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César Leiva, ex CM detrás de Contralorito: «Kast sabe que su vitrina son las redes sociales, encontrar en el enemigo un espacio de sobrevivencia»

Por: Carlos Jara | Publicado: 15.01.2021
César Leiva, ex CM detrás de Contralorito: «Kast sabe que su vitrina son las redes sociales, encontrar en el enemigo un espacio de sobrevivencia» Foto: Instagram |
Agotado por las constantes amenazas de parte de grupos de derecha y aburrido de la persecusión de parlamentarios del mismo sector, César Leiva, el comunity manager detrás de Contralorito, anunció su renuncia al cargo este pasado martes. El joven cierra con ello un periodo de algo más de dos años, en los que junto a su equipo lograron cambiarle el rostro a una institución antes percibida como demasiado técnica y burocrática. En conversación con El Desconcierto, Leiva da cuenta de esta experiencia, revela el funcionamiento interno del equipo detrás del popular ave, y repasa a los líderes del oficialismo en relación a su alianza con José Antonio Kast.

Hace unos días, el popular pájaro que se encarga de las comunicaciones de la Contraloría -Contralorito- perdió a uno de sus elementos claves detrás de las pantallas: el comunity manager César Leiva (29), uno de los grandes responsables de la existencia del conocidísimo personaje.

El joven nacido en Maipú, sorprendió el pasado martes al publicar un video en sus redes sociales en el que explicó que su renuncia se debía a las constantes amenazas y hostigamientos de grupos de extrema derecha asociados a José Antonio Kast. Con una polera sin magas que contrasta con lo serio de su anuncio, pero que concuerda perfectamente con el estilo de Contralorito, Leiva agradeció las palabras de apoyo y publicó el registro con el que pretendió cerrar esta etapa de su carrera.

Dueño de dos perros y dos gatos, padrino de sus 3 sobrinos y proveniente de una familia católica -aunque él mismo se declara ateo- Leiva ha protagonizado diversos episodios de cuestionamientos a Contralorito, así como otros en los que el popular personaje ha respondido sin miramientos a entidades como el BancoEstado o parlamentarios, ganándose adeptos y también el rechazo entre distintos grupos de la población.  

Creador de los exitosos personajes «Gastón y Nova» del Ministerio de Energía, ex estudiante del Instituto Nacional -donde participó activamente de la Revolución Pingüina- y hoy profesor de la USACH, el publicista concedió una entrevista a El Desconcierto en la que se refirió a las dificultades que atravesó en distintos momentos de su paso por la Contraloría, a la forma en la que las problemáticas eran resueltas en la interna del equipo, y a lo que espera de los políticos oficialistas, a quienes interpeló para que no pacten con José Antonio Kast y no validen así su discurso de odio.

«Hay una clara inconsecuencia en cómo por un lado tenemos a Lavín diciendo que Chile necesita reconciliación, encontrar un centro común, pero por el otro lado  hacen un pacto político con alguien que piensa todo lo contrario. Que trata a todo el que no piensa como él como un zurdo. Se produce entonces una inconsecuencia porque aceptan a alguien que no cree en el diálogo», comenta para luego sentenciar: «lo que están haciendo es allanarle el camino para que siga creciendo». 

– Comencemos por el origen. ¿Cómo nace Contralorito?

Cuando yo llegué (en 2018) ya estaba. Era un corpóreo y no tenía esta personalidad. No era un personaje que tuviese interacción, y el foco era para los niños, como pensado para hacer educación cívica en los colegios. Y ahí, la propuesta que yo presento, es primero en las redes sociales de la Contraloría. La idea era, en un comienzo, que Contralorito fuera un personaje protagónico de las historietas de redes sociales. Que fuera una historia de cuatro partes o menos, de algo que le pasaba a Contralorito y terminaba explicando un concepto de Contraloría. Luego la idea va evolucionando, porque en 2018 todo lo publicábamos en la cuenta de Contraloría, las historietas, todo. Y la gente empieza a reclamar, hasta que a mediados de 2019 decidimos crear una cuenta separada y que el personaje comience a hablar en primera persona.

