El fenómeno del voto evangélico en Brasil es una realidad incómoda para la izquierda dentro de las instituciones en ese país, porque los muchos representantes elegidos por ese sector en los últimos años han constituido una bancada numerosa y que defiende un discurso ultraconservador en términos de derechos civiles, además de una visión económica favorable a medidas de austeridad -aunque con alguna tolerancia a los programas sociales y de redistribución de ingreso a los moldes del lulismo-.

Sin embargo, es erróneo decir que esa postura refleja el pensamiento de las personas evangélicas en Brasil, pese a que son ellas las que votan y eligen esos parlamentarios.

Un estudio realizado en São Paulo por profesores de la Unifesp (Universidade Federal de São Paulo) y de la USP (Universidade Estadual de São Paulo), con el apoyo de la Fundación Friederich Ebert, demostró que el pensamiento evangélico en Brasil no es tan conservador como el discurso de sus representantes legislativos, incluso cuestionando en parte la pauta valórica defendida por esos políticos y la pauta económica del actual gobierno.

El estudio se basa en miles de entrevistas realizadas por los profesores participantes durante la llamada Marcha Para Jesus, un mega evento en junio de este año que reunió a más de dos millones de seguidores de distintas corrientes evangélicas. Dichas entrevistas permitieron para conocer el pensamiento de los asistentes sobre aspectos sociales y económicos, además de algunos temas valóricos.

Una de las profesoras que trabajó en ese estudio es la española radicada en Brasil Esther Solano, de la Unifesp. Según ella, la primera sorpresa que encontraron fue con respecto a los derechos civiles. “Con respecto a los derechos de las mujeres e incluso de la comunidad LGBT no hay una postura tan conservadora como se esperaba, e incluso cuando fueron consultados sobre la agenda persecutoria a esas políticas por parte de los parlamentarios de la bancada evangélica, muchas personas muestran que eso no los representa”.

[Lee el reportaje de El Desconcierto: El proyecto de poder evangélico y sus amenazas al Estado laico en Brasil]

Conservadores pero no tanto

Aunque la inmensa mayoría se ve como conservadora, según el estudio hay muchos que afirman ser poco conservadores e igual con un pensamiento tolerante con ideas progresistas. Entre los entrevistados presentes en la Marcha Para Jesus, 45% dijeron ser “muy conservadores” y 34% “poco conservadores”. Lo curioso es que el 47% dicen concordar con que los conservadores son personas prejuiciosas.

El sondeo en temas valóricos fue realizado en base a afirmaciones en las cuales los entrevistados tenían que decir que sí o que no estaban de acuerdo. Con respecto a la cuestión LGBT, pese a que la mayoría se dijo contraria a la afirmación de que “la unión entre personas del mismo sexo constituye una familia”, el porcentaje fue de 59%, mucho menos de lo que se esperaba. El mismo porcentaje de rechazo se vio ante la afirmación de que “dos personas del mismo sexo tienen el derecho de besarse en la calle sin ser molestados”.

Para la profesora Esther Solano, sin embargo, hay otra afirmación que es mucho más relevante, que es la de que “las escuelas deben enseñar el respeto a los homosexuales”, idea que recibió un 77% de aprobación. Para ella, “eso habla de personas que si bien rechazan expresiones de afecto gay o incluso la idea de que pueden casarse, aun así son conscientes de que el respeto a esa diferencia es importante, sobretodo pensando en las nuevas generaciones, hay valoración de la idea de tolerancia con el otro, aunque eso no signifique romper con el dogma de la iglesia dentro de su comunidad”.

Además, ese dato a favor de enseñar la diversidad en las escuelas discrepa fuertemente con el apoyo de los parlamentarios evangélicos al proyecto de ley Escola Sem Partido (“Escuela Sin Partido”), el cual no solo busca censurar contenidos de debate sobre política y filosofía en las escuelas como también los que tienen que ver con contenidos sobre diversidad sexual y de género, acusándolos de “propaganda de opción sexual”.

