Roberto Márquez: “Los jóvenes son los que nos han hecho cuestionarnos la realidad que vivimos”

Por: César Tudela / Publicado: 07.12.2019
Roberto Márquez / César Tudela
A un día de celebrar los 40 años del disco "El Grito de la Raza", una de las obras cumbres de Illapu, conversamos con Roberto Márquez acerca de cómo este disco cobra vigencia gracias a la búsqueda que la actual generación joven hace de sus ancestros a través del movimiento social, cuyo fuego aún se mantiene vivo.

Illapu es. sin duda, una de las instituciones de nuestra música popular. Con casi medio siglo de trayectoria, una historia de compromiso social sin parangón y varios hitos marcados en la memoria del pueblo chileno, son uno de los grupos más exitosos y con más identificación en momentos de lucha social.

Con un gran concierto programado para este domingo 8 de diciembre en el Movistar Arena, en el que recorrerán una de sus mayores obras musicales, “El Grito de la Raza”, a 40 años de su lanzamiento –que además contará con la participación del actor Luis Dubó en los relatos–, El Desconcierto conversó largo y tendido con su histórico líder, Roberto Márquez, sobre el estallido social y de cómo justamente este disco, parece sincronizar perfectamente con el espíritu de los jóvenes de conocer a sus ancestros indígenas y crear una identidad latinoamericana a través de la caída del sistema.

A propósito del show que tendrán en pocos días más, en el cual celebrarán los 40 años de su disco “El Grito de la Raza”, ¿consideras que la voz de los jóvenes en este estallido social se puede interpretar como, justamente, un grito de la raza?
Mira, en realidad que sí tiene ese sentido. Cuando nosotros hicimos ese disco en el año 79, estábamos en plena dictadura y precisamente lo hicimos en la búsqueda de identificación con nuestros ancestros, en una forma de vincularnos desde nuestros ancestros a la realidad que vivíamos en ese momento, que era más difícil poder decirlo abiertamente. Entonces claro, un trabajo como “El Grito de la Raza” servía para situar la marginación, todo lo que estaba pasando de alguna manera en la sociedad desde la mirada de los pueblos originarios. Tenía como esa doble lectura. Además, en los 70, también hubo un momento en que, si bien no se podían decir abiertamente las cosas, había una suerte de lenguaje que permitía la identificación, por ejemplo, con un trabajo como este. La gente se identificaba frente a la problemática que vivía, y hoy cobra mucho sentido. Uno no puede olvidar que, en este despertar de Chile, la bandera mapuche ha tenido un protagonismo increíble.

Y no solo la bandera. Creo que también hay una cosa de identidad profunda y transversal con los pueblos originarios que antes no se había dado.
¡Por supuesto! Y ahí la bandera es símbolo de esa identidad.

También eso se refleja en la destrucción de los bustos de los conquistadores españoles, de los empresarios que abusaron del indígena.
Es exactamente eso. En este caso, es la identificación con la nación mapuche que además ha soportado lo que hoy estamos viendo los chilenos desde siempre. La represión, la forma en como se les ataca, la marginación, lo poco tomados en cuenta… ellos lo han vivido desde siempre. Por eso, siento que hoy hay esta identificación de nuestro pueblo con sus ancestros que me parece magnífica, porque también hay una suerte de comunión ahí donde hay una lucha que está muy de la mano de la lucha que siempre el pueblo mapuche ha librado sola, y desde allá, desde el territorio, del Wallmapu, con la lejanía que tiene del poder central acá en Santiago. Entonces, creo que esa identificación que nosotros trabajamos y sentimos en este disco se actualiza en esta realidad que vivimos.

“El Grito de la Raza” es como la musicalización del sentimiento de identidad de los pueblos.
Hoy, cuando los pueblos despiertan, ¿qué buscan? Identificación en sus ancestros. Volver a lo de uno, volver a sentir que uno tiene una identidad y que esa identidad es mucho más valiosa que todo lo demás que no es nada más que un caparazón. Te sacas eso más todo lo que te han vendido y te das cuenta que eres un individuo que tiene sueños, que tiene ganas de dedicarle tiempo a sus hijos, de disfrutar la vida, y que la vida no es solo para matarse trabajando.

