Mi nombre es Stephanie Carreño, trabajo independiente tocando en las micros y practico kickboxing. Tengo 26 años.

El miércoles 25, a las 2 de la mañana, estábamos con dos amigos en el barrio Bellavista, veníamos de vuelta y le dejé mi bicicleta a uno de mis compañeros para buscar algo que se me quedó en el pub. Cuando volví le habían robado las dos bicicletas, la mía y la suya. Él se fue a dar una vuelta a ver si encontraba a las personas y pasaron dos carabineros. Me acerqué a ellos para pedirles ayuda en buscar las bicis.

Primero comenzaron a hacerme preguntas súper absurdas y después se empezaron a burlar. Preguntaban qué hacíamos allá. Nosotros simplemente nos tomamos unas chelas. Y sí, estábamos bajo efectos del alcohol. Yo le dije: ‘estoy en Bella, me tomé una chela, no estoy curada’. Y empezaron a jugar, a burlarse con eso. Les dije: ‘me acerqué para pedir ayuda, ¿me van a ayudar o me voy?’.

Y ahí empezó la discusión. Les dije que valían callampa y me alejé. Ellos se acercaron y me dijeron que me iban a llevar detenida y pasar un parte por circular en estado de ebriedad en la calle. Les dije que no, porque yo me acerqué para pedirles ayuda. Y siguieron con que me iban a llevar detenida. Llegó un retén y más carabineros. Ahí me tomaron, para esposarme.

Yo estaba alterada, me enojé y me puse a gritarles, que eran inútiles, que no servían para nada. Sí, los traté mal, pero nunca los amenacé, los mandé a la mierda…

Mi amigo se había ido a buscar las bicicletas y encontró a las personas que nos robaron. Fue a encararlos y vio que eran muchos, entonces fue al retén frente al Telepizza, les contó que ellos le habían robado y lo único que hicieron fue pasarles un papel para hacer la denuncia en Fiscalía, pero no hicieron nada con esas personas.

Me pasearon por tres comisarías distintas. Nadie me dijo donde yo estaba y nunca supe qué comisarías eran. Iba a una, me bajaban, me metían al calabozo, estaba ahí un rato y después me volvían a subir al retén.

El chofer del retén era muy, muy agresivo. Yo creo que andaba drogado o algo, me hablaba de forma muy agresiva. Me decía: ‘maraca culiá, quédate callada que te voy a pegar’. Y después de un rato, me pegó.

Fue antes de llegar a la tercera comisaría, yo estaba esposada y me mandó un combó en la boca cuando me estaba bajando del retén. Caí sentada. Me asusté, me arrastré hacia atrás, adentro del retén, para esconderme, porque me quería volver a pegar. Le pedí ayuda a su compañero, le pedí que lo controlara. Ahí él le dijo: ‘Ya, córtala’.

Cada vez que me entraba o bajaba del retén me tomaba del pelo y me pegaba patadas. Nunca fue dentro de las comisarías, ahí solo me insultaban, las agresiones físicas fueron siempre en el retén y por el mismo carabinero, que se sacó el nombre antes de empezar a golpearme. Él tenía súper claro todo lo que estaba haciendo.

Le pedí ayuda a los carabineros de cada comisaría, les decía que el chofer del retén me pegaba. Nadie me hablaba, no pude ver nada, era de noche y no caché ni siquiera el nombre de las calles.

Me pasaron a constatar lesiones, a un centro médico que no pude ver dónde era, pero jamás me constataron lesiones. Me sentaron en la camilla y estaba con dos carabineros que estaban en el retén conmigo. Un doctor se me acercó, me miró y después se sentó a escribir. Yo le dije: “oye, mira me pegó, me reventó la boca”. Yo estaba con sangre. Yo la embarré ahí, porque tenía sangre en los lentes y la abogada ahora me dijo que tenía que sacarle foto. No andaba con celular ni nada, pero igual en el querer ponérmelos, los limpié.

