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Así se vive en el Campamento por la Dignidad

Por: Matías Castro, periodista / Publicado: 13.12.2019
Así se vive en el Campamento por la Dignidad ©Sebastián Verhasselt /
La primera noche eran 39 personas, el martes 48, el miércoles 56 y el número sigue aumentando todos los días. Carpas, carteles, ollas comunes, actividades culturales y de discusión, son parte del panorama diario en esta toma pacífica flanqueada por el Poder Legislativo al norte y el Poder Judicial al sur. Desde el 9 de diciembre algunos gremios que integran la Mesa de la Unidad Social se tomaron el frontis del Palacio de los Tribunales para presionar a los poderes del Estado. Conversamos con algunos de los protagonistas de este alzamiento popular.

“No sabíamos cuánto tiempo nos iban a dejar estar aquí y ya llevamos varios días. Así que este es un buen ejemplo de desobediencia civil con capacidad de organización”, se escucha decir a Mario Aguilar, presidente del Colegio de Profesores, a través de los parlantes que hacen llegar su voz más allá del escenario instalado en el centro de la Plaza Montt Varas, ubicada entre el Palacio de los Tribunales de Justicia y la sede en Santiago del Congreso Nacional, y que desde el lunes pasado está tomada por distintos gremios y organizaciones que conforman la Mesa de Unidad Social.

“Yo armé esa carpa que tiene la bandera de Chile”, dice Mauricio Valderrama (55), profesor de Educación Física. Cuenta que ese lunes, a las 10 de la mañana, estaban escondidos al interior de unos autos en el estacionamiento subterráneo de calle Morandé y que “al toque de una bocina subimos corriendo y nos instalamos desde los dos lados de la plaza. Los que partimos somos de la ANEF, No + AFP, la CUT y el Colegio de Profesores, pero no armamos todas las carpas al tiro porque no sabíamos qué iba a pasar y no queríamos que Carabineros nos quitara nuestras cosas”.

©Sebastián Verhasselt

La primera noche durmieron 39 personas, el martes ya eran 48, el miércoles 56 y el número sigue aumentando todos los días. Se han sumado otros gremios y movimientos sociales, como la Confusam, la organización de vivienda Ukamau, el movimiento de Defensa del Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente; y también personas que llegan solas a  esta toma que busca presionar a los poderes del Estado que tiene al norte y al sur: el Poder Legislativo, para la búsqueda de acuerdos en materia social; y el Poder Judicial, para exigir justicia por las violaciones a los derechos humanos producidos desde el inicio del estallido social el 18 de octubre, hechos denunciados en exhaustivos informes de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la ONU.  

Entre medio de las fuentes de agua y las esculturas de próceres de la patria intervenidas con pañoletas y carteles, hay 35 carpas, 12 toldos pequeños de color azul y blanco, y uno azul más grande, ubicado al centro a modo de escenario. En ese lugar, micrófono en mano, Mauricio –que participa del Departamento de Deporte y Cultura del gremio de los profesores– es el encargado de que se cumplan los horarios del programa diario, que incluye músicos, payadores, humoristas y conversatorios sobre la Constitución, pensiones, educación y vivienda, entre otros temas. Y además, un par de veces durante la jornada, realiza pausas saludables para que las más de 200 personas que están en el lugar durante el día, estiren el cuerpo.

©Sebastián Verhasselt

El desayuno y la once se hacen en el improvisado campamento. De hecho, comparten el té y el pan con los recolectores de basura de la comuna de Santiago, que luego se llevan las bolsas con los desechos de la plaza para mantener la limpieza del espacio. Fueron ellos quienes cortaron el sistema de riego para que no se mojen las carpas. La toma ofrece también comida a la gente en situación de calle que se acerca al lugar. En el caso de los almuerzos, los preparan en el casino del Colegio de Profesores, y el menú ha sido porotos con riendas, charquicán y carne con ensalada.

Blanca Díaz (50), vocera del movimiento Salud Digna para Todos, viajó desde Coquimbo y ayuda a servir el almuerzo todos los días. Entregan entre 150 y 200 platos de comida por jornada, y esperan que la próxima semana sean muchos más. Ella tiene un hijo de 13 años con espina bífida, una anomalía congénita que produce el cierre incompleto de la columna, de los planos musculares y de la piel. “Nuestra propuesta es un seguro universal de salud en que todos los chilenos coticemos el 7% de nuestro sueldo, que es más que suficiente para financiar el sistema público de salud y así sacar a las isapres y las clínicas del negocio”, explica.