Hay una fuerte identificación latinoamericanista también, como la misma que plantea el disco. La wiphala es una bandera que se ha visto mucho en las manifestaciones, y que de alguna manera, establece un nexo con el despertar social que está viviendo el continente. Un sueño bolivariano del cual ustedes han sido promotores.
De hecho, nosotros tenemos una presencia en América Latina que tiene que ver con eso, con una identificación. Además, nosotros siempre en la música hemos buscado… no nos ponemos fronteras. En un tema podemos mezclar instrumentos de Colombia, de Ecuador con Bolivia. El tiple y el charango conviven juntos con la quena y la zampoña. Entonces, eso es como un gran sueño de una Latinoamérica que sufre las consecuencias de un modelo que genera riqueza pero que está muy mal repartida, porque si tu ves, las problemáticas se repiten, por eso hoy este despertar no es solo en Chile, sino que se hace continental.

Es la caída del modelo neoliberal, ¿no?
Claro. El que se haya llegado a un nivel de que no es posible seguir soportando ese tipo de sociedad que nos ha llevado a una pobreza que estábamos escondiendo… escondida en estas construcciones que se hacen precarias, en esas casas que son cajas de fósforos, en esos edificios que se ven ahí en Estación Central…

Ni hablar de las poblaciones…
¡Ni hablar! Además, la gente siente que puede acceder a bienes, pero se está endeudando toda su vida, y hasta sus hijos están en deuda con todos los bienes con los que nos están bombardeando a cada instante en la televisión. Entonces, la gente siente que tiene acceso, claro, están las tarjetas, te compras hasta un par de calcetines a 3 cuotas. Es una miseria que está escondida, pero que es la misma que siempre ha sufrido.

Y hay una pobreza escondida en el endeudamiento para poder estudiar, fuertemente validado con el discurso de la meritocracia, pero al final son créditos altísimos que te tienen endeudado toda la vida.
Eso es lo que pasa con los estudiantes, salen con un cartón que muchas veces no es el mejor porque hay universidades privadas en donde lo que más interesa es el dinero, mucho más que el nivel de enseñanza. Y salen endeudados y mucho de su trabajo va para pagar la deuda de la educación que tuvieron. Es un sistema que está estructurado de tal manera que es difícil pensar en cambios reales si no se cambia realmente lo medular, el cómo se ha estructurado la sociedad chilena que ha sido experimento del capitalismo. En Chile, hay un sistema muy perverso que se impuso bajo la dictadura, entonces no tuvo cortapiso, no hubo posibilidades de oponerse, de buscar consenso.

En este contexto, ¿cuál crees que ha sido el rol de la música? Desde las canciones que se han revisitado, como ‘El derecho de vivir en paz’, a los nuevos temas que se están haciendo.
Me parece súper importante lo que los jóvenes están haciendo, esa canción inmediata que está recogiendo lo que está pasando. Siento que la música en sí tiene un rol que jugar, por lo menos un tipo de música, quienes sentimos que nosotros también somos parte de una sociedad, que nuestro oficio es la música, pero es un oficio que está ligado al devenir social de nuestros congéneres.

Como lo decía la Violeta.
Claro, porque la nuestra es una canción que reflexiona, es una canción que está muy de la mano de la vivencia diaria. Por lo mismo los Illapu, que ya tenemos casi 50 años, si tú vas a nuestra discografía te vas encontrando que es como la historia que hemos vivido de la mano de nuestro pueblo.

Es una de las historias de Chile que se puede contar.
Y eso es porque nosotros tomamos esa opción. O sea, también tú puedes hacer música para divertir o para sacar afuera tus intereses artísticos, y eso es válido porque igual la gente quiere bailar, divertirse y todo, pero hay quienes sentimos que desde la música uno puede opinar, puede plantear ciertas cosas. Porque además una canción de repente penetra mucho más allá de lo que uno cree. Las canciones nuestras, algunas de larga data, para la gente representan momentos vividos, momentos que han tenido que ver con su entorno, con su vivencia. Entonces, una canción es capaz de hacerte reflexionar.

¿Entonces crees que las canciones son vitales en procesos como el que estamos viviendo?
Mira, pasa que de repente, estás escuchando una canción que te gusta mucho y hay un, arreglo, una palabra o una frase que te deja meditando, y eso te permite hacer un click para reflexionar de la vida o del momento que estás viviendo.

