Crónicas

VOCES| Hoy temo por esa libertad de informarse y ser informado

Por: Iván Ávila Pérez, periodista, escritor y guionista / Publicado: 16.06.2020
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A veces, algunos temores se hacen realidad, en especial cuando vivimos épocas aciagas que parecen sacadas de algún oscuro guión de ciencia ficción con reminiscencias orwellianas y, por qué no decirlo, del mismo Huxley y su “valiente mundo nuevo”.
Hoy temo por esa libertad esencial no solo de informar, sino que de informarse y ser informado. Una labor que no solo corresponde a periodistas y comunicadores/as sino que a quienes sientan la necesidad de transmitir una información que pueda ser valiosa para uno o más grupos de nuestra sociedad, pequeños o grandes. Y es ahí donde el Gobierno nuevamente ha metido sus manos sucias para perjudicar a los medios de comunicación más pequeños, desde los barriales a los informales, esos que operan prácticamente a fuerza de pasión y entrega por la comunidad, sin más armas que un teléfono, una grabadora, una cámara y la convicción de que la realidad necesita de miradas alternativas a las de los medios tradicionales que rinden culto sumiso y pasivo a las empresas que pagan su subsistencia en desmedro de sus propios contenidos, cuestión que ha quedado en evidencia desde el estallido social. Y a mí no me vienen con cuentos: por muchos años trabajé en varios medios mal llamados tradicionales y conozco en carne propia las presiones para quitar de la pauta nombres de empresas y de personas cuya publicación pudiera afectar las arcas de la empresa, o para bajar ciertos temas que pudieran herir susceptibilidades, digámoslo directamente, de políticos de izquierda o derecha, de empresarios y rostros conocidos. O peor aún, manejar los discursos para disfrazar los capítulos más dolorosos de nuestra historia y “suavizarlos” para no quedar mal con nadie.
Claro, eso era más fácil antes, cuando la comunicación era casi vertical. Hoy, los medios online, cuando se toman en serio su rol, cumplen una función más que necesaria y urgente: ser una voz disidente a la de aquellos que se financian por personas y grupos que pretenden manejar la información a su antojo. Y sin ánimo se convertirme en un conspiranoico cualquiera, creo que la decisión que ha tomado el Gobierno de restringir la cobertura de medios independientes sin iniciación de actividades en el SII, atenta contra ese derecho fundamental, en un momento histórico en el que necesitamos de las más diversas fuentes para hacernos un panorama completo de lo que ocurre en cada barrio, población, pueblo y ciudad de este país, y así, generar el diálogo, el debate y el análisis que tanta falta nos hace.
No puedo sino solidarizar con todos los colegas, comunicadores/as y medios que se ven afectados por esta medida a todas luces injusta y selectiva, casi una cacería de brujas que pretende instalar un solo discurso acomodaticio a intereses burdos que ya todos/as conocemos. No puedo sino que rechazar, como periodista, que se coarte la libertad de información que tantas luces ha arrojado en estos tiempos oscuros. No puedo sino asegurar que sin importar cuánto lo intenten, las voces de quienes se la juegan por entregar otra perspectiva de la realidad, no serán acalladas, que sus plumas seguirán vomitando tinta, que sus cámaras no se apagarán. Conozco a muchos/as de ellos y sé que su pasión y compromiso será superior a una medida a todas luces injusta, incoherente y autoritaria.
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