La modelo trans Helenia Melán tiene 22 años y dice que su vida no se trató de un viaje de hombre a mujer, sino que desde pequeña que sabía que era una niña, solo que no sabía cómo expresarlo, “soñaba con el día que iba a despertar siendo mujer, lo pedía como deseo“.

Así recuerda la joven modelo colombiana y afincada en Chile su infancia y adolescencia en entrevista con NuevaMujer.com, donde habla del presente de la moda, ser una modelo trans y de su situación que describe como de privilegio.

“Al principio me preguntaba si era necesario decir que soy trans. Una parte de mí decía que no, y esa parte viene de la vanguardia: soy optimista, creo que en un futuro no va a ser tema”, reconoce Melán.

Sin embargo, dice que “hoy sé que tengo que contar mi historia para que la gente se eduque, aunque sea latero repetirla mil veces. Ser trans es dar explicaciones, constantemente, en el médico, en la universidad, en el colegio, en el banco. Puede ser humillante. Pero es una batalla que tenemos que dar ahora”.

También recuerda que durante la primera parte de su vida no tenía referentes y no sabía cómo expresar lo que ella sentía por dentro, en cambio destaca que “ahora hay gente trans en los medios de comunicación y se nos empieza a ver como algo posible. Cuando era chica no sabía que existíamos, no tenía referentes. Mi propia existencia me parecía imposible”.

Helenia es de las nuevas generaciones que se comienzan a hacer un espacio en las pasarelas y en una habitual de redes sociales, especialmente en Instagram, donde tiene más de 17 mil seguidores. Dos mundos en los que puede lucir su trabajo y que además se cruzan por estar viviendo nuevos parámetros de belleza.

“Se criticó mucho porque decían que promovía la obesidad”, reflexiona Melán sobre las modelos de cuerpos reales, lejos de las modelos extremadamente delgadas que monopolizan la industria. Y continúa señalando que “eso no es promoverlo, es abrirle espacio a una realidad: no todas las mujeres son flacas. Es responsabilidad de quienes toman decisiones en este medio abrirse, más que a otras bellezas, a otras realidades”.

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Y ella es consciente de su situación y pese a que debe enfrentar problemas como muchas mujeres y trans reconoce que agracias a que es modelo “desde muchos puntos de vista, soy una persona trans privilegiada, es mucho más fácil tener validación social. Pero la belleza es algo superficial y súper subjetivo”.

“A veces me dicen ‘ay, es que tú eres bonita, sí pareces mujer’. Y no, no por ser linda soy más o menos mujer que otras. Las mujeres somos diversas, no se puede poner en duda nuestra validez por cómo nos vemos”, sentencia.

Y esto lo ocupa a su favor, según cuenta. “De todas formas, la belleza puede ser utilizada a tu favor. Yo no me quedo sólo con ser bonita, hay un montón de otras cosas que me interesa expresar”.

Otro de los temas que la llamaron a ser modelo, tiene que ver con uno de sus primeros recuerdos de plena felicidad: un disfraz femenino que se puso a los cinco años y usar ropa femenina junto a sus amigas, momentos en que dice haberse sentido una adolescente completamente libre y contenta.

Es por eso que la ropa para ella es una forma de expresar quienes somos, marcar la identidad y por eso no puede ser limitante: “A los hombres se los relaciona con lo simple y, aunque la moda para mujeres es más compleja, está enfocada en la satisfacción de los hombres. Yo no quiero ni sexualizar a las mujeres ni neutralizar a los hombres”.