Opinión

¡Quieren todo gratis!

Por: Carlos Cea | Publicado: 28.08.2020
¡Quieren todo gratis! Bancada UDI | Fotografía de Agencia Uno
La próxima vez que un sujeto ultraderechista encare en mi presencia a un manifestante acusándolo de querer todo gratis, le preguntaré: ¿de veras piensa que es la clase trabajadora la que quiere todo gratis? Porque yo veo lo contrario: que en este país la Ley del Embudo tiene rango constitucional, mientras que la Ley de Moraga rige sólo contra los menos influyentes.

La gente común de este país, la inmensa mayoría, pertenece a la clase trabajadora. Y a través de siglos, en sucesivas generaciones, ha hecho suya la convicción de salir adelante mediante el esfuerzo cotidiano, trabajando de sol a sol, limpiamente, sin ahorrar, pero también sin robar, aunque endeudándose.

Son personas pobres y empeñosas (son el «chileno sufrido»), que no han hecho otra cosa que ponerse el overol y darlo todo por sus familias, aunque les paguen migajas.

Pero en los medios masivos esto se muestra al revés: son casi infinitos ya los minutos en pantalla de embrutecedora exhibición de la pobreza como catalizadora del delito. Y, en contrapartida, son también incontables los minutos en que se muestra la elegancia —al menos física— de una clase dominante que se erige en paradigma de la virtud más pura y excelsa, cuyos hábitos de dominio y su poder adquisitivo debemos emular. Desde ahí se formula la raíz misma del aspiracionalismo chileno.

No es de extrañar que cuando la gente común decide soberanamente ejercer su legítimo derecho a manifestarse contra la injusticia social, el abuso y la corrupción, aparezcan por doquier oficiosos emisarios de la tecno-aristocracia criolla intentando invalidar toda acción disidente con el viejo eslogan: “Quieren todo gratis”.
¿Gratis? ¿Quién dijo eso? Revisemos.

Ejemplo 1: JUSTICIA CIEGA. Desde la época colonial reposa en la conciencia colectiva la certeza de que si un aborigen roba una gallina, lo pudren en un calabozo; mientras que el gánster contratado por los supremacistas ni siquiera pasa un día en prisión. Conclusión: el campesino pobre, paga; en cambio sus patrones la sacan barata, porque quieren todo gratis.

Ejemplo 2: PINOCHET FUNDIENDO ORO. ¿Es broma? No lo es: después de que la FACH bombardeó el Palacio de La Moneda, la Junta de Gobierno tuvo el descaro de pedir amablemente, fusil en mano, que la población regalara sus joyas para financiar la «Reconstrucción Nacional», después de la devastación causada por el comunismo. Como si los Hawker Hunter los hubiera pilotado el PC, y como si los atentados dinamiteros no hubiesen sido obra de Patria y Libertad. Y así, por varios días, las señoras de los barrios populares hicieron fila ante La Moneda en ruinas para donar sus anillos de matrimonio (pues más joyas no tenían). Por supuesto que nunca supimos a dónde fue a dar todo ese oro. Puede que en el Banco Riggs lo sepan. En todo caso, para recompensar a las gentiles mujeres pauperizadas, la señora Lucía refundó Cema Chile, institución que terminó de estafarlas. Conclusión: la señora de pobla, paga; y las damas pinochetistas quieren todo gratis.

Ejemplo 3: CONCESIONES HÍDRICAS. Comenzando la década de los 80, la dictadura modifica el Código de Aguas, concediendo derechos de acceso perpetuos y gratuitos para un puñado de terratenientes tramposos y privilegiados que —obviamente— influyeron en que se dictaran disposiciones legales hechas a su medida. Mientras, los pequeños parceleros, medieros y simples usuarios rurales se quedaron sin acceso al agua fluida, debiendo obtenerla en poca cantidad y mala calidad a través de punteras y otros mecanismos más precarios y costosos. Conclusión: los modestos usuarios y pequeños productores rurales pagan caro por el agua, pero los grandes agricultores ultraconservadores quieren todo gratis.

Ejemplo 4: PRIVATIZACIONES. Todos sabemos la gran cantidad de requisitos y erogaciones que debe cumplir un ciudadano de a pie para instalarse con un negocio, por elemental que este sea. Pero si tú eras cercano a Pinochet (UDI o Avanzada Nacional) a fines de los años 80, podrías beneficiarte comprando una empresa del Estado mediana o grande por un precio ridículamente bajo, en el contexto de las privatizaciones irregulares que el dictador terminó de llevar a cabo precipitadamente después de perder el plebiscito. Conclusión: los pequeños comerciantes pagan patente y cubren costos bastante elevados para el tamaño de su negocio; en cambio, algunos inversionistas de la derecha política y económica quieren todo gratis.

Ejemplo 5: A LOS HÉROES TAMBIÉN LES DUELE EL BOLSILLO. Cuando Bernardo O’Higgins le cobró al padre de José Miguel Carrera los gastos incurridos por el Estado de Chile en la inhumación —y quién sabe si en el fusilamiento— de su hijo, lo hizo sin saber que él también moriría en tierra remota y extranjera. Conclusión: es antigua y contraproducente la costumbre de creer que los rivales son quienes quieren todo gratis.

Después de examinar los antecedentes, me he formado convicción, y la próxima vez que un sujeto ultraderechista encare en mi presencia a un manifestante acusándolo de querer todo gratis, le preguntaré: ¿de veras piensa que es la clase trabajadora la que quiere todo gratis?

Porque yo veo lo contrario: que en este país la Ley del Embudo tiene rango constitucional, mientras que la Ley de Moraga rige sólo contra los menos influyentes.

Carlos Cea