Escena

CRÍTICA| El fin del patriarcado en un liceo de provincia: «El nudo»

Por: Rodrigo Hidalgo, escritor y periodista | Publicado: 08.09.2021
CRÍTICA| El fin del patriarcado en un liceo de provincia: «El nudo» |
“El nudo” es una obra cruda y divertida que se presenta hasta este fin de semana (12/9) en GAM, y que interpela al mundo adulto y a los profesores en su dificultad para enfrentar el cambio del paradigma que encarnan las nuevas generaciones.

Escrita por Isidora Stevenson y Bosco Cayo, y dirigida por Aliocha de la Sotta, esta obra es una patada en las canillas con la cara llena de risa. Una alevosa jugada de La Mala Clase. Divertida y explotando un humor negro crudo y autóctono, la experiencia es a la vez finalmente dolorosa e incómoda como la realidad, pues nos señala el feroz pasmo de la crisis en que nos hallamos como adultos responsables ante las nuevas generaciones. Hablamos, claro que sí, de la caída del patriarcado.

El nudo nos propone una encrucijada tan real como metafórica, un conflicto entre generaciones al interior de una comunidad y establecimiento educativo. Estamos en un liceo en La Unión, localidad del sur del país. Y se nos presenta una galería de personajes que serán interpretados por los mismos cinco actores y actrices en notables desdoblamientos. 

La dupla de protagonistas la conforman el profesor del taller de nuevas masculinidades y la profesora del taller de feminismo, sujetos atravesados por contradicciones complejas. Llamados a ser la heroína y el villano disfrazado de héroe caído en desgracia, representan al más amplio profesorado, dijéramos los docentes adultos jóvenes, que se debaten en una guerra sin cuartel, angustiante y agresiva, fracasando ante sus propies estudiantes, que les gritan ¡basta de enredarlo todo! La profesora y el profesor son la generación enredada en un nudo ciego, que instalaron como un axioma la desconfianza y el separatismo entre sus estudiantes. 

La profesora del taller de feminismo es cómicamente perfecta, habla inglés y quechua, es un arquetipo de mujer exitosa, entre new wave y milenial, intelectual y yogui, una líder natural que hasta las señoras mayores desean emular. Su contraparte, el profesor de nuevas masculinidades, es un personaje que nos mueve a la risa por su manera ridículamente paródica de hablar, pues se trata de alguien cuyo discurso, cuyas palabras hacia los alumnos contienen un llamado sensible a la no discriminación, al cese del sentido del humor agresivo, machista y homofóbico; pero la forma en que habla no puede ser más similar a la de un sargento. Este profesor puede confundir a más de algún espectador. Es un abusador en el 99% de sus posibilidades, aunque no se pueda probar nada en su contra. Si es inocente o no, usted elige, pero lo importante es que la obra señala justamente esa grieta, cómo puede llegar a producirse un error. Para la profesora del taller feminismo está claro, a los hombres no se les puede creer: los hombres no cambian.

Así, accedemos a la realidad de miles de docentes, maestras y maestros, tíchers y parvularias, colegas que ponen el pellejo y dejan los ojos, la garganta y los nervios en miles de establecimientos cada días más abandonados, y que han combatido el abuso con rigor y convicción, llegando al punto no deseado originalmente de instalar el separatismo, convertidos en una suerte de policía del comportamiento, bajo un régimen de constante vigilancia ante las acusaciones sin pruebas, y en una insoluble marea de sospecha donde se mezclan juicios fundados y prejuicios. 

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Luego está el artilugio, la forma en que cobran vida o aparecen en la obra, les propies estudiantes. Primero es a través de un acto de las niñas del taller de feminismo, que bailan un trap en quechua, disfrazadas como las cholitas que practican kickboxing, performance que opera como contrapunto kitsch al feminismo de la profesora, como una respuesta que esta no está segura de entender, aunque haya sido la inspiradora o instigadora. De cualquier manera la entrada en escena del estudiantado no se agota en esta danza simbólica dentro de la obra, puesto que las y los estudiantes son el motor de la acción, toda vez que es a ellos y ellas que se dirigen la profesora y el profesor, llegando a encarnar finalmente en un personaje ausente, un estudiante a cuyo padre conocemos porque lo citan a una reunión como apoderado. Hablamos de un protagonista que no está en escena pero al que, en el clímax de la obra, la directora encara, señala y humilla ante una asamblea de estudiantes: el invisible Julito, que está en proceso de transición de identidad y ha comenzado a llamarse Edith. 

Hay además un cuarteto de señoras mayores de edad y exalumnas que junto a la directora del liceo y la señora del kiosko o casino, representan a esas generaciones que normalizaron el abuso, y se nos devela una comunidad educativa con secretos horrorosos, donde convivieron abusadores, cómplices y víctimas. Adultos mayores que dirigen instituciones sin tener idea de cómo enfrentar las situaciones complejas que suponen las tomas feministas, las denuncias contra el acoso y las funas, y que se desplazan a tientas en un mundo que cambió demasiado rápido como para adaptarse o siquiera entenderlo. Señoras que “quieren ser” feministas. En su búsqueda de justicia y en su deseo de obrar bien, estos personajes desplegarán diversas actitudes, inapropiadas, estériles o improcedentes unas más que otras, dotando de hilaridad a su ímpetu en rigor bastante triste. 

Vivimos el fragor de una serie de cambios radicales que son una burla como para festejar el fin del patriarcado. Pero las infinitas formas de abuso que los hombres perpetramos a diario sobre las mujeres, bajo la forma de cultura, historia, civilización, tienen su días contados. Y esto es evidente para las nuevas generaciones. En las salas de clases, cualquier docente puede dar fe de ello. Algo de eso es lo que como realidad se cuela en esta ficción que con comicidad instala múltiples perspectivas para debatir, reflexionar y comprender las dificultades que nos afectan a todas las personas que vivimos el actual momento de cambios históricos, aunque estemos sin duda alguna muy lejos del probable fin del patriarcado. En cambio lo que sí se acaba el otro fin de semana, es la posibilidad de ver esta obra. No se la pierda.

Coordenadas

Funciones: 04 al 12 Sept.

Paga lo que quieras. Elige tu opción de precio y aporta con ella a la obra.
$3.000, $4.000, $5.000 ó $6.000

Sá y Do, 17 y 19.30 h (excepto 11 Sep, con nueva función a las 16 h)

Edificio B piso 2, Sala N1
Actividad presencial

+ 13 años

Ficha artística

Dramaturgia: Isidora Stevenson y Bosco Cayo 

Dirección: Aliocha de la Sotta 

Elenco: Bosco Cayo, Paulina Giglio, Cecilia Herrera, Jaime Leiva y Mónica Ríos 

Diseño de iluminación y escenografía: Rodrigo Leal 

Diseño de vestuario: Felipe Olivares 

Universo sonoro: Fernando Milagros 

Voz rap: Catalina Cornejo Paillamil 

Producción: Francesca Ceccotti 

Asistencia de dirección: Sebastián Ibacache
Una coproducción GAM

 

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