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La memoria viva de «Hija de Perra» en el activismo de su madre, Rosa Peñaloza

Por: Christopher Jerez Pinto | Publicado: 24.08.2019
A cinco años de la muerte del disruptivo transformista y activista, su legado está lejos de extinguirse. Así lo cree su madre, quien durante estos años se ha dedicado a contribuir con la causa LGBTI y a vivir sus 71 años con plenitud. En conversación con El Desconcierto, la pensionada habla de los últimos días de su hijo, su activismo y la dura lucha que ha dado contra las instituciones.

Mientras hurga en su bolso lleno de fotografías y trabajos artísticos de su hijo, Rosa Peñaloza (71), recuerda los últimos días de Victor Hugo Pérez, más conocido como Hija de Perra; el icónico y transgresor personaje que lo acompañó durante largos años de su vida.

Fueron 88 días los que pasó el activista internado en la Clínica Dávila, a raíz de una agresiva bronconeumonía. Al disruptivo performer ya no le quedaban fuerzas y una meningitis bacteriana lo llevó a decir adiós a «este sucio mundo», como él diría. Sin embargo, esos tiempos fueron de mucho amor, rememora su madre, mientras bebe un café en medio de la bulliciosa Cafetería Pública del GAM.

A través de los años y de mano de sus multifacéticos trabajos, Hija de Perra hizo grandes amistades. Importantes personas que no lo abandonan ni siquiera en su lecho de muerte. «Era una persona muy querida, por eso a la clínica llegaron muchos cercanos que hasta hacían turnos para cuidarlo en las noches», cuenta Rosa.

El 25 de agosto de 2014, día del fallecimiento del artista, fue una jornada gris tanto para su familia como para el activismo. A cinco años de su partida, Rosa comenta que el sentimiento actual es una mezcla de nostalgia y emoción.

«Mi hijo aún tiene muchos seguidores, entonces esta fecha es importante para recordar su trayectoria y la importancia del personaje que creó«, expresa la mujer, mientras ojea una carpeta con decenas de afiches de las performances de su hijo que ha ido reuniendo con los años.

Rosa recuerda que a Víctor Hugo siempre le gustó «ser diferente». Desde pequeño siempre fue crítico de la política y la cultura, y mediante el personaje, explica su madre, el artista se planteaba en contra de lo «empaquetada» que es la sociedad chilena.

Las agresiones que recibió en el camino nunca le importaron mucho. Hija de Perra sabía que iba en el camino correcto. «Siempre andaba acompañado con personas que lo protegían», dice Rosa, quien constantemente temía por la integridad de su hijo. «Hace dos décadas la mentalidad de la gente era más retrograda, y me daba miedo, porque todo lo que va contra la norma, siempre es mal mirado«, agrega.

Parte de las fotos y afiches que guarda Rosa Peñaloza.

El activismo de Rosa

A diferencia de muchos padres conservadores, Rosa no tuvo problemas para aceptar la particular identidad de su hijo. Es más, siempre estuvo a su lado. Lo acompañaba a sus show y muchas veces salieron de compras juntos. Extravagantes sombreros, zapatos altos y pelucas coloridas, eran parte de los atuendos que les gustaba vitrinear juntos.

«Me gustaba mucho fijarme en las reacciones de las personas cuando lo veían. La gente se sorprendía mucho, pero servía para generar un cambio de mentalidad, para educar. Yo nunca juzgué lo que él hacía«, relata sobre el trabajo del artista, que en abril de 2019 llegó al Museo de Arte Hessel de Nueva York con la exposición «Living in Foul».

La jubilada es de la idea de que a los hijos hay que quererlos desde que nacen hasta que mueren. «Mientras ellos hagan lo que aman, una como madre puede estar feliz y tranquila», reflexiona.

Pero esta apertura en la visión de Rosa no es casual. Durante muchos años, la madre de Wally -como también se apodó a Víctor Hugo- ha trabajado colaborando con niños en situación de abandono y adolescentes LGBTI que han sido rechazados por sus padres.

