Estado como un frente de ataque. También lo sería que quienes tienen altas responsabilidades entiendan en qué consiste manejar el aparato estatal, ya que este debería tener diversas maneras para afrontar lo que sucede en las calles; pero, seamos sinceros, para eso primero se requiere reformar ideológicamente la manera en que se tratan y se comprenden las cosas.

Eso no sucederá si es que no nos preguntamos qué es violencia más allá de discursos en los que la reacción popular, condenable en muchos casos, se equipara a la violencia real, esa que viene desde arriba hacia abajo, desde el cobro de un crédito, la forma en que se calculan las pensiones, hasta tener que pedirle permiso a la Intendencia para hacer algo tan básico como expresar el descontento.

Por eso, violencia es haber dejado a Guevara en su cargo. Aunque es claramente el hilo más delgado en días como estos, hay cosas que quienes ejercen el poder deberían entender, y es que la seguridad pública en ninguna democracia debería ser sinónimo de salvajismo estatal, porque, insisto, tienen otro nivel de responsabilidad. ¿Es tal difícil de entender?

Francisco Mendez
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