–¿Y qué le pasa cuándo el ministro de Salud, Jaime Mañalich, dice que Chile tiene uno de los mejores y más eficientes sistemas de salud del planeta? 

–Me indigna porque él es un mafioso que fue destituido del Colegio Médico y no debería ocupar ningún cargo público. Entonces tenemos en cargos importantes a gente que ha sido cuestionada. Él estuvo en el negociado de las camas en las clínicas en el gobierno anterior de Piñera. Se ríe de los enfermos de Chile.

Autogestión y solidaridad

Aquí todo se realiza con la autogestión de los gremios y las donaciones de los transeúntes. “Traer agua helada, frutas y sillas”, se lee en uno de los carteles. Durante la primera noche, una de las complicaciones que tuvieron fue el acceso al baño. Durante el día se las arreglan con los servicios del Mall Espacio M, que está a un costado, pero finalmente tuvieron que arrendar, con el dinero que juntan ahí mismo, dos baños químicos para utilizar durante la noche.

“El miércoles salió un abogado de tribunales y me dijo: yo no puedo estar con ustedes, así que aquí tienen 100 mil pesos. Y así, hasta la gente que tú menos te imaginas, como una pareja que tenía una vestimenta que no era para nada pudiente nos dio 10 lucas. Esas cosas me emocionan”, cuenta Mauricio.

©Sebastián Verhasselt

No todo es dinero, muchas personas llegan con donaciones de agua, hielo, comida y también de sus propios talentos. Porque en el escenario del Campamento por la Dignidad se han presentado, entre otros, el humorista León Murillo, grupos de payadores de La Pincoya y de Rancagua, el grupo Sexual Democracia, la banda de street jazz Forastero Fernández y se especula en torno a la posible presentación de Los Prisioneros.

Entre la seguridad y las amenazas de grupos fascistas

“Tenemos algunas señas para alertar a la gente que está durmiendo y sepan cómo reaccionar”, explica Manuel Valenzuela (47), consejero nacional de la CUT, uno de los encargados de la seguridad durante la noche. El grupo que lidera se preocupa de identificar a los usuarios de las carpas y que la gente se inscriba en los turnos de guardia nocturna, que se dividen en cuatro: de 12:00 a 2:00, de 2:00 a 4:00, de 4:00 a 6:00, y de 6:00 a 8:00. Se distribuyen en tres grupos que se ubican en Morandé con Compañía, Bandera con Compañía, y en el centro del campamento.

“Tenemos dos sonidos de silbatos diferentes, uno para cuando vienen los pacos y otro para los grupos fascistas, que eso es lo que nos preocupa más porque estamos acostumbrados a enfrentarnos a los pacos, pero hemos visto varias amenazas de los fascistas por redes sociales”, cuenta Manuel, que durante años trabajó como asistente de educación en colegios.   

–¿Cuáles son los planes que tienen para enfrentar a Carabineros y a grupos fascistas?

–Si los pacos vienen a desalojar, tenemos que sacar nuestras pertenencias lo más rápido que se pueda y salir de acá. El tema de los fascistas es más complejo porque ellos vienen al choque, así que ahí las personas mayores que se retiren y nosotros nos vamos a defender. Tenemos nuestros palos guardados por ahí. Obviamente no queremos llegar a eso, pero tenemos que estar preparados.

©Sebastián Verhasselt

–¿Hasta cuándo están pensando acampar acá?

–Esta toma es histórica y ha sido bastante emotiva en cuanto a convivir entre los distintos gremios, porque una cosa es marchar entre todos y otra muy distinta es vivir juntos. Lo bueno es que cada día llega más gente, así que tenemos para un rato largo.

–¿Van a pasar las fiestas de Navidad y fin de año en la toma?

–Nosotros no estamos para celebrar. De hecho acá hay ley seca y nada de drogas. Pero si hay que estar en esa fecha, vamos a estar nomás porque todavía no se cambia nada de todo lo que estamos pidiendo en salud, educación y pensiones, por nombrar algunas cosas. Pero esto no es todo, desde ya estamos pensando qué vamos a hacer después, porque no vamos a estar siempre viviendo acá. Tenemos que empezar a radicalizar las acciones, pero eso es parte de las conversaciones que tenemos que tener entre todas las organizaciones.

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