Opinión

Becas Chile: ¿eliminar para mejorar?

Por: Valentina Martínez | Publicado: 30.10.2020
Becas Chile: ¿eliminar para mejorar? Ministro de Ciencia Andrés Couve | FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO
La investigación nacional vive una crisis sistémica, profundizada por las últimas decisiones del ministro Andrés Couve, como el cierre de Becas Chile, la no prórroga a becarios en el extranjero y la reducción de beneficios complementarios a becarios nacionales. Si detrás de estas decisiones hay un plan, cuesta entender la imprudencia y desprolijidad de la autoridad que, al menos en el papel, está llamada a robustecer y no truncar la investigación del país.

En abril pasado el gobierno de Chile anunció la suspensión de varios concursos de especialización, dejándonos a la deriva y a la espera de una próxima pero incierta reapertura. Entre los concursos recortados se encontraba Becas Chile, un programa de especialización en el extranjero que financiaba el arancel y la manutención a diversos profesionales para estudiar en las universidades mejor rankeadas del mundo. Actualmente nos enfrentamos a un nuevo escenario: Becas Chile no reabrirá sus concursos en 2021, y tampoco hay certeza de que la intención sea reabrir posteriormente sino más bien se desliza la intención de eliminar Becas Chile y convertirlas en un sistema bancarizado.

Resulta necesario considerar que son estos mismos estudiantes que deseaban postular a Becas Chile los que se han endeudado por el sistema CAE (un sistema que ha demostrado su ineficiencia por sus altísimos niveles de endeudamiento y de morosidad) para estudiar sus pregrados. Si bien el gobierno ya ha expuesto su Ley Presupuestaria 2021 en donde se recortan completamente Becas Chile, el proyecto aún puede ser rechazado en el Congreso, por lo que tenemos tiempo para detener este recorte.

En este contexto, creo necesario discutir la nota publicada el 9 de octubre pasado en La Tercera, titulada “¿Cómo deberían volver las Becas Chile?”, desde las ideas promulgadas tanto por el colectivo Idea Chile, al cual represento, como por el resto de organizaciones científicas con las cuales hemos tenido permanente diálogo y asistencia.

En primer lugar, el cierre de Becas Chile no genera “un escenario propicio” para revisar la importancia de este programa de financiamiento para los estudiantes y el desarrollo del país. Esto se debe a que la evaluación de políticas públicas en su etapa ex dure es un paso ineludible en cualquier proceso de observación y se lleva a cabo como evaluación de procesos. No es necesario recortar o eliminar un programa para analizarlo mejor, sino que este análisis puede ser un insumo para su mejoría, mientras dicho programa permanece existiendo y aplicándose. La última evaluación rigurosa al programa Becas Chile fue en 2017 por parte de la Dirección de Presupuestos (DIPRES) del Ministerio de Hacienda, que tuvo un resultado positivo en términos de efectividad. Aunque la DIPRES en su informe expuso puntos a mejorar, estas sugerencias no fueron escuchadas por las autoridades ni de ese año ni de los años sucesivos.

Como organización que busca defender la reapertura y reformulación del ecosistema nacional de becas, y en sintonía con varios de los entrevistados y miembros de organizaciones que exponen en dicha nota, hemos sugerido algunas mejoras. En este sentido, redactamos una propuesta de reformulación que se le hizo llegar al Ministerio el día 25 de agosto. Sin embargo, hasta este momento no hemos recibido respuesta alguna. Frente a este escenario, se deben emprender las siguientes reformulaciones: incentivar una mayor democratización en el acceso a los programas; propiciar una reinserción efectiva en el retorno de los becarios; fomentar la transición de un paradigma de “capital humano avanzado” con un énfasis economicista a uno de formación humana, interdisciplinario y en línea con los problemas y necesidades de la sociedad. Sobre todo, se hace urgente pasar de un enfoque individualista a un foco de retribución y contribución del becario a la sociedad chilena. Becas Chile no debe seguir con la lógica de formación de “talentos”, ya que la investigación no es atletismo ni un concurso de variedades. Más bien, los investigadores, en tanto ciudadanos, deben buscar mejorar la situación del país poniendo sus conocimientos a disposición de una sociedad más igualitaria, democrática y justa. Para estos efectos, todas las áreas de estudio son igualmente cruciales.

