La candidatura frustrada del diputado Silber a la presidencia de la Cámara y una querella –también frustrada– interpuesta por la diputada Camila Vallejos, por injurias que la afectaban, son ejemplos de casos públicos –muy diferentes entre sí– que reiteran la “moda” de las fake news. Noticias falsas que buscan incidir en el panorama político mediante la desinformación o el uso mañoso de información con el fin de dañar el prestigio y la imagen de personas políticas que tienen cierto liderazgo de opinión. Se instala la duda y, a pesar de los desmentidos, no faltan quienes son convencidos por la mentira. Se busca alterar el curso de los acontecimientos construyendo socialmente una realidad ficticia que no corresponde a la realidad fáctica.

En el caso de las fake news actuales, generalmente esparcidas en la redes sociales, se piensa que son iniciativas particulares; gente mala onda, ociosa; troleo mal intencionado; no necesariamente se trata de operaciones conspirativas de gran escala ni de muchos recursos. Está en boga, como si todos los días fuera el Día de los Inocentes cuando –hasta mediodía– se podía mantener una noticia falsa en un juego colectivo.

Sin embargo, no es nuevo. Y es necesario que las personas jóvenes, que se asombran ante la novedad, conozcan que desde el Estado de Chile se organizó y financió la construcción de notables noticias falsas que consiguieron modelar la actuación de miles de personas de un modo determinado por la dictadura. Pienso en las personas jóvenes –que opinan sobre política– que eluden ciertos temas acudiendo a la coartada de que eran niños o no habían nacido cuando sucedieron crímenes de los cuales les incomoda saber. La ignorancia no excusa, hacer política –tomar partido– es insertarse en la historia.

Es útil, también, para la construcción y preservación de una memoria democrática que la gente mayor recuerde las situaciones en que fue manipulada y admita –en diferido, con los antecedentes con que se puede contar hoy– que fue engañada. Nos lo podemos decir de diversas maneras: nos metieron el dedo en la boca, caímos redonditos, nos hicieron lesos. Y mucha tele. La propaganda nos envolvió para que miráramos para otro lado: literalmente al cielo cuando se creó la expectación en torno al cometa Halley y a las “apariciones” de la Virgen en Peñablanca. Temas “apolíticos”, misceláneos, que ocuparon la agenda noticiosa y la atención de la gente en tanto sucedían las atrocidades –posteriormente conocidas y ya indesmentibles—que cometía la dictadura. Apariciones en tiempos de desaparecidos. Así, la llamada opinión pública –el lector inadvertido e inerme- fue presa de la curiosidad y ansiedad que se creó a propósito del paso del cometa Halley, evento que fue magnificado artificialmente por orden de un ministro; y de la aparición de la virgen de Villa Alemana, que fue literalmente un volador de luces y una cortina de humo, que tuvo a la CNI en su producción, que incluyó la manipulación inescrupulosa de un joven con problemas psiquiátricos. Ambas –y quizás cuáles otras– resultaron ser operaciones comunicacionales distractoras organizadas por los aparatos de inteligencia y (des)información, bajo una dictadura cívico-militar que tenía a los dueños de la prensa de su lado.

Así, toda la ciudadanía podía estar engañada al mismo tiempo respecto de la “realidad” construida desde la manipulación del régimen. Los temas blancos tenían resonancia en la prensa controlada que imponía los “temas de conversación” y la sugestión colectiva mediante “noticias” aparentemente más inocentes que alimentaron la prensa miscelánea, los reportajes tradicionales, el infoentretenimiento típico de las crisis económicas, con noticias aparentemente desconectadas de la política y los debates sobre el poder. Los medios fueron utilizados en la ejecución de operaciones de diversionismo con el fin de distraer la atención de la realidad fáctica generada por la dictadura y ocultar o mitigar los efectos de la crisis económica, la corrupción y los crímenes violatorios de los derechos humanos; así como ensombrecer las expresiones de protesta. La perspectiva del tiempo, con la información que proporciona el conocimiento y las evidencias que imponen una verdad indesmentible, ha revelado que estas operaciones de manipulación de los medios y la ciudadanía fueron efectivas. Doblemente efectivas: verdaderas y eficaces.

A propósito de las fakes news tan en boga propongo estos ejemplos de temas aparentemente inocentes (el Halley y las apariciones de la virgen), sin olvidar las invenciones siniestras del Plan Z, de los falsos enfrentamientos, de los diarios para “informar” sobre los 119 desaparecidos y otras cometidas con el fin de modelar la opinión de “la gente común”, víctima de la propaganda. Así, la derecha construyó realidades-ficciones que acapararon la atención y convencieron a buena parte de la población. En diferido se ha logrado conocer una verdad que tiene evidencias y se puede acreditar: una verdad pospuesta; sin embargo las mentiras pueden subsistir y siempre existirán personas que, a pesar de las evidencias, no aceptarán la verdad. La contumacia existe. Se expresa a veces con fanatismo en la repetición impune de convicciones desacreditadas, de verdades que ya sabemos fueron mentiras.