Este lunes se celebrará una audiencia clave en el juicio contra Fernando Candia y Felipe Osiadacz, los dos chilenos encarcelados en Malasia tras ser acusados de homicidio al presuntamente asfixiar a Yusaini Bin Ishak, una mujer trans.

La semana pasada, la fiscalía propuso a la abogada defensora, Venkateswari Alagendra, una recalificación de la acusación de asesinato a homicidio culposo, penado con 10 años de cárcel en el país.

En su estrategia, Alagendra, quien desde el principio ha defendido que buscará la absolución de sus clientes, ha tratado de demostrar que el ataque que terminó con Yusaini Bin Ishak tumbada en el suelo e inmovilizada hasta su muerte fue en defensa propia, para que los chilenos se protegieran de los ataques de la mujer, quien supuestamente quería agredirlos con un zapato como había hecho minutos antes, según su versión de los hechos.

Además, ha señalado actuaciones cuestionables de terceras personas que intervinieron en el suceso y que podrían haber evitado la muerte de la víctima. La abogada reportó que el recepcionista del hotel Hotel Star Town Inn, donde se alojaban los jóvenes, ignoró la primera petición de los chilenos de llamar a la policía, apenas empezó la discusión. Lo hizo cuando el nivel de violencia escaló y la víctima habría tirado un zapato a los acusados, no cuando éstos se lo pidieron. También se conoció que los agentes de policía se demoraron 30 minutos en llegar al lugar de los hechos porque por error se dirigieron primero a otro lugar.

Además, un video demostraría que el paramédico que atendió a la mujer se limitó a tomarle el pulso con los dedos, pero no midió sus signos vitales ni le practicó ninguna maniobra de reanimación. Eso, pese a haber declarado lo contrario.

Finalmente, el juicio puso en evidencia que el forense no fue informado de la muerte de la víctima y que sólo se le solicitó que comprobara si había manchas de sangre o semen, ambas negativas, lo que confirma que no existió ningún encuentro íntimo con ella. Pero más allá de estas comprobaciones, no se realizaron análisis de sudor ni de las zonas por las que los dos hombres sujetaron a la chica, por lo que no hay ninguna evidencia de restos de ADN de los acusados en la víctima.