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Análisis | Prosperar o perecer ¿Cómo lucirá en Chile la economía de mañana?

Por: Camilo Lanfranco / Laboratorio de Cambio Social / Publicado: 08.08.2020
Análisis | Prosperar o perecer ¿Cómo lucirá en Chile la economía de mañana? Foto: Ecogestos /
Se espera que la vacuna contra el COVID podría estar lista a fines del año, pero la inmunidad general aún parece utópica. Qué significa esto para la economía de nuestro país, donde un 84% de los chilenos piensa que vamos por “mal camino”?

Efectivamente, los estudios hasta ahora indican que la largamente esperada vacuna podría tener una efectividad de solo un 50%, generando anticuerpos que solo duran alrededor de 6 meses. La estrategia inicial, «la esperanza», era que la economía se comportara como una “V”, bajando y subiendo rápidamente. Hoy sabemos que esto no sucederá.

Para los economistas todo cambió…

Economistas han comenzado a reconfigurar sus tradicionales modelos, pues ya no sirven para entender o impulsar la economía. Indicadores antes claves, como la inflación o PIB, han perdido su valor. Una cosa es clara, como indica el ex vice presidente del Banco Mundial Nicholas Stern, y muchos otros, esta crisis económica se diferencia de otras, pues es fundacionalmente transformativa: ya nada será igual.

En este contexto, las inversiones de la próxima década son claves para sobrevivir el resto del siglo. Este cambio en la visión de la élite económica internacional es en realidad alucinante, pues se alinea por primera vez con la visión económica indígena y ancestral: una economía centrada en el bienestar y el medio ambiente. Si queremos sobrevivir y prosperar, pensemos por un momento cómo podría lucir esa economía.

Fig. 1 Se incorpora el planeta, las actividades comunitarias fuera del estado o el mercado, y el trabajo no remunerado, elementos ausentes de la visión tradicional de la economía (Doughnut Economics).

No es crecimiento cuantitativo, sino cualitativo

Desde esta nueva perspectiva, la economía ya no sigue ciegamente el objetivo de un crecimiento ilimitado. Más bien, se pasa a cualificar el crecimiento, entendiendo que hay crecimientos buenos y hay crecimientos que son malos: los buenos consideran las comunidades locales, usan poco o nada de combustibles fósiles, refuerzan la diversidad y la interrelación económica de los actores, aumentando así su resiliencia.

El crecimiento malo, en cambio, explota recursos no renovables, debilita a las comunidades locales, monopoliza los beneficios y aumenta la vulnerabilidad de las economías. Como dice Mariana Mazzucato, mediremos las economías con diversos indicadores, como una especie de tablero de control, con distintas y cualificadas medidas.

Fig 2. Ya existen nuevas maneras de medir nuestras metas, impactos y logros. En este caso, la Huella Ecológica Neta (en déficit o superávit). Fuente: GFN

Debemos pasar de la pobreza a la inversión sustentable

La economía del mañana debería tener un verdadero sistema previsional de tres pilares. Esta democratización del ahorro y la inversión permitiría financiar una nueva matriz público-privada, donde se categorizan las inversiones no por riesgo, sino que por impacto: extractivas, especulativas, o sustentables, transparentando su impacto medioambiental. Como dice el economista Amar Bhattacharya, del Brookings Institution, cada decisión financiera tendrá que considerar la crisis climática. Para construir la infraestructura del futuro, se necesitarán importantes inversiones, remplazando los viejos y contaminantes capitales, por capitales “inteligentes” y verdes. Esta inversión trae trabajo y desarrollo.

Fig 3. Capital “viejo y contaminante” está siendo remplazado por inversiones en energías verdes. Fuente:  Carbon Brief
Fig 4. La demanda de energía renovable es la única fuente energética que aumenta en el 2020. Ya no es buen negocio invertir en contaminantes. Fuente: IEA Global Energy Review

Fin del Estado bipolar, de estado versus privado, de izquierda versus derecha

Marx fue quien impulsó internacionalmente los conceptos de capitalismo y comunismo. Ambos, sin embargo, se definen fundamentalmente por no ser el otro. Y hemos pasado un siglo discutiendo sobre dos caras de la misma moneda: materializar y comercializar el mundo natural con una monopolización de sus utilidades. En nuestro país esta mirada está sesgada en forma de ley por la Constitución de 1980 y las actitudes de la época. Es tiempo que el Estado salga de este juego dicotómico y vuelva a sus nociones fundamentales del bien común: La protección de sus habitantes, el impulso de lo que nos une, el fundamento de justicia.

Es clave entonces un Estado meritocrático, donde lleguen aquellos con las capacidades para hacer el mejor trabajo posible, y no aquellos que sean parientes de congresistas o ministros. Seguirá siendo un Estado imperfecto, pero transparente y democrático, pues trabajará con los recursos comunes que invertimos en él, y los ciudadanos tendremos el derecho de saber e influir en qué se gastan estos recursos. Ya hemos visto como el Estado, y los servicios públicos, son vitales en tiempos de pandemia.