– ¿Cómo funcionan en la interna? ¿Cómo deciden los contenidos, lo conversan todo?

Yo cuando entré tenía como diez mil filtros, varias personas tenían que dar los vistos buenos, etc. Luego de un proceso de desarrollo de confianza ya empiezo a pasar por menos filtros, para que la comunicación sea lo más expedita posible. Eso se va produciendo paulatinamente.

– ¿Qué pasó, por ejemplo, cuando la Contraloría los corrige en Twitter?

Sí, eso pasó una vez que estuve de vacaciones. Cuando pasaba eso nadie se atrevía a tocar el Twitter, porque había mucho miedo a equivocarse. En mi caso ya estaba acostumbrado, porque ya varias veces había tenido que asumir cierto tipo de precisiones, cosas así, entonces lo fui aprendiendo en la marcha. Yo a esas alturas ya era cuero de chancho, si me equivocaba en algo lo borraba no más y no tenía ningún miedo en publicar. Pero pasaba eso cuando me iba, teníamos que dejar las publicaciones programadas porque nadie quería publicar.

– ¿Cuántas personas son en el equipo?

Hay un departamento de comunicaciones, que son como diez personas. Nosotros en redes sociales éramos cuatro, dos ilustradores, una ilustradora y yo. Todos podíamos publicar, pero la responsabilidad administrativa la tenía yo al final del día.

– Y en temas como cuando Sebastián Sichel se va del BancoEstado y ustedes le escriben a la cuenta de BancoEstado, criticando el uso que estaban haciendo de la institución pública al despedir a Sichel. ¿Cómo se toma esa decisión?

Esa decisión no la tomé solo. Esa fue autorizada completamente por los altos mandos de la Contraloría. Esto porque en general tratábamos de resolver los conflictos de redes sociales en redes sociales. O sea, si hay un conflicto que se deriva de redes sociales institucionales, se trata de resolver a través de redes sociales, porque así el tema no saldría más allá de un problema propio de las redes sociales, y que además sirviera para dejar en claro las directrices de la Contraloría. Y en este caso fue autorizado, completamente.

– ¿Cómo fue para ti en lo personal la disputa con el diputado Coloma?

Fue fuerte. Yo en lo personal sentí como que me estaban pegando una pisoteada. Sentí como un pequeño sentimiento de abuso de poder. Porque yo no tengo la tribuna que tiene el diputado, no puedo salir a defenderme públicamente. Yo le tuve que contestar fuera de horario laboral… no podía hacer una defensa de mi trabajo. Pero lo que él quería era criticar nuestra gestión en base a nuestra fiscalización de Carabineros, y el CM no tenía nada que ver con eso. Si vas al  origen, el problema es la misma institución que comete las irregularidades. Ellos ni siquiera apuntan al fiscalizador, sino que al que comunica la fiscalización, entonces hay ahí un error bastante burdo, que te hace pensar que es intencionado. Un intento por desacreditar a la institución a través de la desacreditación del mensaje, y de amedrentarme a mí también.

Yo creo que ellos sabían que la comunicación de la Contraloría estaba siendo efectiva. La mayoría de los diputados ven las redes sociales como una herramienta política y comunicacional. Ellos saben cuando una cuenta es efectiva o tiene arrastre. Entonces el nivel que iba alcanzando la cuenta de Contralorito generaba problemas, porque un diputado hacía una crítica a la Contraloría, y las personas salían a cuestionar a ese diputado. Eso pasó muchas veces, pero no porque nosotros le dijéramos a la gente que lo hiciera, sino porque le dábamos herramientas para que ellos supieran por qué lo que estaba diciendo ese personaje político era incorrecto.

– ¿Cómo ves la alianza entre el oficialismo y José Antonio Kast?