Le pedí ayuda al médico y me dijo: “no puedo hacer nada”. Ahí me llevaron de vuelta, casi arrastrándome, mientras yo gritaba “ayúdenme, ayúdenme”.

Me pegaron de nuevo. Era siempre el mismo, el chofer. Era moreno, alto, debe medio un metro ochenta. Nadie me dio los datos de él, ni en qué comisaría estaba. En todas dije que necesitaba hablar con mi mamá y jamás me dejaron llamarla.

Se me perdieron cosas, un reloj, un banano, en todas las comisarías en que estuve. Cuando me esposaron me quitaron las cosas, eso lo guardan en una bolsa y se supone que te los pasan. Pero en cada comisaría ellos hacían el recuento de lo que tenía y yo les decía que me faltaban cosas, un reloj, un banano, preguntaba: ‘¿Por qué no estaban mis cosas?’ Nunca me pescaron.

A la última comisaría habremos llegado a las 5 o 6 de la mañana. Ahí me dijeron que tenía que esperar hasta las 1 de la tarde para ir a Fiscalía.

Todos siempre reaccionaban de manera muy violenta, me insultaban, las esposas estaban muy fuertes, le pedí a una carabinera que la soltara y me dijo: ‘¿No te gusta andar hueando? Te quedái callada ahora’. Ahí me quedé, resignada, amarrada en el calabozo.

Desde esa última comisaría, hasta el metro Rondizzoni, que es donde queda la Fiscalía, nos habremos demorado una media hora, por la autopista. Entonces estaba lejos y esto partió acá en Providencia. No entiendo la lógica ni sé cuál es el procedimiento que tienen al tomar a alguien detenido. ¿Buscan el lugar más vacío? Eso me dejó muy mal, no saber nada, no poder hablar con nadie.

En Fiscalía no tuve ningún problema. Una enfermera me vio y fue muy consciente, me dijo que le mostrara todos los moretones y los golpes, para que quede constatado.

Hablé con una abogada de la Defensoría Penal y después con la fiscal. Ahí en la audiencia, cuando escuché el testimonio del primer carabinero, el que me tomó detenida, es que me vengo a enterar de todo lo que inventaron de lo que pasó esa noche.

En vez de hacer la denuncia del robo, él dijo que yo estaba peleando en la esquina, que él se acercó a parar la pelea y que en eso yo fui agresiva con él y lo amenacé de muerte. Y los mismos carabineros son testigos de fe. Lo único que yo tenía para testificar de que yo me acerqué a ellos porque me robaron es el papel que entregaron a mi amigo. Ahí entendí porque todos fueron tan violentos conmigo.

Yo me acerqué, le pedí ayuda, intenté ser amable y después de eso, lo mandé a la mierda verbalmente, pero nunca intenté pegarle ni nada, yo quería encontrar la bicicleta.

Iban a cerrar el caso y yo interrumpí y dije que quería hacer una denuncia contra el carabinero que me trasladaba porque me había golpeado y porque la situación no era como ellos decían.

Él es un peligro en la situación de poder en que está, es un peligro que personas como estas tengan el poder de decir lo que quieran y de tergiversar todo. Ya basta. Fui al médico a constatar lesiones por mi cuenta. Tengo un diente trizado, moretones en el cuerpo, una patada marcada en la pierna por todas las agresiones.

En la audiencia se fijó una suspensión condicional de procedimiento. La abogada de la Defensoría me dijo que era lo mejor, porque iba a salir al tiro. Pero la otra abogada que vi me dijo que no fue muy buena idea. Ahora sé que acepté la acusación, yo no lo sabía en ese momento. Me explicaron que era la mejor opción. Ahora sé que no, porque estoy haciendo la denuncia contra el otro carabineros.

Y ahora quedé con orden de alejamiento contra ese paco que me detuvo, nada tiene sentido, nada de esa noche tuvo ningún sentido. ¿Para qué fui a pedir ayuda?