Voy por calle tal como sale
me asomo por la ventana
una mujer envuelta en una blanca sabana
la mato y no, sí, ya no lo sé, tal vez.
Corazón de Sandía – Los Tetas

Marcela camina por la Alameda junto a sus dos hijos. La más pequeña duerme en su pecho, el otro camina a su lado, junto a otras miles de personas que llegaron anoche a la convocatoria #ValentinaTeCreemos. Han pasado solo tres días desde que la joven Valentina Henríquez denunció el maltrato y constante violencia física psicológica que sufrió en su relación con Camilo Castaldi, ahora ex vocalista de la reconocida banda Los Tetas.

Una ola de gritos y lienzos se apoderó de la calzada sur de la principal avenida de la capital. Por Valentina, por Nábila, por Paulina y las 37 mujeres muertas durante el presente año a manos de femicidas. La trágica lista que Valentina Henríquez dijo no querer agrandar.

“La culpan de loca, de tener problemas psiquiátricos y no es así, hay mujeres que aguantan por una cosa social, por ser buenas madres, ser buenas esposas, ser buenas parejas, eso hace aguantar a las mujeres tanto tiempo. Su mensaje que me llegó mucho”, cuenta emocionada Marcela. En una mano sostiene un cartel que dice “no es masoquismo, no es locura, es violencia, te creemos Valentina” y en la otra trata de encontrar a su hijo de 8 años. El pequeño se mueve de lado a lado cantando: “¡alerta machista, que todo el territorio se vuelva feminista!”.

Los machos y la cultura de la violencia

El llamado de Valentina Henríquez generó una verdadera ola de repercusiones. De las tibias declaraciones de la banda, la posterior salida de Castaldi de Los Tetas, músicos que la apoyaban y el propio Tea Time, quien la acusó de estar loca e inventar todo.

Aunque un caso así no se conocía en Chile, no es primara vez que la inagotable desigualdad de género se toma el campo de la música. El sexismo en el rock no es un tema nuevo ni desconocido.

Corrían los años 60 cuando un joven Mick Jagger conquistaba al mundo de la música saltando por escenarios, e ilustraba cómo podía utilizar a las mujeres como objetos de su propia recreación con Under My Thumb. El líder de los Rolling Stones, junto a otras figuras mundiales como David Bowie, Jimmy Page e Iggy Pop, comparten el hecho de haber sido acusados de abuso sexual en algún momento de sus carreras.

En Argentina, el caso de Cristián Aldana, vocalista de El Otro Yo, remeció al país. El cantante organizaba orgías con menores de edad, que veían en él a su ídolo. José Miguel del Popolo (La Ola que Quería Ser Chau), Juanse Gutiérrez (Los Ratones Paranoicos), Diego Arnedo (Divididos) fueron otros casos de abuso en el mundo del rock que salieron a la luz, ante una sociedad atónita, que empezaba cuestionarse el rol que le entregaba a esas “estrellas”.

Las víctimas en el país trasandino salieron a la calle a denunciar a los machos y la cultura de la violación que se expresaba en el rock con consignas como “ni groupies ni musas, libres y creadoras”.

El sexismo en el rock se ha expresado históricamente a través del rol que se otorga a la mujer. Desde la groupie -única figura femenina aceptada en el backstage– hasta las letras que avalan la misoginia y otras expresiones más sutiles, como la crítica especializada. Hace unos años, una revista norteamericana le preguntó a la banda sueca Crucified Barbara, compuesta solo por mujeres, cómo podían vivir su período menstrual estando de gira. “Como algunas personas del mundo ya han descubierto, las mujeres no fueron puestas sobre la tierra para ser tiernas y complacer a los hombres y todas esas cosas”, respondieron.

En Chile la cosa no ha sido distinta. Desde Los Tres con su polémico video Hey, Hey, Hey que avalaba un femicidio, la misma lírica de Los Tetas o un reconocido periodista musical que dijo que una de las virtudes de Chris Cornell fue que su físico atrajo a las mujeres al grunge.

“Nos matan y violentan y seguimos siendo las cuestionadas”

“La música es un reflejo de los contextos, entonces no escapa a la oscuridad que existe en la sociedad, y ahí entra el sexismo, el machismo y la violencia”, cuenta Javiera Tapia, periodista especializada en música y creadora de Es Mi Fiesta, un medio de cultura con enfoque feminista.

Si bien hubo voces que cuestionaron la voz de Valentina en la denuncia contra Tea Time, para Tapia el caso difiere del de Cristián Aldana en Argentina, donde se vio una defensa férrea al agresor. Aún así, asegura que “acá en Chile sí hubo mucha torpeza, las primeras informaciones fueron usando la foto de Valentina, se ponía en duda el testimonio, se hablaba de ‘supuesto’, a pesar de lo contundente de su testimonio”.

