Artes Escénicas

Lemebel por siempre: A cinco años de su muerte, pares y cercanos hablan de su obra inmortal

Por: Bastián Fernández / Publicado: 23.01.2020
Funeral Pedro Lemebel / Fuente :Agencia Uno
Un 23 de enero de 2015, el escritor, poeta, artista integral y activista, falleció producto de un cáncer de laringe. Pero su legado quedó inscrito en la historia de Chile. "Sus escritos quiebran el silencio de la pobreza, el musgo de la marginalidad y de la irreverencia. Es la imaginación hecha cabeza. La cabeza hecha corazón. Las palabras puestas al revés. La literatura de los bordes”, señala la escritora Montserrat Martorell.

Un cáncer de laringe se llevó a Pedro Lemebel hace cinco años. El poeta fue poco a poco perdiendo su voz, pero nunca se fueron de él la audacia, el talento, la defensa de lo distinto, de los márgenes de la sociedad, su mirada crítica de la sociedad e incluso de la izquierda, esa que nunca lo dejó ser parte sus filas, a pesar de su estrecha amistad con Gladys Marín.

Si bien en sus últimos años de vida no podía decir muchas palabras, las que salían de su boca eran dinamita pura. Prueba de ello, es una de sus presentaciones en 2011, en la que narra el momento en que supo que perdería su voz.

23 días antes de su muerte, escribió un pequeño texto para despedir el año 2014, ahí confesó que su cáncer ya le había quitado la voz. Se lamentó por los besos que no entregó y por las canciones que no alcanzó a cantar. “Viví en este país hermoso que tanto amé con Gladys, con mi madre, con Sergio Parra, con la izquierda dura, que nunca se doblegó”, sentenció en su escrito de Facebook.


El hombre que caminó desnudo sobre un mapa de América Latina cubierto con cristales rotos en la performance “La conquista de América”, de Las Yeguas del Apocalipsis, nunca recibió en vida los premios Altazor o Nacional de Literatura, a pesar de que fue nominado en varias ocasiones, siendo ésta una de las deudas más grandes que tuvo el país con el poeta.

A fines de agosto de 2014, en el Teatro Municipal de Santiago, días después de la ceremonia de entrega del premio Nacional de Literatura, bromeó con que nuevamente no ganó y expresó que le hubiera gustado obtenerlo. Además, confesó en aquella ocasión, que las condecoraciones no le importaban mucho, porque el reconocimiento a su trabajo venía de la gente, la que lo trataba como un rockstar. ¿O será que lo era?

Su amigo, Víctor Hugo Robles (conocido como el Che de los Gays), recuerda que cada vez que salían a la calle la gente le pedía una fotografía, una autógrafo, todos querían algo de Lemebel. “Andar con él era como salir con Madonna, todo el mundo quería ser su amigo. Quedábamos todas relegadas mirándolo de lejos. A su alrededor estaba esta fantasía del escritor rockstar, la que le daba un poco de glamour a la pobreza y a las locas marginales”.

La vida en los recuerdos

Durante sus 62 años de vida, Lemebel no solo dejó invaluables obras, también sorprendió con su atrevida vestimenta, con esa pañoleta que cubría su cabeza y sus clásicos tacos. Y también dejó postales que  calaron hondo en la cultura chilena, como cuando, por ejemplo, irrumpió junto al artista Francisca Casas, en La Chascona de Pablo Neruda para ponerle una corona de espinas al poeta Raúl Zurita. La reacción de Zurita fue decirles que no se la pondría, por lo que la sostuvo con su mano. Los periodistas que se encontraban en el lugar le preguntaron quiénes eran, ellos al unísono respondieron: “Las Yeguas del Apocalipsis”.

Fuente: yeguasdelapocalipsis.cl

Según recuerda Jordi Lloret, creador de Matucana 19, el espacio en el que se dio vida a Las Yeguas del Apocalipsis, el poeta era una persona alegre y con una personalidad muy particular.

Lloret comenta que, durante la dictadura, se enteraron que los franceses realizarían pruebas nucleares en el Atolón de Muroroa. Si bien confiesa que no tenían idea dónde quedaba, de igual manera decidieron protestar. Para ello, fueron a conversar con Rita Ferrer, quien en ese entonces era la encargada del Instituto Chileno Francés de Cultura. “Antes de ir a encontrarnos con ella, pasamos a una botillería por unas chelitas, para así llegar envalentonados a la cita con Rita. Ese día fue hermoso. Pedro llegó con su madre para cagarnos a viva voz el imperio parisino con sus pretensiones”.

Víctor Hugo Robles dice que anécdotas junto al poeta tuvo muchas, algunas son públicas y hay otras que simplemente no se pueden contar. Solo se limita a decir que Pedro fue un vividor, una persona que no tenía límites para gozar de la vida, que pasó de ser un niño de una población muy pobre a dar conferencias en Harvard. Para él, Lemebel fue la gran reina del mundo homosexual y travesti del país.

“Del poeta destaco su sencillez y espontaneidad”, señala la escritora Montserrat Martorell. Además, cuenta que su pareja Fernando Weinsten conoció al poeta en uno de sus tantos lanzamientos, “después de la presentación, ya en la calle, Lemebel se acercó para pedirle fuego. Cruzaron algunas palabras y lo invitó a él y a un amigo, a seguir celebrando en su casa. Lo que pasó ahí queda en el recuerdo”, acota.

Una de las personas que lo conoció durante la dictadura es Carola Jerez, ella señala que durante algunos encuentros que se desarrollaron en su casa, todo era muy experimental, surgían ideas de proyectos y reflexiones sobre la dictadura. Destaca ese humor negro con el que se mofaban de la cruda realidad del país.

Lemebel es para siempre

La figura y obra de Pedro Lemebel perduran en el tiempo. Su arte abordaba temáticas, que hoy parecen más vigentes que nunca, desde la homosexualidad marginal hasta un brutal retrato de la desigualdad. Según señala Martorell, “sus escritos quiebran el silencio de la pobreza, el musgo de la marginalidad y de la irreverencia. Es la imaginación hecha cabeza. La cabeza hecha corazón. Las palabras puestas al revés. La literatura de los bordes”.

Para la escritora Claudia Apablaza, quien ganó el Premio Alba en 2012, la importancia de la obra de Lemebel radica en que hizo un cruce perfecto entre la literatura, la política, las fronteras de clases y de género, que se dieron entre fines del siglo XX y el principio del XXI. “Fue un escritor contestario y valiente”, añade.

El Che de los Gays, su gran amigo, periodista y activista, es enfático en decir que el escritor no está muerto, logró transcender en la historia. “La obra de Pedro no habla de los homosexuales de la Fundación Iguales, sino que de los gays, travestis y lesbianas más vulnerables. Las maricas en Chile no seríamos lo mismo sin su entrega, trabajo y esa pluma loca que describe de manera tan acertada y desafiante el deseo de vivir la sexualidad”.

 

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