Opinión

Colonia Dignidad: La realidad que supera con creces la ficción

Por: Paulo Andrés Carreras Martínez / Publicado: 13.07.2016
Hoy las víctimas y los familiares de aquellos que no volvieron o sufrieron los vejámenes de Shäfer y sus colaboradores siguen pidiendo justicia ante la indiferencia de la masa, de la prensa y los medios de comunicación con contadas excepciones. Hoy Villa Baviera es un hotel, un centro turístico, sus paredes y rincones donde se violó, torturó y atropelló la dignidad de cientos de seres humanos.

Tal vez uno de los hechos y periodos más oscuros de la historia de Chile, vuelve a instalarse en el tapete de la opinión pública a gotas, a medias, a la chilena como siempre. Sí, por qué después de algunas hipótesis sobre censura, incomodidad en los círculos de poder o nulo interés comercial por su exhibición, la película “Colonia” protagonizada por la británica Emma Watson, el alemán Daniel Brühl y bajo la dirección de Florian Gallenberger llega a las salas de cine chilenas el próximo 4 de agosto.

Debo precisar que su llamado debut cinematográfico en Chile es en el ámbito comercial y masivo, pues ya fue estrenada en nuestro país en recintos como el Estadio Nacional y el Festival Internacional BíoBío Cine entre otros. Como no intento en estas líneas entregar una crítica de cine, no me detendré a analizar el filme ni caer en los calificativos de desastre o pésima película que hemos escuchado especialmente en los noticieros más conservadores y derechistas de este país como los de Mega, Canal 13, la prensa británica o la estadounidense. A mi parecer me parece sumamente más importante que la taquilla o la fama de sus actores, la posibilidad de visibilizar nuevamente lo que fue la existencia de esta verdadera secta, este enclave de colonos alemanes convertido en uno de los lugares más nefastos y lúgubres que con la complicidad de los estados de Chile y Alemania por más de cuarenta años, vulneró y atropelló los derechos humanos de cientos de personas. ¿Dónde? cerca de Parral, en una colonia llamada paradójicamente “Dignidad” que de dignidad para con sus habitantes poco o nada tenía.

Una mirada al contexto histórico

Colonia Dignidad, hoy Villa Baviera, nace en la década de los sesenta de la mano de una de las figuras más sórdidas de la historia de Chile. Paul Shäfer. El “tío permanente” como exigía que le dijesen en el enclave de inmigrantes y colonos alemanes, llegó a nuestro país el año 1961 donde el gobierno de Jorge Alessandri le otorga la autorización para crear la “Sociedad Educacional y Benefactora Dignidad” en las cercanías de Parral, séptima región. Dentro del prontuario del alemán ya contaba a su llegada con el hecho de haber pertenecido a las juventudes hitlerianas, su rol de enfermero nazi en la segunda guerra mundial y el haber sido acusado de abuso sexual contra dos menores el año 1959, una de las poderosas razones para desterrarse de Alemania y llegar a esta larga y angosta faja de tierra.

Colonia Dignidad, Dictadura de Pinochet y la Derecha Chilena

Las resoluciones de Amnistía Internacional y el informe Rettig del año 1991 confirmaron que en el interior del enclave se realizaron detenciones, apremios físicos y psicológicos perpetrados por la DINA y los aparatos represivos de la reciente dictadura militar. En los primeros años del régimen fue un centro de tortura donde hubo muertos y hasta hoy desaparecidos con familiares que aún claman por justicia. Poco y nada ha sido el pronunciamiento del Estado chileno y el alemán en todos estos años. Shäfer quien después de huir de la justicia por más de ocho años y capturado en Argentina el año 2005 fue condenado por decenas de violaciones a menores, pedofilia, secuestro y ligado a atropellos de derechos humanos efectuadas por personal de la DINA en el régimen militar. El 24 de mayo de 2006 Schäfer es sentenciado de manera definitiva a 20 años de presidio mayor en su grado máximo por 20 delitos de abusos deshonestos y cinco por violaciones a niños, cometidos entre 1993 y 1997. Además el alemán fue ordenado a pagar una indemnización de 770 millones de pesos a 11 de los menores cuyos representantes interpusieron demandas civiles.

Por si fuera poco el mismo año 2006 cae sobre él y Colonia Dignidad una sentencia por infracción a la Ley de Control de Armas, traducida en una nueva condena de siete años más, por encontrarse en Villa Baviera diversos armamentos de guerra, explosivos, granadas, elementos químicos, lanza proyectiles, etc. Todo en suelo chileno con la complicidad del estado y de diversas autoridades locales y gobiernos de turno. ¿Cuántos colaboradores, cómplices y redes de apoyo tuvo el alemán para operar con tal impunidad por más de cuarenta años?

