Opinión

El conversar y consensuar de una nueva Constitución

Por: Pilar Villanueva | Publicado: 29.07.2021
El conversar y consensuar de una nueva Constitución Humberto Maturana |
Un avance significativo es que la lingüista y académica mapuche Elisa Loncon haya sido electa como presidenta de la Convención Constituyente, y que en su discurso tuviera a su lado a la constituyente y autoridad mapuche machi Francisca Linconao. Esto abre puertas para conversaciones que jamás se habían dado dentro de la red de conversaciones que constituía la democracia entendida hasta hace poco. ¿Podremos entonces construir un nütram (que significa el arte de la conversación en mapudungun), donde prima la reciprocidad, la historia y el bienestar de todas las naciones y de la biodiversidad dentro de lo que hoy llamamos Chile? Vale la pena traer a Maturana una vez más, quien nos dijo que “la historia de los seremos humanos sigue el curso de las emociones y, en particular, de los deseos”, pues es aquello que queremos lo que motiva al ser humano a la acción.

La conversación democrática constituye a la democracia: el vivir humano se hace en el conversar (Humberto Maturana)

¿Por qué podemos conversar durante horas cuando conectamos con una persona? ¿Por qué a partir de una conversación se forman las relaciones interpersonales? ¿Cómo una conversación nos puede llevar a nuevos espacios y prácticas del vivir? Conversar es algo que hacemos como humanos de este planeta llamado Tierra. Para el biólogo y filósofo chileno Humberto Maturana, conversar es aquello que nos hace humanos, para la psicología una forma de comunicarnos y conectar con otros, y para otros una forma de pasar el rato. Conversar viene del latín conversatio, que se construye a partir del sufijo con– (reunión), el verbo versare (girar, cambiar, dar vueltas) y el sufijo -tio (acción y efecto). Por tanto, la conversación sería “la acción y efecto de reunirse a dar vueltas”. La conversación se opone a la idea del logos, en términos de debate, debido a que este último es más una lucha por la verdad. Así, al contrario de un debate, conversar es compartir, compañerismo, la intimidad del trato frecuente, he ahí el dar vueltas con otre.

Para otro filósofo chileno, Humberto Giannini, la conversación está regida simplemente por un principio: el placer. No debemos confundir esto con el fenómeno narcisista y apático del gusto de ciertas personas de escucharse a sí mismas. Al contrario, “conversar es acoger”, nos dice Giannini, es “un modo de hospitalidad humana y para la cual deben crearse las condiciones ‘domiciliarias’ tanto de un ‘tiempo libre’ (disponible) como de un espacio ‘aquietado y al margen del trajín’”. Al mismo tiempo, la conversación se opone al diálogo, pues este último es estructurado y sistemático, en cambio, conversar es un espacio abierto, imprevisto, es una experiencia de vida. Maturana hizo un trabajo arduo en torno a la conversación y el lenguaje. Para el erudito, el vivir depende del conversar y el conversar depende del vivir, pues es gracias al lenguaje que podemos vernos, es decir, encontrarnos con un otre en coordinaciones consensuales. “Las palabras son nodos en redes de coordinaciones de acciones que surgen en la convivencia”, dice Maturana para demostrarnos cómo las conversaciones pueden cambiar los dominios de acción y por tanto nuestros modos de convivir. Luego, agrega que “los seres humanos somos lo que conversamos, es así como la cultura y la historia se encarnan en nuestro presente”. Son las conversaciones, como un entrelazamiento del emocionar, del acoger, y del lenguaje lo que nos constituye y configura el mundo en que vivimos.