Voy a volver un poco al disco porque algo que ha pasado con el sentimiento de identificación a través de la música es que viene desde la generación más joven, que no está “seteado” como las generaciones anteriores por el modelo. En ese contexto, me causa mucho sentido una canción como ‘Gigantes del sur’, que viene desde la cosmovisión de los pueblos originarios (mapuches, selknam), pero que hoy se puede leer que son toda esta generación de sangre nueva y furiosa latinoamericana. Ellos parecen ser los nuevos gigantes del sur. ¿Lo lees también así?
Exactamente. Nosotros somos un poco ese mestizaje que tiene que ver con nuestros ancestros y te digo que la sensación más hermosa es ver esa identificación de los jóvenes, que a lo mejor muchos nunca la sintieron, nunca habían pensado de dónde veníamos y que hoy, claro, uno ve a un chico con una bandera mapuche como una búsqueda de él con sus ancestros. Porque, además, en los ancestros está una mirada absolutamente distinta del mundo: el cariño con la tierra, el vínculo que hay con los animales, su visión de la naturaleza, que es definitivamente lo que le falta a nuestra sociedad. Todo ese mundo mágico que tienen los ancestros es la búsqueda en que los jóvenes están. Y claro, no es gratuito que el 2005 hayan sido los pingüinos los que partieron, luego el 2011, y esta vez hayan sido de nuevo los secundarios. Los jóvenes son los que han movido finalmente nuestra sociedad y los que nos han hecho cuestionarnos la realidad que vivimos.

Y la sociedad adultocéntrica históricamente siempre ha intentado pisotearlos.
Claro. Pero llega un momento, lo que pasaba con el evadir y que los viejos sentían que había una fuerza que era increíble. Miraba las imágenes en la televisión cuando empezó y nosotros los viejos estábamos muy sorprendidos. Y eso de a poco se fue asumiendo y fue la mecha que incendió… No fueron los $30, fueron los muchos años de poca preocupación por el ser humano. Todo tiene que ver con la humanidad, con el hecho de hacer un mundo vivible, y eso tiene que ver con la posibilidad en la salud, en la educación. Todo tiene que ver con un humano más pleno.

Ustedes, con su música, siempre nos movieron un poco para sacarnos la venda de los ojos ante nuestra realidad acuciante. Ahora que el pueblo despertó y se reencontró, cuando la utopía se hace posible, ¿qué hacemos?
Lo que hay que hacer ahora es acompañar, y la canción también tiene un rol ahí porque finalmente claro, hubo un despertar, pero ahora hay que ver hacia dónde vamos a ir y cómo vamos a ir; cómo vamos a construir eso que queremos, que es difícil. Muchas veces lo viví desde el escenario, desde las canciones, buscando cómo hacer que la gente se dé cuenta de la vida de mierda que está viviendo. Que el consumismo no es lo más importante. Eso lo estuvimos diciendo, repitiendo, entonces cuando la gente se dio cuenta, es muy impresionante. Nosotros estuvimos recientemente en muchos de los actos que se hicieron en Recoleta, en Renca, el Caupolicán que se hizo con la gente de la salud, y salir al escenario y sentir esa energía que tenía la gente, que te sentían uno más de ellos, que sentían que lo que habías hecho había valido la pena, es una cuestión muy increíble.

Pero hay una paradoja en esa alegría, porque también ha habido torturados, mutilados, muertos…
De eso también hay que hacer consciencia, y en eso también la canción juega un rol. Nosotros, vamos al repertorio nuestro y tenemos canciones como ‘Para seguir viviendo’, que está dedicada a Rodrigo Rojas de Negri, un joven muerto como los de hoy a manos de un Estado opresor. Entonces, en este caso, son canciones que vuelven como ‘El baile de los que sobran’, ‘El derecho de vivir en paz’, las canciones de la Violeta, desgraciadamente porque las cosas no han cambiado y toman plena vigencia. Nuestro deber ha sido siempre el estar, acompañar desde la cercanía que nosotros tenemos con nuestro pueblo, cuestión que hemos construido en ya casi 50 años.

