Opinión

Mala onda

Por: Cristián Zúñiga | Publicado: 09.01.2021
Mala onda Cachagua |
Las imágenes de la fiesta captada en Cachagua no tienen nada de diferente a las realizadas por los amigos de Matías Vicuña a principio de los 80. En la novela de Fuguet, aquellas fiestas se narraban desde algún balneario exclusivo de la costa, donde asistían alumnos de los colegios más caros de Chile, todos hijos de políticos, empresarios o generales. De las fiestas de Vicuña a las de Cachagua, sólo han variado algunos detalles, como el tipo de música de fondo y el color de las drogas. Las nuevas generaciones del barrio alto, a diferencia de los jóvenes de poblaciones, ni siquiera han modificado su forma de hablar.

Llegados los 90, con su democracia tutelada, la vertiginosa modernización capitalista llevada a cabo por la Concertación y el provinciano destape del progresismo local, emergía una novela titulada «Mala onda», escrita por Alberto Fuguet y que narra la vida de excesos y nihilismo de jóvenes del barrio alto en medio de la dictadura.

La historia está narrada en primera persona por Matías Vicuña, joven chileno de 17 años, hijo de padres acomodados y arribistas. Vicuña venía llegando de un viaje de estudios en Río de Janeiro, lugar donde conoce ambientes del primer mundo y se da la vida que siempre había soñado junto a sus compañeros de curso (todos de colegios montañescos). El protagonista se deprime al regresar  y encontrarse con un país en plena crisis económica y sitiado por militares. Matías no está contento de vivir en Chile y una de las formas de evadirse, él y su juvenil entorno, del tedio que significaba habitar este país con olor a ollas comunes y gases lacrimógenos, era a partir de fiestas, consumo de alcohol, drogas, rock y desenfrenado sexo.

Esta exitosa novela, la más popular de Fuguet y para muchos la más representativa de la llamada “nueva narrativa”, da cuenta del abismo existente, durante los años de dictadura, entre jóvenes que nacían y se educaban en el barrio alto de la capital, versus el resto del país. En esta novela se muestra la decadencia de una clase social que concentraba el poder político y económico y, por ende, tenía las libertades propias que esto otorga. Acá se devela el lado B de “las casitas del barrio alto”, mismas que en ese tiempo se persignaban con el cura Medina y admiraban las botas de los regimientos. Las historias de Vicuña navegan entre abortos clandestinos, sobredosis, violencia intrafamiliar, traiciones, crímenes y una desconexión total con  el resto del país.

Lo más probable es que la mayoría de los jóvenes protagonistas de «Mala onda», los amigos de Matías Vicuña, o él mismo, hoy ocupen cargos en sociedades anónimas, directorios de clínicas o universidades privadas. Quizás, los más pelusas, estén en el parlamento o en un ministerio. Es poco probable que hayan tenido que cobrar un bono de emergencia Covid. Pero sí es posible que, alguno de la pandilla de Vicuña, sea el padre o abuelo de algún asistente a la famosa fiesta clandestina ( o privada) de Cachagua, realizada hace pocas semanas atrás, en medio de la actual pandemia.  

Las imágenes de la fiesta captada en Cachagua no tienen nada de diferente a las realizadas por los amigos de Matías Vicuña a principio de los 80. En la novela de Fuguet, aquellas fiestas se narraban desde algún balneario exclusivo de la costa, donde asistían alumnos de los colegios más caros de Chile, todos hijos de políticos, empresarios o generales. De las fiestas de Vicuña a las de Cachagua, solo han variado algunos detalles, como el tipo de música de fondo y el color de las drogas. Las nuevas generaciones del barrio alto, a diferencia de los jóvenes de poblaciones, ni siquiera han modificado su forma de hablar.

No hay que ser experto para constatar una realidad evidente: Chile se mantiene en manos de una oligarquía que se sigue comportando como hace 40 años.  

Se trata de una oligarquía que ha vivido parapetada en tres comunas de la capital, educándose en colegios donde solo ellos acceden, redimiéndose en misas donde solo ellos acceden y veraneando en condominios donde solo ellos acceden. Una incestuosa dinámica que ha causado enormes daños al país, pues se trata de una clase privilegiada que, además, ha ido acumulando gran parte de las ganancias obtenidas por un país que apostó a modernizarse al ritmo del capitalismo.

Quizás por lo mismo es que gran parte de la ciudadanía, cuyo sentido común parece mucho más sensato que las ideologías de viejas estructuras, no esté demandando el derrumbe del modelo o un brusco cambio al socialismo real. Los chilenos quieren dejar de ver los desfachatados rituales de una case social que, desde hace rato, viene saltándose los torniquetes de las mayorías. Mismos torniquetes que saltara, a vista y paciencia, el gabinete de Piñera al sugerirnos comprar flores, levantarnos más temprano para subir al Metro o ir a los consultorios para hacer vida social.

Sin embargo, entre la novela «Mala onda» y la fiesta de Cachagua ha corrido algo de agua. Es más, el exclusivo balneario donde se hizo la bacanal clandestina hoy es también paraje preferido de algunos socialdemócratas e izquierdistas. Y es que puede que después de tanta vida social al calor de la buena mesa política o académica, nacieran buenas amistades de verano.

Podríamos imaginar una versión 2.0 de la novela «Mala onda», una hecha en el Chile actual. Por supuesto que le agregaríamos algo más de meritocracia, piel morena y disidencia, incluyendo a jóvenes provenientes de colegios alternativos: esos que visten ropa de calle y tributan a Miguel Enríquez. Es más, podríamos agregar a unos militantes del Frente Amplio (de esos con apellidos extranjeros), al hijo de una ex Presidenta y, por qué no, al hijo del presidente del Partido Comunista.

Sin embargo, el centro de la historia sería difícil de modificar, pues, al igual que en la novela «Mala onda», estaríamos narrando la historia de un grupo de jóvenes perturbados, hijos de la élite, que bailan desenfrenadamente, mirándose entre ellos mismos y no sabiendo que diablos pasa allá afuera.

Cristián Zúñiga
Profesor de Estado. Vive en Valparaíso.