Para Paula Sáez, psicóloga experta en violencia de género, el machismo en la sociedad es transversal, por lo que en los distintos ámbitos se replicará. Recuerda que cuando se conocieron casos de acoso en la academia, varios académicos prestigiosos salieron a apoyar a los agresores. “El descrédito a las víctimas que sufren violencia es transversal, es algo que se impregna a las víctimas cuando denuncian, un descrédito que todavía está presente en muchos sectores, de parte de hombres y mujeres”, afirma.

El descrédito en el caso de Valentina fue el mismo que en la mayoría de los casos de violencia de género: de que se demoró en denunciar, que está loca o que lo hace por venganza.

A eso apeló el propio Camilo Castaldi, que acusó a su ex pareja de inventar las agresiones y auto infringirse las lesiones porque él había terminado con ella.

Uno de los comentarios más viralizados en la semana respecto al caso fue el de  Camila Moreno, quien relató propias experiencias de acoso en su vida. “Nos matan y violentan y seguimos siendo las cuestionadas”, dijo.

Caso aparte fueron las declaraciones de la doctora María Luisa Cordero, quien dijo que Valentina era sadomasoquista y le gustaba ser golpeada. “Desde la seriedad de la profesión y de los medios de comunicación, no debemos permitir ese tipo de liviandades a problemas que son tan complejos y que están que esta cobrando vidas, porque hay mujeres siendo violentadas todos los días de manera sistemática, psicológica, económica, sexualmente, físicamente, que están siendo torturadas y asesinadas de maneras brutales”, dice Paula Sáez.

Tirón de mechas a los Clubes de Toby

La cantante de pop Fakuta reconoce que de chica le encantaban Los Tetas. Pero nunca reparó en las cosas que ellos decían. “Sus letras son super misóginas, probablemente porque eran unos niños en los ’90 e hicieron eso y nadie les dijo que estaba mal, porque alrededor de ellos solo habían hombres, las mujeres siempre estaban en el plano de groupie o la polola, no como un par”, afirma.

La cantante, eso sí, reconoce que la escena ha ido cambiando, con muchos “compañeros hombres con los que hemos crecido en la música que consideran a las mujeres como pares, no como groupies”.

El cuestionamiento a las letras de las canciones es un debate cada vez más presente, con la polémica mundial que se armó con Maluma y sus canciones machistas o con los mexicanos de Cafe Tacuba, quienes decidieron no tocar más una de sus canciones por su contenido machista. “Es importante es que la gente que consume la música si esté atenta a estas cosas porque así se puede concientizar y visibilizar”, dice Javiera Tapia.

La periodista tiene un gran reparo con el rol que ejerce en este sentido la crítica especializada. “El periodismo musical y la critica especializada están al debe precisamente con la crítica, creo que no existe un verdadero análisis sobre la música, menos un análisis cruzado con política o con feminismo, por ejemplo. No es algo que uno vea en los medios, eso no existe, tampoco un cuestionamiento a la obra”, afirma.

“La incitación a la violencia o la invisibilización de los lugares asimétricos que tenemos al interior de la cultura, no solo no aporta a la evolución de la sociedad, sino la entorpece. Los artistas, los músicos y todos tenemos que hacernos responsable de eso para no seguir siendo cómplices”, dice Paula Sáez.

El machismo expresado a través de la forma de abordar a los hombres y mujeres en la música es algo que ha visto Fakuta. “Siempre la mirada hacia al hombre es con más respeto, se demoran más en decir es malo, chanta o maltratador. Con la mujer no pasa”, asegura.

“Ese el tirón de de mechas que hay que dar ahora, salgan de su burbuja de hombres, las mujeres existimos también”, agrega.

La cantante reconoce que el caso de Valentina ha tenido el aspecto positivo de que la mayoría del mundo de la música ha reaccionado apoyándola. No todos, eso sí. “Creo que los hombres se quedan callados, son pocos los que dicen esto está mal. A la Camila Moreno le nació una carta super bonita que escribió, muy sentida, al Alex Andwanter le nació decir algo, y me sorprende que a muchos compañeros hombres de la música no les nazca decir nada”, asegura.

#TeCreemos

“La sociedad está reaccionando, pero esperamos más de la cultura que es ciertamente una política, una manera de entregar educación”, dice Ximena Riffo, vocera de la Coordinadora Ni Una Menos, a minutos de partir marchando desde Plaza Italia, donde miles de mujeres se reunieron por Valentina.

“Todas las mujeres hemos vivido este tipo de situaciones. Y ya basta, no puede seguir quedando impune, tiene que haber un cambio profundo. Es una cosa muy extraña cuando se victimiza al agresor, se nos deja al margen de las violencias que tenemos en nuestros propios cuerpos. Nosotras como feministas decimos: te creemos. Esa es nuestra política”, agrega.

La marcha partió y llegó hasta Los Héroes. No resaltó por la masividad de otras convocatorias como el 8 de marzo, pero sí por la potencia de un grito que no callará más, una rabia colectiva que se volvió irreversible.