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“Ser invisible” de Lucas Urenda: Nada más caro que ser pobre

Por: Rita Ferrer / Publicado: 21.06.2018
PORTADA SER INVISIBLE /
A  medida que recorremos Ser invisible, nos vamos adentrando en la durísima existencia de sus protagonistas, entreverada con la propia vida de los autores que van progresivamente involucrándose con ellos, en el tiempo diacrónico del libro.

Hace justo una semana, recibí un e-mail de la isapre a la cual estoy inscrita con el siguiente mensaje, acompañado de una imagen fotográfica de un anciano sonriente y desdentado:

Hola Rita!

En Chile hay miles de personas que no se ven y son las que más sufren. Son personas vulnerables, que viven en situación de calle, centros de acogida o lugares apartados. Por eso, en Banmédica creamos una iniciativa que nos permitió vacunar con la influenza a más de 1200 de estas personas, ayudándoles a pasar un invierno más digno.

Compártela y juntos ¡Hagámoslos visibles! Una invitación de Isapre Banmédica y Cruz Verde.

En el libro de fotografías y texto Ser invisible  de Lucas Urenda salta a la vista la decidida paradoja entre el título y el retrato que colma su portada. Gastón es el nombre del retratado, un indigente de 26 años. Emplazado en una diagonal, el encuadre resalta su pose inclinada en  primer plano. Su inclinación pareciera indicarnos que Gastón desea salirse del marco que comprime el libro, mientras sus ojos alzados clavan su mirada en cualquiera que se enfrente con su imagen. Este que nos mira es consciente del poder de su mirada como si fuese una medusa. Qué decir de la sagacidad del fotógrafo -que al fotografiarlo toma prestado a lo mirado, por el mirante-; que es él mismo junto al que mire como un espejo. Entonces, ¿por qué el autor titula este libro Ser Invisible si la imagen que emerge tan decidida lo hace desde una retórica documental, evidentemente transparente, por no decir intrusiva? ¿Qué es lo invisible, si lo que miro me mira así deliberado?

El libro da cuenta de las rutinas de dos amigos: Gastón y Tito. En él se potencian solidariamente imágenes y texto para construir una experiencia a mi juicio aurática; en las antípodas de la cosificación y cooptación de un drama social que utiliza la imagen del desposeído, que comparece en el correo anterior.

Para Walter Benjamin -que nos abre un camino teórico y conceptual-: “sentir el aura de una cosa”, en este caso me refiero a la imagen de Gastón en la portada, “es otorgarle el poder de alzar los ojos”, y esta es una de las fuentes mismas de lo poético: Ser invisible se nos ofrece como una aparición que despliega, más allá de su propia visibilidad, lo que llamamos sus imágenes, cuyo segundo hilo conductor, ya no es solamente la sucesión entre una y otra fotografía, ni la secuencia textual que ancla al relato visual al interior del libro, que sin dudas están plenamente logradas; sino una constelación (como de estrellas o nubes), que se acerca y aleja para poetizar, labrar, abrir tanto su aspecto como sus significados, como obra de lo inconsciente. Entonces vuelvo a preguntar: ¿Qué es lo invisible, si lo que miro me mira como si quisiese succionarme?

A  medida que recorremos Ser invisible, nos vamos adentrando en la durísima existencia de sus protagonistas, entreverada con la propia vida de los autores que van progresivamente involucrándose con ellos, en el tiempo diacrónico del libro. Este vínculo respetuoso logra involucrar al lector mirón o mirón lector. Es ese devenir, a medida que se suceden las páginas, el que nos envuelve en una identificación con las personas retratadas.

Freud afirma que: “Está fuera de toda duda que el pánico significa la desagregación de la muchedumbre y tiene por consecuencia la desaparición de toda atadura entre los miembros de esta”. En este contexto, la composición anárquica, pero fuertemente controlada, de los miembros no ven otra cosa que su beneficio privado. El pánico entonces, favorece en principio a la sociedad de mercado, que es la negación por principio de la muchedumbre (Dupuy).

Gastón y Tito. Ellos condensan el sacrificio como sacrificio sin justicia social: fueron niños golpeados, niños del Sename; ahora angustiados de la pasta base; padecen sífilis, delinquen para sobrevivir: ninguna protección social. En definitiva ellos encarnan la pobreza extrema.

Al parecer los autores no piensan que Gastón y Tito sean invisibles: Más bien, saben que su reflejo nos devuelve una imagen  en la que rehusamos a  identificarnos y entonces caemos en el pánico. Un miedo que la filósofa española Adela Cortina (2004) nombra aporofobia. Arcaísmo traído desde el fondo de los tiempos en los que aporos: pobreza, y fobia: miedo, nos enrostran nuestra propia incertidumbre con respecto a un futuro en plena caída; insertos en el capitalismo mundial integrado, en el que la pobreza –paradójica- es su mejor negocio; o mejor, en que no hay nada más caro que ser pobre.

(Extracto del texto leído en la presentación del libro)

 

Ser Invisible

Lucas Urenda

Editorial Ocho Libros

Precio de referencia: $30.000

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