Tras la muerte de Hija de Perra y echando mano a estas experiencias previas, la mujer participa de forma periódica en actividades levantadas por organizaciones de la disidencia. «Donde me invitan, voy. Me gusta hablar con mamás que tienen a sus hijos con VIH, que tienen niños homosexuales y no los entienden. Nos falta ser más empáticos y escuchar al otro. Nosotros, los adultos, tenemos que escuchar a los jóvenes, porque tienen mucho que decir», señala.

En paralelo, Rosa realiza actividades orientadas a los adultos mayores y también colabora con personas que realizan trabajos de investigación relacionados al icónico personaje creado por su hijo. La mujer cuenta que incluso la han contactado desde instituciones conservadoras, como la Universidad del Desarrollo. «Uno pensaría que en esos espacios el personaje no cabe en ningún lado», indica, mientras muestra explícitas imágenes de las performances del activista.

«Yo no tengo tanto conocimiento técnico, pero tengo mucha experiencia para aportar y hacer un bien a los demás«, dice.

Sobre eso mismo, adelanta que su próximo paso será interiorizarse en el tema del VIH/Sida en adultos mayores, dado que las cifras han aumentado en esa población y, a su parecer, «es un tema que nadie toca, porque a nadie le interesa. A nivel de políticas públicas las personas mayores están abandonadas por el Estado», reclama.

Fuente: Revista Fill

Rosa le ganó al sistema

Luego de enfrentar la muerte de su hijo en 2014, durante los años siguientes Rosa debió experimentar otro difícil panorama, que pondría nuevamente a prueba su fortaleza. La madre de Hija de Perra tenía una millonaria deuda con la Clínica Dávila, ya que Fonasa se había negado a cubrir los costos clínicos del activista, dado que éste habría ingresado al recinto por «libre elección».

La mujer apeló a que su hijo se vio forzado a quedarse durante 88 días en la clínica privada, debido a que sus numerosas solicitudes de traslado a establecimientos públicos, no fueron aceptadas en todo ese tiempo. A cinco años de la partida de Wally, Rosa sigue creyendo que el artista fue discriminado en los servicios estatales por vivir con VIH.

En mayo de 2016, la pelea de la madre del transformista con el sistema llegó a su fin. La Superintendencia de Salud falló a su favor y ordenó a Fonasa a pagar los gastos médicos de Víctor Hugo. Para llegar a eso, Rosa agotó todas las instancias, golpeó todas la puertas y se enfrentó varias veces a la indiferencia.

«Al final, en las oficinas de atención públicas no me querían ni abrir las puertas, porque llegaba todos los días a pedir explicaciones. Di la pelea hasta el final, porque si nadie reclama, pareciera que todo funciona bien y eso no es así«, remarca.

A fines de ese mismo año, Rosa debió enfrentarse a otra institución pública: el Ministerio de Economía. El entuerto comenzó cuando la madre del artista solicitó inscribir la marca «Hija de Perra» ante el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual (Inapi). Allí, la respuesta del organismo fue que el nombre era contrario «al orden público, a la moral o las buenas costumbres».

Pero la mujer no quedó conforme con la determinación y decidió apelar. «Presenté muchas pruebas ante ellos, como videos, sus ponencias, sus fotografías, carpetas y carpetas de antecedentes de su trabajo, que incluso lo llevó al extranjero», relata.

Luego de eso, el Inapi se demoró un mes en responder la apelación. La resolución finalmente fue positiva y Rosa aseguró los derechos de marca, al menos hasta 2026. Ese trámite le permitió registrar y oficializar los trabajos del performer, considerando objetos, obras artísticas, piezas audiovisuales y trabajos académicos.

«El legado de mi hijo existe e ‘Hija de Perra’ tiene que perdurar en el tiempo«, dice Rosa sobre sus intenciones al inscribir la marca.

Igualmente, la mujer buscaba impedir que grandes empresas o artistas adinerados utilicen el personaje de su hijo sin autorización y con fines lucrativos. «Si tú eres un par, una persona de esfuerzo, y quieres hacer una polera o un parche con su imagen, yo no te voy a cobrar ningún interés o porcentaje, pero sí le cobraría a alguien que va a facturar con eso», explica.

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