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Opinión

El obispo Juan Barros y la perversión

Por: Tomás Serón Díaz / Publicado: 22.01.2018
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Todo un país indignado, creyentes y no creyentes, salvo él. El que haya acudido a las actividades papales en regiones, a pesar del caos que causó en Santiago inevitablemente me hace pensar que aquí hay un dejo de perversión en el cuestionado (y cuestionable) obispo Juan Barros.

La visita del Papa a nuestro país no quedó indiferente en lo absoluto. Y parece evidente que lo que más opacó esta visita papal, fue la aparición del obispo Juan Barros en público en las actividades del sumo pontífice. Respecto a este punto me quiero detener. Quiero aportar una mirada desde lo psiquiátrico, no buscando ser portador de una verdad absoluta, sino que para plantear una opinión con más o menos objetividad.

Recordemos que desde hace varios años, Barros ha sido acusado de ser encubridor de los abusos sexuales cometidos por Fernando Karadima, en su larga tradición de perversión y abuso de poder en El Bosque. Juan Carlos Cruz, en una entrevista de hace algún tiempo a la BBC manifestó: “Juan Barros estaba parado ahí, mirando, cuando me abusaban a mí. No me lo contaron, me pasó”. Encubridor de un abusador sexual, de un psicópata. ¿Suena grave, no? Aún así, se presenta públicamente en la misa realizada por el Papa en Santiago, y se repite el plato en Temuco e Iquique, a pesar de los cuestionamientos públicos en redes sociales y en la prensa. Todo un país indignado, creyentes y no creyentes, salvo él. El que haya acudido a las actividades papales en regiones, a pesar del caos que causó en Santiago inevitablemente me hace pensar que aquí hay un dejo de perversión en el cuestionado (y cuestionable) obispo Juan Barros.

¿Por qué me atrevo a decirlo? Primero, Barros pasó por encima de la integridad psíquica de todos aquellos que fueron víctimas de Karadima, los pateó en el suelo, negando las acusaciones graves, y más aún, obviando deliberadamente las repercusiones de sus actos. “Se han dicho muchas mentiras respecto de lo mío (…) La verdad es lo importante. Y la verdad es lo que tiene que primar”, expresó en una de las entrevistas que se le han realizado. Los revictimizó, con todo lo violento y traumático que eso podría resultar. Segundo, hay una seria incapacidad de empatía, un no atender a la realidad apabullante que caía sobre él, pero no desde la inhabilidad, sino desde la voluntad. No le interesa el otro. Su conducta es evidentemente autocentrada, egocéntrica.

Por otro lado, cuando veo las entrevistas a través de videos circulantes en distintos medios, me llama la atención su invariable sonrisa. Si a mi me estuvieran cuestionando por ser cómplice de un violador, bajo ningún punto de vista podría sostener esa postura indiferente. A este hombre no se le movió ni un pelo. Mantenía su sonrisa indiferente, la máscara que quiere mostrar para sostener su actuación, su montaje. Y más aún, no me queda claro si ser parte del centro de atención mediático le resultaba motivo de satisfacción, parece que sí. Llama la atención. Molesta. Perturba. Violenta.

El sacerdocio, la Iglesia como institución, es una fuente importante de poder, no sólo político y social, sino que también moral, incluso sexual. Pensemos en el yugo que el clero pone sobre los hombros de los homosexuales, los cuestionamientos a la mujer que aborta, sus poco efectivas recomendaciones sobre control de natalidad, la atribución satanizadora de la obtención de placer a través del sexo, etc. He ahí lo peligroso. Es un caldo de cultivo para perversos. No se confunda, no digo con ésto que todos los curas sean psicópatas, sólo planteo que la Iglesia ofrece las condiciones perfectas para el libre devenir de una persona con rasgos psicopáticos, que podría aprovecharse del poder otorgado con el fin ejecutar sus abusos. Más aún, además de la investidura de poder, la Iglesia hace vista gorda de muchas de estas graves situaciones, y hasta las encubre apelando a una defensa negadora absoluta de la realidad.

Para terminar, el espaldarazo de Francisco al Obispo Barros y la desconfirmación de los abusados sexualmente por Karadima, al negar tajantemente sus acusaciones, dan para muchos artículos más. Hago un llamado a todos aquellos que se han visto movilizados por lo acontecido recientemente a manifestarse, a opinar, a expresar la conciencia crítica.

Tomás Serón Díaz
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