Opinión

Familia zoológica: obligación de vivir y aniquilamiento

Por: Gustavo Yañez Gonzalez / Publicado: 23.05.2016
Hacemos como que nos extrañamos porque matan a dos leones, una leona y un león. Enjuiciamos la falta de criterio de una persona por arrojarse a la jaula de dos leones. Nos encolerizamos porque encapuchados cobran una vida que trabajaba un día feriado en sus días de jubilación. Solidarizamos virtualmente con la pesca artesanal que en Valparaíso iza banderas bolivianas y en Chile sufre las consecuencias de los monopolios del mar.

Hacemos como que nos extrañamos porque matan a dos leones, una leona y un león. Enjuiciamos la falta de criterio de una persona por arrojarse a la jaula de dos leones. Nos encolerizamos porque encapuchados cobran una vida que trabajaba un día feriado en sus días de jubilación. Solidarizamos virtualmente con la pesca artesanal que en Valparaíso iza banderas bolivianas y en Chilwe sufre las consecuencias de los monopolios del mar.

En el mismo momento en que las imágenes de dos leones atacando a una persona desnuda dentro de una jaula del zoológico metropolitano surcaba las redes sociales, mientras que la de los leones aniquilados no salía por ningún medio, ni oficial ni alternativo, la directora del zoológico metropolitano, Alejandra Montalva, declaraba sentirse orgullosa y apenada; sentimientos difíciles de conciliar. Apenada por perder dos miembros de la familia zoológica y orgullosa porque los protocolos de seguridad del campo de concentración de animales funcionaron al pie de la letra; de la persuasión a la aniquilación mortífera de los depredadores. Me pregunto qué tipo de familia vendría siendo el zoológico metropolitano, y todos los zoológicos del mundo. Quizás esa que demarca tajantemente entre aquellos que mandan y aquellos que obedecen, entre aquellos que merecen vivir y otros que merecen ser muertos. Conformación de una familia que necesita recurrir al rapto, al secuestro de la mayoría de sus miembros para constituirse como tal. Rapto y secuestro de la familia constituida en el medio natural para constituir la familia zoológica de la urbe. Luego de la conformación de la familia zoológica, quedan bien trazadas las jerarquías: por un lado los humanos; espectadores y autoridades, y por otro los animales: cautivos y prisioneros cuya función es la de precisamente cautivar al resto de la familia pudiendo ser muertos cuando la vida humana, la parte privilegiada de la familia, esté en peligro.

El poder dominante de una sociedad es posible reconocerlo de la siguiente manera: decide por encima de las ganas de vivir y las ganas de morir de las distintas formas de vida que conforman el cuerpo político social, en las cuales ejerce su fuerza dominante, de dar muerte como de obligar a tener ganas de vivir. Es el caso del suicida que se aproximó a la celda de los leones en cautiverio. Las autoridades del zoológico siempre supieron que se trataba de una persona que deseaba morir, y que estaba eligiendo cómo morir. No obstante, pese a la voluntad de quien ya no aguantaba más vivir, la directora del zoo se enorgullece de haber salvado una vida, una vida que ya no deseaba vivir. La otra cara del poder que obliga a vivir, es ese poder ejercido sobre una vida que completamente desnuda, desprovista de todo derecho, es aniquilada cuando el poder zoologizante así lo decide. Difícil tarea para la comprensión zoologizante de la vida: cuando se trata de desear morir, obligan a vivir , cuando el impulso es el deseo de vivir, encierran, maltratan y matan.

De acuerdo a las justificaciones para estos centros de encierro en plena urbe, en pleno barrio de juerga universitaria (Barrio Bellavista), modulación contemporáneo del holocausto, que hoy la directora Montalva no dudo en enaltecer a la hora de legitimar su existencia a partir de cuatro contribuciones que el zoológico ofrecería a la sociedad civil: entretención, educación, conservación y fines de investigación científica. Ante el catálogo humanista que justifican los zoo-cautiverios, declaramos una guerra que se bate por el cierre total de estos campos de concentración animal, dando paso a políticas que vayan en favor de las formas de vida animal encerradas, como lo ha hecho Costa Rica a través del traslado a Santuarios Naturales, por ejemplo. Nos posicionamos en completo rechazo hacia la entretención que contempla y se cautiva con animales no humanos encerrados, contra la educación que educa a niños y niñas a partir del principio de desigualdad y superioridad de los humanos por sobre los animales no humanos, contra la aniquilación y el rapto de los animales de sus medios naturales, revestida de fines conservacionistas en el actual contexto de extinción, cuya estrategia consiste en raptar a leones africanos de áfrica para traerlos a chilito, por ejemplo, y contra la investigación científica que mantiene discos duros y escritorios rebosados de estudios que comprueban que los animales en cautiverio padecen zoocosis , viven menos que en sus medios naturales y de manera miserable en estos centros de encierro.
¿Quiénes son los depredadores y quienes los depredados?

Gustavo Yañez Gonzalez
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