Opinión

Oliver Sacks: una magnífica vida

Por: Catalina Baeza | Publicado: 13.04.2021
Oliver Sacks: una magnífica vida Oliver Sacks |
Oliver Sacks nos muestra que las vidas, todas ellas, son magníficas y podemos aprender de cada una de ellas cuando somos capaces de escuchar lo que cada persona tiene para contar sobre sí misma sin juzgarla, sin criticarla, sólo escuchar con el cuidado y la curiosidad con que se escucha una melodía nueva. Sacks nos enseña que la diversidad y la neurodiversidad pueden ser vistas desde una perspectiva más humana, más integradora. Su mayor contribución quizás fue la de mostrar que aquellas personas que la sociedad considera diferentes, él las consideró como iguales.

Acabo de ver la película documental Oliver Sacks: una vida y, tomada de emoción, escribo estas líneas que no pretenden ser una revisión de la vida y obra de este maravilloso ser humano, sino más bien mi sentir sobre él, principalmente en estos días donde la pandemia nos ronda con incertidumbres sobre nuestras propias vidas.

Oliver Sacks fue un neurólogo y un “poeta de la medicina”, como dijo The New York Times el día de su muerte. Nació en 1933, en Londres, en una familia de médicos y desde temprana edad aprendió a vivir con la diversidad. Primero su hermano fue diagnosticado como esquizofrénico y luego, en una conversación con su padre, le relata que es homosexual. Se graduó en medicina en Oxford y desde 1965 vivía en Estados Unidos, donde trabajó como neurólogo, profesor y contador de historias, como le gustaba llamarse, y dedicó toda su vida a intentar entender y explicar el funcionamiento de la mente.

Entre sus libros más conocidos están Migraña, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Un antropólogo en Marte y Despertares. Murió en Nueva York, de cáncer, en agosto de 2015, a los 82 años de edad. Cuando en 2015 Oliver Sacks nos anunciaba su partida, me sentí impactada y triste por perder a alguien que, si bien no conocí personalmente, lo sentía casi como un amigo. Un amigo que era fácil de encontrar entre mis libros, un amigo que sin saberlo me enseñó a observar la vida de una forma diferente y con el cual compartíamos algo en común: la migraña. Un amigo que me mostró que era posible y necesario sentir empatía y mucho amor por quienes vienen a nosotros, como pacientes, a solicitar ayuda.

Oliver Sacks nos muestra, con su enorme capacidad de observación y autoobservación, que las vidas, todas ellas, son magníficas y podemos aprender de cada una de ellas cuando somos capaces de escuchar lo que cada persona tiene para contar sobre sí misma sin juzgarla, sin criticarla, sólo escuchar con el cuidado y la curiosidad con que se escucha una melodía nueva. Sacks nos enseña que la diversidad y la neurodiversidad pueden ser vistas desde una perspectiva más humana, más integradora. Su mayor contribución quizás fue la de mostrar que aquellas personas que la sociedad considera diferentes, él las consideró como iguales. Fue con esta mirada que leí su biografía y también fue con esta mirada que asistí a la película.

Oliver Sacks no era perfecto. Tuvo una vida llena de excesos, inseguridades y miedos. Una magnífica vida de búsqueda de sí mismo y de aceptación de su lugar en el mundo. Pocos autores, principalmente en el área de la salud, han tenido la valentía de mostrarse tal cual son: seres humanos frágiles en muchos aspectos, vulnerables en otros y grandes héroes al final de cuentas.

Oliver Sacks nos deja una nueva enseñanza sobre la vida, sobre la muerte y sobre ese limitado espacio que hay entre una y otra. Un espacio de tiempo donde aceptar quiénes somos, amar y agradecer cada día por esa magnífica aventura que es vivir, es lo que al final de cuentas será la herencia que dejamos como seres únicos e insustituibles, más allá de nuestra orientación sexual, nuestras creencias religiosas o la falta de ellas. Una vida que sólo pudo ser construida gracias a nuestra diversidad, nuestra neurodiversidad, nuestros grandes defectos y nuestras profundas heridas. En los días que vivimos, donde la muerte, la incerteza de la vida y la soledad nos acompaña, volver a escuchar las palabras del gran contador de historias de vida que fue Oliver Sacks me recuerda la importancia y lo mucho que he aprendido de cada ser humano que he tenido la suerte de conocer en este espacio de tiempo que llamamos de vida.

Catalina Baeza
Psicóloga clínica, terapeuta familiar. Directora de Nütram Salud Comunitaria.