La agudización que vivió el movimiento feminista chileno durante de mayo, de la mano de la movilización y denuncias de las estudiantes de diversos planteles universitarios a lo largo del país, terminó por permear la agenda del presidente Sebastián Piñera.

Pese a que el nuevo gobierno irrumpió en marzo en la escena pública con un cambio no informado al protocolo de aborto en tres causales -que terminó siendo objetado por la Contraloría-, los asesores de La Moneda optaron por un abrupto cambio de foco con el transcurso de las semanas.

Durante el pasado lunes, ajeno a las polémicas de sus chistes y declaraciones machistas y transfóbicas de meses atrás, Piñera presentó su “Agenda Pro Mujer”, con una serie de propuestas administrativas que, en sus palabras, buscan “terminar con todas las discriminaciones”.

Sin embargo, la demanda prioritaria del movimiento feminista universitario sobre una educación no sexista fue prácticamente ignorada por el Mandatario. Las organizaciones respondieron acusando al gobierno de invisibilizar el movimiento e instrumentalizar sus demandas. Desde entonces se instaló el debate: voceras y dirigentas políticas de la derecha salieron a aplaudir las medidas del sector e incluso a celebrar el movimiento feminista desplegado: una postura inédita en figuras que hace poco mostraron un rotundo rechazo al avance en los derechos reproductivos de las mujeres. El discurso de muchos -de diversos sectores políticos- apuntó al feminismo como un movimiento cultural y político.

“La visión de centroderecha genera mayor igualdad entre hombres y mujeres que las visiones estatistas que se basan en la lógica del poder”, argumentó la senadora Ena Von Baer, apuntando al machismo histórico de la izquierda. Y hasta la abogada María Pía Adriasola, esposa de José Antonio Kast -conocidos opositores al aborto y a la ley de identidad de género- afirmó que “también me declaro feminista”.

La discusión sobre la naturaleza del feminismo no se limita a Chile. En Argentina, en medio del intenso debate por la despenalización del aborto, la actriz y comediante Malena Pichot se descargó a través de un video: “Solo quería decir que no se puede ser de derecha y feminista. Así que todas las chicas de Cambiemos y del PRO que están ahí como ‘pelotudeando’ con este tema…”. El debate está al rojo.

¿Puede el feminismo ser de derecha?

El Desconcierto entrevistó a mujeres feministas de diversas áreas para conocer su opinión respecto a si es posible la existencia de un feminismo de derecha, en compatibilidad con las demandas de expresadas por las mujeres desde hace décadas. Esto fue lo que dijeron.

Foto: Mapuexpress.

Daniela Catrileo, poeta mapuche

“Creo que lo que ellas están haciendo es hablar de un movimiento de mujeres más que de un movimiento feminista. Están imponiendo una agenda desde la universalización y esencialización de la mujer. Sólo están pensando en el género como única opresión. Vuelven a hablar una y otra vez de un movimiento cultural, tachando lo político. Lo que es interesante pensar ahí, es quiénes son las mujeres en las que piensa la derecha chilena. Cuáles son sus categorías para definirlas, cuáles son las experiencias y el contexto.

Sin duda el movimiento feminista no es homogéneo, existen hasta feminismos liberales, que suelen ser profundamente elitistas y racistas, muy parecido al discurso de esta derecha progre que hemos visto emerger durante estos días. Pero lo que observo, es que existe una estrategia de no perder visibilidad en estos tiempos, hacernos creer a todas que ellas son como nosotras, que defienden lo mismo, cuando finalmente no están cuestionando el sistema que ha generado esas desigualdades. El discurso en el fondo es: ‘Somos mujeres las entendemos, pero no toquen mis privilegios tampoco hablemos de neoliberalismo, porque eso suena muy a la izquierda’. Eso queda patente en la agenda que han impuesto y en lo descaradxs que han sido para decirnos que las exigencias y petitorios del movimiento actual, ellxs ya las tenían pensado incorporar desde antes”.

Constanza Valdés, activista trans y consultora en Diversidad Sexual y de Género

“Es difícil hablar de la existencia de un feminismo de derecha siendo que esta ala históricamente se ha opuesto a los derechos de las mujeres. Lo mismo ha sucedido hace poco en el tema de la ley de aborto 3 causales, donde la derecha fue la principal opositora a la autonomía de las mujeres sobre sus propios cuerpos. El movimiento feminista, actualmente, se mueve por demandas asociadas a mujeres menos aventajadas en la sociedad, principalmente por el machismo y las constantes barreras que deben superar en la sociedad.