¿El Illapu de esa época inicial es el mismo Illapu de ahora?
Tiene la misma médula, el mismo corazón, y de ahí hemos ido haciendo este camino que de repente cambia la realidad, pero uno está desde su esencia mirando esa realidad y va construyendo junto con el colectivo en el que estás inserto. Porque para nosotros la música es una herramienta que sirve para plantear distintas instancias del ser humano, como la social que es la que mueve los pueblos. Nuestra mirada musical y nuestra mirada desde la poesía siempre ha tenido esa amplitud.

El concierto lo venían programando desde antes del estallido, pero me gustaría saber si como colectivo han conversado sobre lo que está pasando y lo qué ahora significa para ustedes tocar un disco como “El Grito de la Raza”, con todo lo que ya hemos conversado.
Mira, primero, nosotros no estamos celebrando los     40 años del disco. Se da esa casualidad, pero cuando se ideó, lo que queríamos era remontar y sitiar este disco como un hito para cerrar el año, teniendo presente todo lo que venía sucediendo con el pueblo mapuche, lo que estaba sucediendo con los aymarás en el norte, lo que estaba sucediendo con los atacameños y su problema con el agua, que las mineras la están desviando, haciendo un desastre increíble con la naturaleza. Era retomar el tema ancestral, el tema originario y ponerlo fuertemente en la palestra. Y entra en una dinámica en donde hay muchos más hoy que están exactamente en la misma.

Al respecto, ¿han pensado en componer alguna canción sobre la coyuntura?
No tenemos una urgencia de hacer temas que tengan que ver específicamente con lo que le pasó, no sé, a Gustavo (Gatica). Sí fui hace días a visitarlo a la clínica, como lo he hecho muchas veces con familiares de detenidos desaparecidos, o como hemos estado con Illapu en tantas instancias. Da mucha pena, porque tú dices “cómo vamos a seguir en ésta si ya dijimos que nunca más”. En algún momento hubo un “pacto” de la sociedad cuando recuperamos la democracia en que esto no se iba a volver a repetir, pero nos hemos dado cuenta que se vuelven a vivir situaciones que pensaba ya habíamos desterrado de nuestra convivencia.

¿Crees que, en la posible nueva constitución, el rol del arte, la cultura y la música deberían estar más garantizadas o que tenga mayor protagonismo en la sociedad?
Mira, ojalá. Lo que pasa es que hay cosas que están escritas y no se cumplen, como las cuotas de música chilena en la radio. Hay cosas que ya están presentas, relativamente, en la legislación y se cumplen más o menos, si es que se cumplen. Pero este movimiento ha servido para que los músicos también nos reencontráramos. Nosotros estamos en un colectivo junto a 200 y tantos músicos que nunca nos habíamos vinculado de esa manera. Hicimos una asamblea donde había músicos de población, cantores, cuequeros, del mundo del pop, el rock, estábamos todos ahí. Hicimos una asamblea donde nos repartimos para ver de qué manera en un hipotético plebiscito, también la cultura y la música sea tomada en cuenta desde la mirada nuestra. Entonces, la idea es que esta organización que ha surgido se mantenga y que seamos capaces de, en alguna medida, cambiar un modelo que es contrario absolutamente a todo esto que se ha producido.

César Tudela

Roberto, ¿serías asambleísta?
No sé, voy a ver, porque uno no se puede restar si en un momento está la opción. Siento que en esto tenemos que estar todos y buscar la forma de incidir. En todo caso, yo siempre he dicho que para mi la mejor herramienta es la música, es la canción. Muchas veces siento que desde un escenario soy más capaz de traspasar muchas más barreras que metiéndome en la política.

¿Qué le dirías hoy al pueblo chileno?
Lo único que podría decirles es que no perdamos la fuerza, no perdamos esto que hemos ganado, esto de sentir que podemos ser dueños de nuestro destino porque así lo queremos. Como dice un poema del Pato Manns: “si queremos, podemos escribir la historia nueva”. Eso depende de nosotros. Yo siento que esto que ha pasado, este despertar, es algo que muchos soñamos por muchos años, por décadas, que pensamos que nos íbamos a morir y no lo íbamos a poder vivir, entonces de esto yo espero que saquemos el mejor provecho para nuestro pueblo.

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