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Opinión

Tomas feministas y denuncias mediáticas: ¿Cómo seguirá este proceso?

Por: Eliana Largo / Publicado: 31.05.2018
Tomas feministas y denuncias mediáticas: ¿Cómo seguirá este proceso? Continúa la toma feminista en la casa central de la Universidad Católica / FOTO: RODRIGO SAENZ / AGENCIAUNO
En Chile, la dificultosa ‘integración de la mujer al desarrollo' ocurre acompañada de la sujeción de los cuerpos en lo que atañe al ejercicio y toma de decisiones sobre la propia sexualidad y reproducción (véanse a modo de ejemplo las actuales discusiones sobre la mínima ley de aborto en tres causales y la intervención del protocolo para ponerle trabas).

El actual fenómeno de tomas feministas en liceos y universidades, dizque separatistas, y de denuncias mediáticas masivas como no se habían dado antes, estaría representando un punto de inflexión; se trata de un fenómeno inédito, nuevo, el que generaciones jóvenes de mujeres estudiantes se hayan hecho cargo de ese modo -haciendo ejercicio de poder-, de una realidad cotidiana que las afecta directamente: el llamado acoso sexual, la violencia sexual institucionalizada, que como puntas de un iceberg patriarcal, devela relaciones de poder naturalizadas que no pueden no devenir en abusos de todo tipo, como es la violencia de género.

La mayor conciencia que se ha generado y generalizado sobre este problema ‘endémico’, entre las jóvenes sobre todo, en la que ha incidido el trabajo sistemático de años de la Red chilena contra la violencia hacia las mujeres, ha resultado en ‘una revuelta’ y en una nueva articulación que ha visibilizado al feminismo, a este movimiento que se expresa masivamente según las épocas y sus coordenadas, con sus exigencias específicas y explícitas.

Así se dio en los años ’80, cuando mujeres diversas conformamos un movimiento nacional contra la dictadura cívico-militar: Democracia Ahora; Democracia en el país y en la casa;  Democracia en el país, en la casa y en la cama, eran las principales consignas feministas. En esos años militarizados a la fuerza, las feministas radicales éramos bien vistas porque se necesitaba que lo fuéramos; en los 90 hubo que callarse de nuevo, al ritmo temeroso de los consensos que se instalaban, acordados entre partidos de toda laya. Se puede ir más atrás en esta historia y encontrar otras articulaciones de mujeres en la primera mitad del siglo XX: las mujeres del MEMCH y su completo programa para la emancipación; y antes las obreras mutualistas y del feminismo anarquista con su prensa propia, aunando cuestiones de clase y género, en fin, hay una larga historia feminista, una tradición de lucha diría más de alguien (no me gusta la palabra lucha ni la palabra combate, términos patriarcales; habría que emplear con más frecuencia el verbo desprenderse y practicarlo, no es fácil). Hubo también varios partidos de mujeres entre los años 20 y 50 del siglo pasado, conformados en general por sectores conservadores, excepto el Partido Progresista que tenía vínculos con  la izquierda.

A mi parecer, una cuestión que ha hecho crisis actualmente es el énfasis de las políticas públicas y ‘los mecanismos para el adelanto de la mujer’ en la promoción de la participación política de las mujeres (paridad) y principalmente económica (“el cuerpo del capital descansa en la explotación del cuerpo de las mujeres”, como bien dice Alejandra Castillo en una entrevista, es decir, su participación ‘en lo público’. ¿A esa igualdad funcional refiere el término igualdad de los postulados modernos: igualdad, libertad, autonomía?

En Chile, la dificultosa ‘integración de la mujer al desarrollo’ ocurre acompañada de la sujeción de los cuerpos en lo que atañe al ejercicio y toma de decisiones sobre la propia sexualidad y reproducción (véanse a modo de ejemplo las actuales discusiones sobre la mínima ley de aborto en tres causales y la intervención del protocolo para ponerle trabas).

En tal contexto, la consolidación del pensamiento y la praxis feminista que se ha ido asentando en el país, y en el mundo hay que decir, se está dando de un modo que no se puede obviar ni minimizar, menos descalificar, a riesgo que se haga más radical, como parece ser necesario. Lo vemos y lo vivimos a diario.

Junto con solidarizar y felicitar por las tomas feministas y por las denuncias mediáticas masivas -la marea está alta-, me pregunto cómo seguirá este proceso, esa es mi interrogante.

Se podría decir que hay una mutación sin retorno respecto de las mujeres y de las disidencias sexuales que bastante han aportado a las reflexiones feministas, producida en gran parte por la caída estrepitosa de los megarrelatos y su descrédito, en particular el relacionado con la integración y la inclusión, en tanto retóricas fragmentadas que mienten y mienten cada vez, trátese de clase, etnia, edad, género, etc.

“La reflexión feminista surge desde la reflexión sobre la democracia –incautada-, y desde una revaloración y rescate de sus contenidos”, escribía Julieta Kirkwood en los años 80. En los 90, con la reposición del sistema democrático formal (‘volvió la democracia’, ‘se inició la transición a la democracia‘), los cuerpos continuaron incautados hasta hoy, en que existen ‘avances’ (ley de divorcio; ley de identidad de género según la edad; aborto en tres causales). El acoso sexual y la violación siguen siendo constitutivos de la realidad cotidiana en un mundo que no puede dejar de ser un sistema alienado, producto de su propia distorsión patriarcal. Es preciso desprenderse de él, de sus modos y prácticas, así como de personas e instituciones de toda índole que lo agencian a diario.

Lo primero a eliminar es la separación entre lo público y lo privado, decía Julieta Kirkwood, es lo que ha comenzado a suceder, por fin. Es lo que estarían aportando a su vez estas nuevas generaciones de jóvenes feministas, juntar el decir con el hacer: Teoría y práctica unidas, jamás serán vencidas.

Es el punto de inflexión que estaría haciendo la diferencia.

*El texto fue publicado en Antígona Feminista 

Eliana Largo
Feminista. Licenciada en Antropología
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