Estas barreras se dan, primero, en el ámbito de la educación, segundo en el acceso al trabajo y, por último, en la relación de ella con el Estado. La educación históricamente ha sido machista y uno de los principales opositores a su reforma provienen de sectores políticos más conservadores. Creo que, actualmente, no podemos hablar de la existencia de un feminismo de derecho, sobretodo si los partidos asociados a este sector no impulsan la participación política de mujeres, han legislado en contra de los derechos de las mujeres históricamente. El feminismo no excluye tampoco a mujeres migrantes, trans, lesbianas y si lo ha hecho reiteradamente la derecho, ejemplo de que no comprenden lo que implica el feminismo”.

Macarena Orellana, campeona panamericana de kickboxing, entrenadora, historiadora y docente

“Las demandas de las mujeres pueden ser transversales y creo que por ello existen muchas lecturas del feminismo y muchos feminismos. Ejemplo claro de ello es la existencia de un feminismo burgués que, sin cuestionar el capitalismo como sistema de opresión, busca que las mujeres “accedamos” a los mismos beneficios que los hombres en una burbuja de igualdad. Pero la igualdad tiene muchas contradicciones, ¿quiero ser igualmente explotada? ¿Quiero tener los mismos privilegios de los hombres para oprimir a otres? El feminismo burgués existe, pero es una continuación del sistema de opresión capitalista y patriarcal, obteniendo algunos beneficios que permiten hacer más “aceptable” esa opresión. Por ello, creo que el feminismo tiene que pensarse no solo desde la clase, sino desde lo que implica el existir desde cuerpos racializados, colonizados, explotados, etc. La experiencia de ser mujer nos puede cruzar a todas/es, pero esa experiencia y las violencias que nos atraviesan no se viven de la misma manera. Hacer propias las opresiones de otras/es es una apropiación.

Si bien pienso que el feminismo se puede vivir de muchas maneras y que existen muchos movimientos feministas que se cruzan y que se enfrentan incluso, para mí el feminismo de derecha es solo la instrumentalización y la apropiación de un discurso con miras a hacerlo funcional a la mantención de las estructuras económicas que permiten que las opresiones patriarcales se propaguen. Un feminismo de derecha sería entonces, una contradicción, puesto que la mantención de las desigualdades que provoca el capitalismo no puede ir de la mano con la destrucción de las estructuras patriarcales, capitalismo y patriarcado son primos hermanos, se ayudan, se apoyan, se potencian”.

Doris González, vocera del Movimiento de Pobladores Ukamau

“Es la derecha apropiándose de las consignas del feminismo. Lo que pretenden esas mujeres, que son de otra clase, de la burguesía, es tener libertades como las que tienen sus maridos, para poder explotarnos a nosotras las mujeres trabajadoras y pobladoras, las mujeres que no somos dueñas de la producción, sino que vendemos nuestra fuerza laboral. Somos parte de una sociedad que se sustenta en el capitalismo y eso es lo que produce es machismo, patriarcado, y por eso es necesario abrir el debate, que las mujeres nos abramos camino en las organizaciones y espacios políticos y ese es un trabajo que se tiene que hacer constantemente, erradicando las formas de machismo que hemos vivido a lo largo del tiempo.

Claramente es una estrategia de la derecha y de un sector político que no comparte estas formas de organización, donde las mujeres tengamos los espacios suficientes y podamos decidir sobre nuestros cuerpos. Ellos no están dispuestos a ceder en eso. Se están apropiando de una lucha que no es la de ellos y lamentablemente se están robando la agenda con esto de declararse feministas cuando en definitiva no lo son”.

Amandaluna Cea, vocera de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES)

“Evidentemente el gobierno se está aprovechando de la situación que hoy se está viviendo en las universidades y liceos, no pueden no legislar, pero que las mujeres conservadoras vengan a saludarnos y a apoyar nuestro gobierno nos parece sumamente hipócrita, dado que ellas/os han sido los principales propulsores de la violencia en contra la mujer. Esto se ve, por ejemplo, en las discusiones sobre ley de de Identidad de Género, protocolo de objeción de conciencia y en los dichos de los ministros.

Es sumamente contradictorio porque los/as conservadores siempre han establecido y seguirán estableciendo la violencia en contra de la mujer, en cambio la izquierda permite replantéarselo. Sus dichos, sus políticas públicas y su elitismo nos hacen dar cuenta de que jamás podan tener compatibilidad con el feminismo”.

Érika Montecinos, vocera de la Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio

“No creo. Es decir, como decía por las redes sociales el otro día, se ha banalizado el tema del feminismo, hasta tal punto que no se entiende sus postulados, su movimiento político. El feminismo es libertad, es sobre la autonomía y la decisión de los cuerpos de todas las mujeres. Eso, la derecha con sus creencias religiosas, no lo representa, no lo entiende, no está en su ADN, jura que el feminismo es solo igualdad y es solo una parte de todo. No puede decir que eres feminista si estás prohibiendo lo que hacer con tu cuerpo.