En segundo lugar, respecto al “cierre provisorio” de este programa de becas, quisiera recordar que dicha argumentación fue expuesta por la autoridad científica el 27 de abril pasado, cuando se recortaron diversos programas de especialización con la excusa de la pandemia. En ese momento, la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) señaló que las decisiones políticas tomadas correspondían a “medidas transitorias, considerando la situación mundial de inestabilidad y la necesidad local de disponer de fondos para enfrentar la catástrofe” (ANID, 2020). Aquella vez, la justificación de la autoridad ministerial para los recortes fue que “se tomó la decisión de suspender aquellos instrumentos de vinculación internacional que, si bien son fundamentales para la actividad académica y de investigación, durante este año serán inviables”. Seis meses después, la autoridad vuelve a señalar el mismo argumento, cual déjà vu discursivo, en un comunicado efectuado poco después de que la información del cierre de Becas Chile se filtrara en la prensa. Como si la pandemia sanitaria fuese una especie de ente metafísico aspirador de recursos fiscales, y como si además los gobiernos extranjeros no hubiesen tomado acción alguna durante los últimos seis meses para contenerla, ¿hasta qué punto culpamos al Covid-19? ¿El ministro Couve también creyó, como un ministro amigo suyo, en la tesis de humanizar al virus? Creer y aceptar la premisa del “cierre provisorio” nos parece arriesgado, pues la suspensión bien podría seguir extendiéndose, sustentada siempre bajo los mismos argumentos. Con el anuncio de cierre de Becas Chile 2021 se castiga la formación de dos generaciones de investigadores e investigadoras en sus primeras etapas, y sus posibilidades de aportar a la investigación y el cambio social.

Sobre este mismo punto, y en tercer lugar, es falso que las universidades de preferencia de los becarios se encuentren cerradas para el próximo año. En un catastro realizado hace un par de semanas entre becarios y postulantes, se encontró que más de 20 instituciones internacionales de los países con mayor cantidad de becarios (Australia, Bélgica, Reino Unido, España, EEUU, Irlanda, Escocia, Países Bajos) están en condiciones educacionales de apertura o semipresencialidad para el próximo año. Dentro de las universidades consultadas, un 54,1% reportaba tener clases presenciales y un 45,9% mixto (presencial/online). Junto con ello, luego de revisar el estado de las 20 universidades internacionales con mayor concurrencia de becarios, 19 se encontraban con situación de presencialidad o semipresencialidad para el próximo año. Esta información ha sido recaudada desde las páginas web oficiales de las universidades extranjeras más solicitadas por los postulantes de Becas Chile y es posible consultarla libremente hasta el día de hoy.

En cuarto lugar, quisiera señalar que la discusión relativa a áreas prioritarias, tal como señala la directora de la Red de Investigadores en Artes y Humanidades, Carolina Gaínza, debe considerar también a las disciplinas humanistas. Soy totalmente contraria a la opinión del economista Sebastián Edwards –un gran exponente, por cierto, del reemplazo de los argumentos por las falacias de autoridad–, toda vez que la pandemia ha demostrado que tanto las Ciencias Aplicadas, las Ciencias Sociales, las Humanidades y las Artes son fundamentales a nivel formativo y práctico. El deterioro de nuestra formación humana, con visiones unidimensionales y economicistas, que el ministro Couve tanto ha contribuido a aplicar desde que asumió el cargo, dañan a nuestras disciplinas y a nuestra convivencia democrática, como señala la filósofa Martha Nussbaum en su libro Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (2010). Los desafíos del mañana demandan diálogo, reflexividad, pensamiento crítico, deliberación colectiva y no meramente una visión de cálculo.

Finalmente, deseo enfatizar la necesidad de comprender este problema como una crisis sistémica que vive la investigación nacional, profundizada desde las últimas decisiones del ministro Andrés Couve, como el cierre de Becas Chile, la no prórroga a becarios en el extranjero y la reducción de beneficios complementarios a becarios nacionales. Si detrás de estas decisiones hay un plan, cuesta entender la imprudencia y desprolijidad de la autoridad que, al menos en el papel, está llamada a robustecer y no truncar la investigación del país. Estos últimos siete meses debieron haber estado marcados por una alta participación del ministro en las instancias de diálogo a las que se le ha invitado. Sin embargo, Andrés Couve ha demostrado una falta de compromiso con las labores que respectan a su cargo, ya que de su parte sólo hemos recibido avisos de inasistencia a varias reuniones como, por ejemplo, a las sesiones en la Cámara de Diputados (6 de octubre) y en el Senado (5 de octubre). De este modo, las instancias de vinculación con las organizaciones científicas, reuniones sin carácter resolutivo y visiones a “largo plazo” (¿cuán largo plazo, ministro?) han quedado a la deriva. El primer año de vida del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación se ha celebrado con ambigüedades, evasivas, decisiones a puertas cerradas y con un abandono del ecosistema de investigadores que representan el futuro de Chile.

Valentina Martínez