Hoy Chile está escribiendo una nueva Constitución y deja atrás la Constitución de 1980, que fue escrita en dictadura y con la sangre de miles de herides y desaparecides. Por esto, me parece más que esencial hacer esta reflexión: preguntarnos por las conversaciones que configuran nuestro domino de acción y que, a su vez, constituirán las coordinaciones consensuadas que veremos en la nueva Carta Magna. ¿Cuáles y cómo deben ser las conversaciones que hagan surgir la red de acciones que constituirán nuestros modos de vivir y relacionarnos? Por tanto, pienso que nuestras preguntas deben ir no sólo al texto en sí que será el producto de la Convención Constituyente, sino que a las conversaciones que están permeando su proceso, y se dan al interior y exterior de estas asambleas. ¿Las sesiones de la convención están siendo mediadas principalmente por la conversación o es más bien dominada por el debate? ¿Las conversaciones están priorizando las emociones o están ocurriendo desde el ego o la política debajo de la alfombra? Y cuando hablo de las emociones no me refiero al hablar desde la rabia, la competencia, el odio o la ira, que sólo reducen la inteligencia humana. Al contrario, pienso en las emociones como “dinámicas corporales que especifican sus dominios de acción en que nos movemos” (Maturana dixit), es decir, entender la acción humana a través de la acción que la posibilita.

Un avance significativo es que la lingüista y académica mapuche Elisa Loncon haya sido electa como presidenta de la Convención Constituyente, y que en su discurso tuviera a su lado a la constituyente y autoridad mapuche machi Francisca Linconao. Esto abre puertas para conversaciones que jamás se habían dado dentro de la red de conversaciones que constituía la democracia entendida hasta hace poco. ¿Podremos entonces construir un nütram (que significa el arte de la conversación en mapudungun), donde prima la reciprocidad, la historia y el bienestar de todas las naciones y de la biodiversidad dentro de lo que hoy llamamos Chile? Vale la pena traer a Maturana una vez más, quien nos dijo que “la historia de los seremos humanos sigue el curso de las emociones y, en particular, de los deseos”, pues es aquello que queremos lo que motiva al ser humano a la acción. Entonces, ¿cuáles son nuestros deseos desde el cual construir nuestras conversaciones que constituyan nuestras coordinaciones consensuales para el con-vivir? La respuesta quedó clara tras el año de protestas en las calles de todo Chile durante el estallido social que comenzó el 18 de octubre de 2019. Por mencionar algunos de los deseos que se veían en las calles están; a) educación pública y gratuita y, añadiría, centrada en el nivel emocional, al ser la base del crecimiento humano, por tanto, una formación entorno al respeto, la responsabilidad ciudadana y la auto-consciencia; b) un sistema de salud universal que cubra las necesidades básicas, y la emocionalidad, no sólo en su importancia en el conversar, sino también en la salud mental, que debe ser atendida como epítome del capitalismo; c) un sistema de viviendas y un sistema económico que no se construya mediante la explotación de la naturaleza y los ciudadanos, pues vivimos en un planeta simbiótico, donde tanto humanos, animales no-humanos y plantas dependen entre sí; y d) políticas migratorias éticas que acojan, reconozcan y acepten al otre desde su alteridad y accionar, en el marco del derecho humano y social a desplazarse, tal como los seres vivos lo hemos hecho por siglos.

Todos estas coordinaciones de conversaciones que acabo de mencionar tienen en común la alteridad, en tanto acogimiento del otre. Están cruzadas por la conversación como modo de aceptación del otre, no desde la competencia, y es por esto que debemos más que nunca sumergirnos en estas conversaciones para construir el país y el mundo que queremos, adentrarnos en las conversaciones que lo han construido como una práctica social continua. Si mantenemos en nuestro emocionar, en nuestro lenguaje, es decir, en nuestras conversaciones, estos deseos que dirigen las acciones consensuales hacia la transformación del país, podremos construir la libertad social que queremos. Esto no significa dejar que la Convención Constitucional haga todo sino, al contrario, debemos hacernos parte de esta red de conversaciones y re-configurar la coordinación de acciones consensuales que han construido lo que significa Chile. La micropolítica también es una conversación que nos abre la puerta para practicar nuestro quehacer desde las emociones, específicamente desde el amor, no entendido de manera romántica o heteronormativa, sino como la aceptación del otre como otre, aceptar su legitimidad y sus circunstancias, y con esto incluyo la tierra y todos los organismos que en ella habitamos.

Pilar Villanueva
Estudiante doctoral de Culturas y Literaturas Latinoamericanas, The University of Texas at Austin.