Es muy obvio que es una estrategia política, pero muches parecen maravillarse con estos güiños. Hay peligro de que el feminismo se vacíe en su contenido, que solo sea la estampa de una polera, la chapita de moda y todo al final se une en una masa que no tiene sentido. Por eso después dicen que da lo mismo por quién votar, porque al final no se distinguen. Hay que tener mucho cuidado, y pediría eso a las más jóvenes, no dejarse llevar por estas estrategias que pasarán la cuenta tarde o temprano. Sobre las lesbianas, te digo que ahí al gobierno le cuesta un poco más. Su visión es tan binaria, que ceder en derechos para nuestra comunidad se le está haciendo difícil, pero quieren alargar su estadía por 8 años así que cualquier cosa puede pasar”.

Luna Follegati, historiadora, experta en teorías de género, académica y militante del movimiento SOL

“Hoy en día definirse feminista es bastante distinto a lo que significó el término en los períodos de movilización anteriores, particularmente en los 80’. En ese contexto, ser feminista implicó un cuestionamiento profundo a las estructuras que posibilitaban la reproducción del patriarcado, tanto a nivel institucional –una crítica profunda al autoritarismo de esos años– y al capitalismo –en tanto que mantenía a las mujeres en una condición de explotación. Por tanto, el feminismo de aquellos años comprendía una transformación radical a las estructuras. Un feminismo que por sólo mencionárselo era subversivo. Desde los 90’, las implicancias del neoliberalismo han llegado incluso al feminismo, cuestión que despolitiza su acción transformadora restringiéndolo a demandas específicas que pueden ser aplicadas incluso desde el aparato estatal y reivindicadas por la derecha.

Proponer una agenda de género no es de por sí feminista, más bien implica un enfoque que puede tratar de aminorar las brechas de género pero nunca generar una crítica a la reproducción de los roles de género en todos los espacios. En este sentido, es necesario señalar que el feminismo históricamente ha tenido una vinculación con la izquierda, en tanto que busca transformar estructuralmente las formas patriarcales, que se demuestran en las condiciones de precarización de la vida, en los bajos salarios, en el acceso a la salud pública, en las pensiones. El feminismo no puede ser derecha, pues no implica una transformación completa y transversal de todos los aspectos en que se reproducen las injusticias, desigualdades y roles género”.

Camila Rojas, diputada y militante de Izquierda Autónoma

“El feminismo es un asunto transversal en la medida que nuestras vidas, las vidas de las mujeres, se ven afectadas de manera continua por distintas opresiones y violencias que se dan en distintas ámbitos y etapas. En lo educativo, en lo laboral, en las pensiones, en el sistema de salud, todo está atravesado por esta situación. Al mismo tiempo, esto lo hace profundamente político.

Voy a citar algo que dijo Kena Lorenzini y es que el feminismo no puede ser conservador. Creo que ponernos a debatir respecto a qué partido representa mejor las luchas de las mujeres es un sinsentido en la medida que se evade el movimiento de mujeres, que es el que mejor se representa a sí mismo. Cuando se responde con una agenda, puntualizando ciertas demandas, y no con una reforma integral que apunte al cambio de todo el sistema, la derecha da cuenta de cuál es su posición ante este conflicto”.

El feminismo está en disputa

Las mujeres feministas no desconocen el machismo que tradicionalmente se ha denunciado respecto a la izquierda y también se posicionan al respecto: Constanza Valdés recuerda que es un sector que “ha luchado por la igualdad de derechos y su pleno reconocimiento, y es por eso que se han acogido en este sector las demandas feministas. Esto no significa que en la izquierda no subsistan actitudes y comportamientos machistas al interior o incluso en la misma agenda política”.

Sin embargo, la activista trans apunta a que “si bien el feminismo no está en el ADN de la izquierda, tampoco ha estado en el de la derecha”. En su opinión, basta con revisar las votaciones del sector en proyectos históricos sobre la mujer y la igualdad de derechos, además del trato que han otorgado a mujeres migrantes, trans y lesbianas.

Por su parte, la entrenadora y campeona de kickboxing, Macarena Orellana, apunta que la discusión sobre las prácticas patriarcales al interior de la izquierda viene desde hace años: por ejemplo, en los 80, cuando Pedro Lemebel, en su texto “Hablo por mi diferencia”, interpelaba “a la izquierda chilena y al Partido Comunista por su machismo y su homofobia, y la discriminación que vivían las personas homosexuales en estos espacios de militancias, más aún cuando los cruzaba la pobreza”.

