Opinión

Ley de protección del empleo: El gobierno salvando al retail, mientras tú te gastas tus ahorros

Por: Richard Sandoval | Publicado: 21.04.2020
Ley de protección del empleo: El gobierno salvando al retail, mientras tú te gastas tus ahorros | Foto: Agencia Uno
Cómo no va a dar rabia saber que hay miles de pymes apretándose el cinturón, resistiendo en unidad con sus trabajadores, como una familia, para no dejar de pagar sueldos, mientras gigantescas empresas de Cencosud, como Paris y Johnson, se acogen a la Ley de uso de seguro de cesantía; empresas que pertenecen a un holding que el año pasado ganó 154 mil millones de pesos, pese a todas las dificultades del estallido social.

El Presidente Piñera y la ministra Zaldívar nos vendieron la Ley de Protección del Empleo como una medida para ayudar principalmente a las pymes, pero estamos en Chile, y lo que hemos visto en los últimos días ha sido grosero. Las pymes de Horst Paullman, de Ripley y La Polar; las pymes transnacionales de McDonalds y Starbucks, invitan amistosamente a sus “colaboradores” a acogerse a una ley que hará que la crisis la paguen los mismos de siempre; los trabajadores echando mano a sus ahorros, a sus fondos individuales de seguro de cesantía, fondo que quedará pelado cuando todo esto termine y se queden con las manos vacías si es que los llegan a echar.

Mientras los gigantes, los que llevan décadas metiéndose miles de millones de pesos al bolsillo cada año, respiren tranquilitos, amparados en una ayuda que el gobierno dijo que sería “principalmente” para los chicos, pero que termina, como siempre, salvando a los grandes, los amigos de los ministros, los compañeros del Presidente en el ránking de las familias más ricas de Chile.

Cómo no va a dar rabia ver a Ripley acogiéndose a una Ley pensada -supuestamente- en las pymes, una Ley que le abrió el camino a una compañía que el año pasado ganó cien mil quinientos millones gracias a los propios trabajadores a los que ahora les comunica que no tendrán sueldo, que se las arreglen con sus ahorros del seguro de cesantía. Ripley, perteneciente a la familia Calderón Volochinsky, propietaria de un patrimonio mayor a los 500 millones de dólares. Una familia que no se pone cuando se tiene que poner.

Cómo no va a dar rabia saber que hay miles de pymes apretándose el cinturón, resistiendo en unidad con sus trabajadores, como una familia, para no dejar de pagar sueldos, mientras gigantescas empresas de Cencosud, como Paris y Johnson’S, se acogen a la Ley de uso de seguro de cesantía; empresas que pertenecen a un holding que el año pasado ganó 154 mil millones de pesos, pese a todas las dificultades del estallido social. Cómo no va a dar rabia leer a Matías Videla, CEO del holding, con un lenguaje tan buena onda como el de «hemos invitado a nuestros colaboradores de tiendas por departamento a firmar este pacto de suspensión del contrato de trabajo». Invitado. Colaboradores. Los mismos trabajadores -no colaboradores- que te ayudaron a acumular los miles de millones que hoy no se usan para devolver la mano.

Cómo no va a dar rabia leer que Johnson’S “invita” a sus trabajadores a cobrar sus ahorros para la cesantía. La misma empresa a la que el Estado que hoy -indirectamente- la vuelve a ayudar, salvó hace una década cuando le perdonó -a través de Servicio de Impuestos Internos- 125 millones de dólares en deudas e intereses.

Da rabia haber escuchado a Piñera decir que “esta ley busca proteger los empleos y los ingresos de los trabajadores chilenos, proteger a las pymes y dar un impulso a nuestra economía”, y hoy conversar con nuestros amigos y vecinos que trabajan en Corona o en La Polar y escucharlos decir que tendrán que pagarse el sueldo con sus propios recursos ahorrados. Sí, La Polar, la misma compañía que hace una década estafó a cientos de miles de chilenos, abuelas pobres, repactando unilateralmente sus deudas para ganar casi mil millones de dólares ilegales.

Y así sumamos a Burger King, McDonalds y Starbucks, HyM, y tantas más. Miles y miles de empleados, que juntos han generado miles y miles de millones de ganancias, que ahora no reciben de vuelta un esfuerzo de sus empleadores con holgadas espaldas financieras. Es lo que de seguro los trabajadores chilenos no van a olvidar. En su peor momento, sus patrones -gracias a un gobierno que ahora se hace el sorprendido- no los ayudaron, los enviaron a usar la plata guardada en el chanchito del fondo de cesantía. Es una rabia que toma caminos inabordables que pueden terminar en intensos estallidos. Los estallidos que los guardianes del dinero seguirán diciendo que jamás vieron venir.

 

Richard Sandoval