Opinión

Sobrevaloración de la felicidad: factor de riesgo para la depresión

Por: Cecilia Besser | Publicado: 15.01.2022
Sobrevaloración de la felicidad: factor de riesgo para la depresión |
Vivimos en un contexto social donde existe una demanda actual por ser felices. Esta sobrevaloración de la felicidad, o la positividad tóxica como se ha llamado, nos exige pasarlo bien todo el tiempo (ser felices) y, por lo mismo, negar o degradar las experiencias dolorosas, ya que no son bien valoradas socialmente. El afán por cumplir y lograr muchos objetivos exacerba una falsa sensación de omnipotencia de las personas, e impone una carga para los individuos que muchas veces es difícil de sobrellevar.

El 13 de enero se conmemoró el día internacional de la lucha contra la depresión, una enfermedad que afecta a un porcentaje importante de la población mundial y que sigue siendo incomprendida. La depresión no es cualquier enfermedad mental, pues afecta a más de 300 millones de personas en el mundo, impacta a personas de todas las edades, pero mucho más fuertemente a adolescentes y adultos mayores.  Sin embargo, la depresión no afecta a todos por igual: las mujeres de menor nivel socioeconómico son las que muestran mayores tasas en Chile.

El gran problema con que nos enfrentamos hoy en día tiene relación con la estigmatización de las enfermedades mentales, lo que se suma a una sobrevaloración de los estados de felicidad, mediada en la mayoría de los casos por las redes sociales. Esto conlleva a que este fenómeno siga siendo un obstáculo para que las personas pidan ayuda, aun cuando es una patología cubierta en Chile por el programa GES para personas de 15 años y más. Esto es especialmente relevante en función de que muchos de los casos pueden llegar a riesgo suicida, siendo la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años. La depresión requiere atención médica especializada para su oportuno diagnóstico y tratamiento, ya que no se trata de un simple decaimiento en el estado de ánimo, sino es una enfermedad que requiere un tratamiento eficaz para salir adelante.

Cuando pensamos en los determinantes que influyen en la aparición de cuadros depresivos, lo primero que debemos hacer es no tener miedo a hablar de depresión y suicidio, entender que más información nos ayuda a eliminar esta estigmatización, contribuyendo a que las personas afectadas inicien un tratamiento adecuado. En este sentido, es importante mencionar que la depresión es un trastorno que no se reduce a la biología, sino que tiene importantes condicionamientos sociales. Tenemos que tomar conciencia que no somos entes individuales aislados, sino que nuestras experiencias se viven dentro de un contexto social determinado y, por lo menos, los condicionantes sociales impactan significativamente en estas experiencias.

Es importante mencionar que vivimos en un contexto social donde existe una demanda actual por ser felices. Esta sobrevaloración de la felicidad, o la positividad tóxica como se ha llamado, nos exige pasarlo bien todo el tiempo (ser felices) y, por lo mismo, negar o degradar las experiencias dolorosas, ya que no son bien valoradas socialmente. El afán por cumplir y lograr muchos objetivos exacerba una falsa sensación de omnipotencia de las personas, e impone una carga para los individuos que muchas veces es difícil de sobrellevar. No es de extrañar entonces que las mujeres sean el grupo donde se puede observar mayor prevalencia de la enfermedad: el afán por ser súper mamá, súper trabajadora, súper hermana, súper pareja, súper dueña de casa, nos impone exigencias que no son fáciles de cumplir, y si a esto le sumamos que el endeudamiento es uno de los factores de riesgo más importantes, nos enfrentamos a una situación crítica en Chile. En este sentido, factores propios del género como falta de oportunidad, dificultades para concretar proyectos, falta de apoyo social y vivencias de exclusión social, han puesto a las mujeres en una situación de vulnerabilidad para manifestar este tipo de trastornos. Cabe preguntarse por qué si tenemos claro el diagnóstico de los determinantes de la salud mental, aún no hemos generado acciones específicas para este grupo en particular.

Desde el estallido social hemos sido conscientes de cómo impacta el factor social en la aparición –y mantención– de la patología. Frases como “No era depresión, era capitalismo” o “Agárrate Piñera, que se acabó la sertralina” destacaron por sobre una serie de consignas que manifestaban el malestar de la población. Cada una de estas consignas deja al descubierto que el tema de las inequidades socioeconómicas y sociales habían permeado de manera significativa nuestra salud mental.

La vida no es estar bien todo el tiempo. La sobrevaloración de la felicidad nos invita a un juego tramposo, ya que nos impulsa a negar nuestros estados más displacenteros, instándonos a demostrar que en realidad estamos bien. Esto es justamente lo que se trasforma en depresión. El sistema nos exige que seamos funcionales y productivos, que seamos siempre jóvenes, bonitas y sonrientes. Entender que darle espacio al sufrimiento, validarlo como parte importante de la vida, nos impulsa a ser conscientes de nuestros estados afectivos y a solicitar de manera efectiva y oportuna el tratamiento adecuado para hacer frente a esta difícil enfermedad.

Cecilia Besser
Psicóloga. Directora del Centro de Estudios y Atención a la Comunidad (CEAC) de la Universidad Católica Silva Henríquez.