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¿Personas en situación de prostitución, explotación, vender el cuerpo?: Guía para referirnos correctamente a las trabajadoras sexuales

Por: Francisca Quiroga | Publicado: 30.08.2019
¿Personas en situación de prostitución, explotación, vender el cuerpo?: Guía para referirnos correctamente a las trabajadoras sexuales ale 2 |
En un encuentro con profesionales de las comunicaciones y con los periodistas de El Desconcierto, la Fundación Margen entregó directrices para introducirnos en su mundo sin estigmatizar a estas mujeres que decidieron dedicarse al trabajo sexual. Claramente estamos aún en deuda.

En la sala, hay principalmente mujeres de todas las edades. Desde señoras cercanas a los 60, hasta veinteañeras llenas de tatuajes y pelos de colores. Todas diversas y todas con algo en común: se dedican o se dedicaron al trabajo sexual.

Ejerciendo, el llamado “oficio más antiguo del mundo”, salen y salieron adelante, con sus familias, con sus historias, con sus carreras universitarias. Antes fueron bailarinas de cabaret, hoy se mueven a través de las redes sociales. Y aunque discrepan en cómo ser llamadas, (las más jóvenes se autodenominan “putas feministas” y a las menos jóvenes eso no les gusta), todas son empoderadas y resueltas. Pero también, fuertemente estigmatizadas, y, por lo tanto, en riesgo de ser pasadas a llevar en sus derechos fundamentales.

Por eso, Fundación Margen realizó un taller con comunicadores, para intercambiar dudas, conocimientos y darles a conocer la Guía para el Abordaje Periodístico del Trabajo Sexual y las Trabajadoras Sexuales, elaborada por RedTraSex, la Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe.

Una semana antes del encuentro, el martes 27 de agosto, las trabajadoras sexuales visitaron la sala de redacción de El Desconcierto y realizaron un taller sobre el derecho a la comunicación en Chile.

“En las últimas décadas, las y los periodistas han ido incorporando el lenguaje y las denominaciones correctas para otros colectivos (como las/los compañeras/os lesbianas, gays, bisexuales y transexuales — LGBT—; los pueblos originarios, etc.), sin embargo, nuestro derecho a auto-determinarnos como trabajadoras sexuales y ser reconocidas con esa definición, no ha generado tantas respuestas positivas de parte de los medios. ¿No es este, acaso, una consecuencia de prácticas machistas y que busca reproducir determinados roles de género? ¿No está esto relacionado con el hecho de ser mujeres que rompemos ciertas barreras de doble moral que esta sociedad reproduce?”, dice la guía en su introducción.

Aquí algunos apuntes para referirse al mundo del trabajo sexual, respetando los derechos humanos de quienes lo eligieron para ganar un sustento. Si quieres revisar la guía completa, puedes entrar al siguiente link.

Trabajadora sexual vs Puta

“Muchas veces las y los profesionales de la comunicación, reproducen e intensifican prejuicios y preconceptos sobre nosotras y nuestro trabajo”, se explica en la presentación de la guía, donde además se hacen cargo de que hay muchas problemáticas que son comunes a todas las mujeres y que, por lo tanto, el manual respeta la perspectiva de género. “Las mujeres trabajadoras sexuales tenemos los mismos problemas que cualquier mujer en cuanto a las dificultades para negociar el uso del condón (con los clientes y/o con las parejas) o en cuanto a las complejidades que implican los arreglos domésticos de cuidado de las/los hijas/os y de la economía”, ejemplifican en el texto.

“Somos trabajadoras sexuales. No somos ‘prostitutas´, ni ‘putas´, ni ‘trapos’, ni ‘jineteras’, ni ‘cueros’, ni ‘rameras’. Ejercemos el TRABAJO SEXUAL. No estamos ‘en situación de prostitución’ ni nos ‘prostituimos’ ni ‘vendemos nuestro cuerpo por dinero’. Somos trabajadoras, también, por pertenecer a la clase trabajadora y dedicarnos a nuestro oficio para satisfacer las necesidades propias y de nuestras familias, como cualquier otro trabajador y trabajadora”, dice en ¿Cómo llamarnos?, uno de los capítulos más extensos.

“Yo quiero reivindicar que nos llamemos putas. Para muches, el sexo rentado es también una forma de vida”, lanza uno de los jóvenes presentes en la cita con los periodistas. Y es que el movimiento Putas Feministas nació como respuesta a las Abolicionistas, movimiento que postula que la prostitución no es un trabajo, sino que es una forma más de violencia machista, una explotación, en la que las mujeres que lo ejercen no deben reclamar derechos laborales, sino derechos humanos.

“Nosotras vivimos durante décadas la discriminación”, comenta Herminda González, una de las dirigentes más antiguas de Fundación Margen para explicar por qué no le gusta que la llamen con vocablos como “maraca” y un largo etcétera.

En lo que sí concuerdan todas, es en que sus demandas tienen que ver con la regularización del trabajo sexual. “Es una estrategia política arruinar nuestra imagen, vinculándonos con drogas, explotación sexual infantil, instalarnos como el problema, seguir poniéndonos en los grupos de riesgo en las campañas para concientizar sobre VIH, cuando las trabajadoras sexuales hemos disminuido la Prevalencia de VIH en nuestra población y realizamos exitosas campañas de prevención entre pares”, arroja Vesania, quien expuso en el encuentro. “El verdadero problema está en el proxenetismo, ahí está la situación de explotación laboral”, agrega. Y suma que los dueños de los lugares donde se ejerce la prostitución se quedan con un 50 a 70% de las ganancias.

Aparte del mito del foco de infección, las y los profesionales de los medios reproducimos varios supuestos al referirnos al trabajo sexual, como el mito de la maldad, la adicción y la criminalidad; el de la explotación; el de las molestias barriales; el de si están entre paredes es mejor; y el de mujeres que hay que salvar.

Entre las recomendaciones y sugerencias, encontramos promover el interés y la información, no el morbo; evitar contribuir a la confusión entre trata, trabajo sexual y explotación; evitar alimentar el estigma que sostiene que las trabajadores sexuales son criminales; preguntar siempre a las trabajadoras por la voluntad de ser filmadas o fotografiadas; e incorporar perspectiva de género; entre otras sugerencias que se pueden encontrar en el link escrito más arriba.

“No nos gusta ser infantilizadas, ni tratadas como si no supiéramos lo que hacemos”, nos hace reflexionar Vesania. Además “yo no pierdo mis valores cuando soy trabajadora sexual”, concluye con emoción Herminda. La Fundación Margen ha abierto las puertas a los medios de comunicación. Ahora depende de nosotros aprender a tratarlas con el respeto que merece cualquier trabajador.

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