Con respecto a demandas feministas, el tema del aborto no trae ninguna sorpresa: 73% no están de acuerdo con que ese sea un derecho de la mujer. Aunque sí con otras pautas. Por ejemplo, 70% cree que piropear una mujer en la calle es ofensivo, 76% está de acuerdo con que si las mujeres usan ropas cortas eso no justifica una agresión sexual y 91% discorda de que el lugar de las mujeres es en la casa cuidando de los hijos.

Sobre temas económicos, y más precisamente sobre la agenda neoliberal del gobierno de Michel Temer, otra sorpresa: la gigantesca mayoría rechaza sus principales puntos.

Preguntados sobre la idea de que el gobierno tiene que cortar gastos en salud y educación públicas, 91,9% dijeron estar en contra -pregunta basada en el proyecto con el cual Temer congeló por 20 años los gastos sociales, incluyendo salud, educación, vivienda y otros-. Con respecto a la idea de aumentar la edad de jubilación, base de la reforma previsional del gobierno, 86,6% son los que la rechazan.

Aunque no es un tema económico, otro punto sorpresivo fue con respecto a la liberación del uso de armas, porque 65,5% se dijeron en contra de la idea de que los ciudadanos tienen el derecho de tener armas para defenderse, lo que contraría el discurso de la bancada evangélica, que desde hace algunos años es aliada de la llamada bancada bélica, los ex policías y ex militares que llegaron al parlamento, donde defienden, entre otras pautas, la desregulación del uso de armas de fuego.

Según la profesora Solano, “esos número todos apuntan a que hay una diferencia importante entre lo que piensan los evangélicos y lo que defienden en el parlamento sus representantes, no significa que sean completamente distintos, por supuesto que también hay muchas coincidencias, pero los diputados no representan totalmente el pensamiento evangélico en su complejidad”.

Preguntada sobre por qué se da ese fenómeno, Solano dijo creer que eso quizás no es algo tan raro en esos tiempos. “Una persona que vota por Lula no necesariamente está de acuerdo con todo lo que él defiende, y lo mismo pasa con los evangélicos y con los otros sectores. La pregunta que quizás debemos hacer es por qué son los más conservadores los que salen elegidos, o por qué no hay representantes de los más moderados, y esa pregunta creo que tienen que responder esos sectores políticos más moderados, porque da la impresión que los sectores más conservadores han sabido aprovechar políticamente ese universo, y los demás no”.

No necesariamente de derecha

La encuesta midió que los evangélicos brasileños no necesariamente se identifican con los sectores políticos. Los que se dicen de derecha o centro derecha suman 13,4%, no mucho más que los 9,2% que los que prefieren la izquierda o la centro-izquierda. Pero sobretodo, los que alegan no identificarse con ningún sector político o demuestran un rechazo transversal son 66,5%, una mayoría bastante evidente.

Además, la encuesta también pregunta sobre políticos y partidos específicos, donde también hay un rechazo transversal. Pese a que el ex presidente Lula da Silva es la figura claramente más rechazada en ese universo (83% de imagen negativa), otros políticos también sufren de ese mal, aunque con cifras no mucho menos duras. Por ejemplo, el líder conservador y gobernador del Estado de São Paulo, Geraldo Alckmin, tiene un rechazo de 61%. Hasta los políticos evangélicos son afectados por ese fenómeno de rechazo, como los presidenciables Jair Bolsonaro y la ex senadora Marina Silva, ambos con 57% de imagen negativa, mientras que el diputado pastor Marco Feliciano tiene 54,1% y el alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivella, tiene 53,9%.

Sin embargo, pese a ser el más rechazado, Lula también es uno de los más citados entre posibles futuros votos presidenciales. “La gente está insatisfecha con Lula por los casos de corrupción, pero igual reconoce su presidencia como la que les dio su mejor momento económico. Sobretodo entre los sectores económicamente más bajos se observa aquello. Es el mismo fenómeno que se observa en los temas valóricos, si bien la gente lo rechaza por temas puntuales, al final terminan votando por ellos por una cuestión de identificación”.