A juicio de Orellana, “la discusión va más allá de si es la izquierda o la derecha la que ha reconocido los derechos de la mujer, como si fuese una carrera de culpas; creo que la discusión central es la forma en que la política se ha pensado siempre desde lo masculino, subordinando las luchas de las mujeres a un espacio secundario, siempre menor en relación a una lucha más importante”.

La historiadora Luna Follegati acusa un desconocimiento de la derecha de la historia del feminismo en Chile: “Basta leer a Julieta Kirkwood para darse cuenta de que el feminismo a comienzos de siglo es una crítica que ha emergido desde la izquierda. Los Centros Belén de Sárraga y el Memch son una muestra de aquello”, recuerda.

“El feminismo está en disputa, y en este contexto centrar su condición sólo desde la violencia de género o los derechos en tanto madres es algo que coarta su perspectiva y acción. El gobierno no sólo aprovecha la Ola Feminista, sino que intenta reconducir para sus propios beneficios la acción político-transformadora del movimiento“, añade la militante de movimiento SOL.

Por último, la poeta mapuche Daniela Catrileo asegura que “si nadie repite que la derecha es machista y homofóbica es porque se da como entendido. No podemos borrar de un día a otro todas las demandas que han descartado apelando a la moralidad, o a la defensa de sus privilegios e instituciones. Creo que en estos momentos están intentando capturar luchas de las cuales siempre han sido opositores”.

“No creo en la igualdad que impulsan, porque nunca hemos sido iguales”

¿Hay límites de transversalidad en el feminismo y cuáles son? En un principio, las mujeres feministas aseguran que es imposible pensar al movimiento sin su contenido de clase: “Nosotras las mujeres tenemos que agruparnos, unirnos, dialogar y avanzar en un programa que acabe con la explotación y el patriarcado. Y para eso tenemos que estar quienes somos víctimas de este sistema capitalista, patriarcal”, defiende la dirigenta pobladora Doris González.

“La violencia es transversal para todas las mujeres, pero hay que comprender que las mujeres ricas también explotan a las mujeres pobres, por lo que esta lucha debe sí o sí ser de estas últimas”, enfatiza la vocera secundaria Amandaluna Cea.

Por su parte, Valdés argumenta que “el feminismo es transversal en todo sentido y los límites que podrían pensarse son todos aquellos en donde pisamos territorio machista. El feminismo incluye a las mujeres trans, lesbianas, migrantes, de pueblos originarias, populares. El feminismo no es un movimiento de la élite como algunos no quieren hacer creer”.

La activista de la Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio agrega que es necesario leer sobre las diversas corrientes del feminismo en la historia y “no quedarse solo con el slogan de la igualdad”, algo que refuerza la poeta Catrileo: “Veo con sospecha un feminismo blanqueado que dirija un estándar hegemónico y que mantenga sus posiciones jerárquicas. No creo en la igualdad que impulsan, porque nunca hemos sido iguales. Yo me siento parte de un pueblo al que matan y encarcelan por varias razones, no sólo por ser mujeres. Pero para ellxs ni siquiera esa condición de género que tanto protegen, sirve para defender a nuestras lamngen (hermanas)”.

En adelante, manifiestan las entrevistadas, es necesario aprender a construir feminismos que no sean fáciles de capturar por discursos conservadores o liberales. Así también lo expone Follegati: “La transversalidad desde nuestra perspectiva apuesta por reconocer cómo los derechos sociales en su conjunto hoy en día son mermados por el neoliberalismo, y específicamente, cómo la educación no sexista es también un derecho a tener una educación digna e igualitaria. Por ello, más que decir hasta donde llega el feminismo, la pregunta debería ir hasta qué punto pretendemos transformar los enclaves que hoy reproducen la injusticia y desigualdad”.

La misma idea defiende la diputada Camila Rojas: “La transversalidad del feminismo tiene que ver, sobre todo, con que esta es una lucha por la humanidad, por la dignidad de la humanidad, y en ese sentido está ligado profundamente con terminar distintas opresiones”.

Orellana, la campeona panamericana de kickboxing, sostiene que los límites del feminismo están en “la apropiación de experiencias que no me son propias. Yo puedo empatizar con muchas cosas, pero no puedo hablar por otras/es desde mis lugares de privilegio, así como otres no pueden hablar de mis opresiones desde sus realidades (…) las violencias que cruzan a las mujeres pobres no son las mismas que las que cruzan a quienes no han tenido que lidiar con la pobreza en sus vidas”, cierra.