Complejo. Yo creo que ellos (oficialismo) debiesen ver el peligro que hay en el crecimiento de la representatividad de Kast. Y creo también que puede haber una sobrerepresentación de un grupo que es muy peligroso para la sociedad. Porque tiene un pensamiento muy totalitario, e incluso fascista. Y cuando le das cabida a estos grupos extremos, lo que estas haciendo es allanarle el camino para que sigan creciendo, con discursos de odio. Y cuando tienes un compromiso con la democracia, no puede ser que le abras la puerta a personas que no creen en esos principios. Porque te vuelves cómplice de que estas personas puedan en algún momento llegar a tener un poder de decisión mayor, y que puedan hacer uso de esas prácticas totalitarias que tú dijiste criticar, entonces en cierto modo creo que es un inconsecuencia.

Yo me imagino que es un debate interno dentro de las propias fuerzas de la centro derecha. Yo tengo muchos amigos en este sector y esto también les parece chocante. Que finalmente se le permita entrar a un pacto político a una persona que le ha hecho tanto mal al debate democrático y de ideas.

– Kast celebró tu renuncia, ¿cómo te explicas que insista en su actitud?

Yo creo que hay un tema suyo con personas que están detrás de las redes sociales. Porque él sabe que su vitrina son las redes sociales, sabe que su espacio son las redes sociales. En otro espacio, más democrático, donde las personas tuviesen que dialogar de una manera más sana, él no tendría esa cabida. Si te fijas cada vez que él tiene un conflicto con una persona, la bloquea. En la vida real no se puede andar bloqueando a las personas. Entonces él sabe que su espacio son las redes sociales, entonces cualquier cosa que le parezca interesante, positiva o que sea efectiva en redes sociales, le va a producir interés. En ese sentido yo creo que él sabe o sabía que Contralorito es una amenaza para su pensamiento. Porque nosotros varias veces salimos a corregir cosas que decía porque eran falsas. Nuestra política era esa, que las fake news se corregían públicamente. Entonces una persona que da información falsa obviamente va a tener un choque y va a encontrar a un enemigo. Si esa es su lógica, encontrar en el enemigo un espacio de sobrevivencia.

– Uno de los grandes temas en que se basan las críticas y amenazas en tu contra es por tu presunta filiación política. ¿Has militado en algún partido?

En 2016 fue mi primera cercanía con un partido, y milité menos de un año en uno que se llamaba Izquierda Ciudadana. No duré mucho porque sentí que el discurso ese de la política nueva, de renovar los partidos políticos, no era efectivo, al final era la misma lógica de los partidos tradicionales, así que me terminó decepcionando y renuncié.

– ¿Te vas con un sabor medio amargo de la Contraloría?

Completamente. Uno queda con la sensación de haber hecho un trabajo incompleto en cierto sentido. Teníamos muchos proyectos en carpeta aún, que espero el equipo pueda seguir llevando adelante.

– ¿Qué es lo que más extrañarás?

Poder contar cosas que después una persona te diga ‘oye, yo no tenía idea de esto’ y que le haya servido para algo de su vida cotidiana. Desde ayudar a una persona migrante a tramitar su licencia de conducir o a un funcionario de una institución a acceder a una vivienda fiscal que no le otorgaban, ese tipo de cosas te generan una gratificación gigantesca. Sentir que la institución le cambió la vida a una persona. Ese tipo de cosas que uno dice ‘vale la pena trabajar para el Estado’.

– ¿Qué se viene en tu futuro?

No lo sé, tengo varias propuestas de trabajo, colaboraciones, cosas entretenidas, así que estoy evaluando aún. Obviamente mi ámbito va aún por las redes sociales, y sigo haciendo clases en la Usach también.

– ¿Otra institución estatal quizá?

No estoy seguro aún, la verdad. El Ejecutivo es una opción, pero se me produciría un conflicto en cierto modo porque podría verse como que el fiscalizador se fue a trabajar con el fiscalizado. Entonces me quedan otras opciones en instituciones autónomas, que no tienen relación directa con la Contraloría.

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