El gobierno no puede subvencionar inversiones que ayudan a unos pocos de manera absurda (como la propuesta de Sutil sobre la carretera hídrica, la ley empujada por el gobierno para salvar empresas desvalorizadas, o la monopolización del mar y del agua).

Foto. El Estado, tendrá un rol innovador, como lo define la economista y asesora del gobierno italiano, Mariana Mazzucato (ver charla aquí).

Un llamado a dejar la exportación de productos brutos, inversiones sin estrategia de largo plazo

En Chile, un pequeño grupo de empresarios explota nuestros recursos naturales y los exporta de la manera más bruta y sencilla posible, sin tomar en cuenta los costos ambientales y sociales que el Estado y la gente debe asumir. Esto nos hace especialmente vulnerables a las fluctuaciones de los mercados internacionales.

Necesitamos identificar temas claves dentro de una estrategia de reactivación sustentable, y ahí enfrentarlos en su conjunto, transformando los sectores hacia metas nuevas, establecidas a través de consensos amplios y democráticos. Es central invertir en una época de educación técnica, social, cultural, de investigación, de servicios de calidad, de trabajo a nivel internacional y de impacto local, y así poder dar valor agregado a los talentos de todes les habitantes de este país.

Fig. 5 – Una vez definidos los objetivos, dentro de una clara estrategia, se desarrollan políticas públicas comprensivas, y las herramientas de medición y verificación. Esto requiere educación y estándares internacionales. Fuente: WGBC

Podemos dejar de ver la desigualdad como una condición que parece absoluta, para evaluarla y controlarla en términos de rangos o de “gradualidad”.

En la economía vemos el alto costo que tiene la desigualdad para los más pobres pero también para los más ricos. Sabemos que en sociedades más desiguales, los más ricos tienen menores expectativas de vida y menor calidad de salud, que en sociedades menos desiguales (Ver charla de Richard Wilkinson). Thomas Piketty explica esto con el concepto gradualidad: cierto nivel de desigualdad fomenta el crecimiento económico y la innovación, pero cuando es extremo socava la prosperidad de un país. En Chile, hemos llegado a una situación que ha sido descrita por la economista Emmanuelle Barozet (y la investigadora Rachel Théodore) donde en vez de valorizar positivamente  la igualdad valorizamos la desigualdad.

Esto está cambiando (ver “ ¿Para que sirve una economía?”), y economistas como Luis Miguel Galindo (Doctor en Economía, consultor para CEPAL, del Banco Mundial y el BID) argumentan que una economía rica se puede definir como una sociedad donde los ricos hacen uso de los servicios públicos.

Economía para el Buen vivir y la felicidad

Durante el siglo XX, la economia dejó atrás tres aspectos esenciales que hoy incorpora: 1. El mundo viviente, es decir la energía y naturaleza, materia y los desechos creados. 2. El trabajo no-remunerado, sobre todo de mujeres, de quienes nos cuidan, alimentan y protegen. Y 3. Los distintos tipos de organización comunitaria, fuera de los mercados y el estado. Por primera vez en la historia pareciera haber una convergencia con los planteamientos de las comunidades indígenas de nuestro continente. Esto es de vital importancia en nuestro país, pues tenemos comunidades vivas, llenas de saber y energía. Ante el avance económico en Europa y Asia, estas comunidades formarán parte de nuestra identidad económica dentro el escenario mundial. No se trata solo de sobrevivir, sino que de vivir bien, con dignidad, sentido, feliz.

Fig 6. Dos formas de ver el buen vivir o la felicidad, con esquemas y herramientas conceptuales distintas:  el buen vivir de la cosmología Mapuche y la felicidad como curva aristotélica. Fuentes: El Blog Salmon y Being Indigenous.

…Y ya hemos comenzado

Es imposible pensar en una reactivación económica a la crisis actual si no tenemos una estrategia clara de desarrollo económico sustentable. Este gobierno, y una buena parte de la elite, no tiene las capacidades para visualizar este futuro: una economía centrada en el medio ambiente y en la gente. En su ignorancia, prefieren criminalizar aquello que es vital para la prosperidad del país: las naciones autóctonas, les activistas ambientales, les inmigrantes, las demandas de la gente en las calles, las mujeres en todas sus dimensiones. En su autoritarismo, vulnerabilizan nuestra economía.

Si sobrevivimos en medio de la crisis, es gracias al reconocimiento de que son justamente estas diversidades que nos pueden dar la mayor resiliencia económica. Es hora de afinar nuestra estrategia de sobrevivencia y prosperidad. 


Camilo Lanfranco. Economista & sociólogo, MA medios, interculturalidad y nuevas tecnologías Colaborador, Laboratorio de Cambio Social.

Análisis | ¿Para qué sirve una Economía?

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