Las Redes de Apoyo y personeros UDI

Según declaraciones de la desaparecida ex ministra y prima de Pinochet, Mónica Madariaga, el fundador de la UDI Jaime Guzmán era uno de los asiduos visitantes al enclave. Madariaga en su momento expresó que Guzmán impartía clases a jóvenes militantes gremialistas de esa época. Pablo Longueira y Andrés Chadwick.

En 1991 el Gobierno del fallecido Patricio Aylwin buscó anular la personalidad jurídica a Dignidad, y 17 parlamentarios pertenecientes a la UDI y RN recurrieron ante el Tribunal Constitucional para alegar la inconstitucionalidad del decreto del ministerio de Justicia que declaraba disuelta la persona jurídica Sociedad “Benefactora y Educacional Dignidad”. ¿Quiénes? Entre las firmas destacan importantes figuras de la derecha como el mismo Jaime Guzmán, Sergio Diez, Sergio Onofre Jarpa, Olga Feliú, Bruno Siebert, Mario Ríos, Sergio Fernández y William Thayer. Todos vinculados políticamente a la dictadura. El requerimiento fue rechazado, pero dejó de manifiesto cuán poderosa era la red de apoyo que protegía a Paul Schäfer y que permitió la impunidad por más de cuatro décadas. A mediados de los noventa se formó “un grupo de amigos” a favor del hospital y la escuela de Villa Baviera. Entre ellos se encontraban Hernán Larraín, Carlos Bombal, Evelyn Matthei, Andrés Chadwick, Jaime Orpis y Juan Antonio Coloma, entre otros. ¿Les suenan estos nombres?

El año 1996 el actual presidente de la UDI Hernán Larraín y Sergio Fernández reclamaron indignados por uno de los primeros operativos policiales que pretendían detener al jerarca alemán, quien debo recordar abusó sistemáticamente de niños alemanes y chilenos durante décadas. La derecha pinochetista pidió además la inconstitucionalidad de la orden de disolución de la colonia, situación que por fortuna fue rechazada por el Tribunal Constitucional. (Antiguo conocido gremialista).

En 1998 la misma derecha negó la investigación por violaciones a los DD.HH. perpetrados en Dignidad, además los nuevos operativos policiales de allanamiento por las ya mencionados delitos ocurridos en Villa Baviera, recibieron duras críticas de los parlamentarios derechistas de la época, que por lo demás reconocieron cercanía y lazos de amistad con dirigentes de la colonia. Larraín uno de los más fervientes defensores del octogenario pedófilo alemán, señaló en su momento, que las acciones para esclarecer los hechos y buscar justicia, respondían a un montaje, una campaña para denostar a Colonia Dignidad.

En síntesis

Cuando leo en las diversas redes sociales recalcitrantes denostaciones a la película haciendo un juicio por catalogarla de izquierdista y santificadora del gobierno de Allende y sus adherentes, creo encontrarme nuevamente con la más baja calidad intelectual, moral y valórica de muchos chilenos. Lo que ocurrió acá va más allá de estar de acuerdo o no con una dictadura o un sector político. Durante más de cuarenta años diversos gobiernos chilenos hicieron vista gorda de crímenes aborrecibles contra menores de edad, maltrato y violaciones a niños, mujeres y hombres, tortura y vejaciones que dejaron una herida en la historia ya llena de cicatrices de este país. Hoy las víctimas y los familiares de aquellos que no volvieron o sufrieron los vejámenes de Shäfer y sus colaboradores siguen pidiendo justicia ante la indiferencia de la masa, de la prensa y los medios de comunicación con contadas excepciones. Hoy Villa Baviera es un hotel, un centro turístico, sus paredes y rincones donde se violó, torturó y atropelló la dignidad de cientos de seres humanos, se visten de la gastronomía del kutchen y la cerveza, se realizan matrimonios y se pasa la raja. En un suceso sin precedentes en la historia contemporánea de América Latina y me aventuro mundial, se instala a vista de todos (una vez más) que no hay que mirar el pasado, la fiesta sigue, no desenterremos los fantasmas. Con olvidos, sin perdones, sin rencores. Miremos hacia el futuro. Ese es mi Chile querido, el asilo contra la opresión.

Para más información ver: http://www.coloniadignidad.cl/

Paulo Andrés Carreras Martínez
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