Pasado el mediodía de este primer lunes de abril, parte de la prensa da cuenta de la evaluación que hacen los presidentes de la DC y el PS de sus respectivos encuentros con Sebastián Piñera. Chahín y Elizalde se sienten decepcionados. Que esperaban mucho más del gobierno, que dialogar supone un ejercicio político en que los actores se escuchan, que el gobierno no propone nada nuevo y que –entre otras cosas- no escucha. Tal parece que no hubo diálogo.

El gobierno puede hacer varias cosas al mismo tiempo, puede hundir la economía doméstica de las familias pobres de Chile mientras llena los bolsillos de los grandes empresarios. Puede someter al sacrificio económico y socio-ambiental a comunidades en territorios que al corto plazo se hacen inhabitables. Porque finalmente se trata de eso, y no más que de eso: un gobierno de derecha  gobierna para el mercado, de ese delirio no se apartan.

Piñera pasa por su peor momento en todo sentido. Es un gobierno con una agenda que giró tan marcadamente hacia la ultraderecha y que es a la vez tan profundamente incompetente en lo político y lo económico, que entre tanta torpeza necesita más que nunca “dialogar” con una oposición que lamentablemente a ratos parece tan perdida como el mismo oficialismo.

Es en este escenario con olor a maniobra comunicacional –y no más que eso- que entre los invitados al café está el Frente Amplio en tanto bloque político. Pese a que ya queda de manifiesto que pese a lo infructuoso que es dialogar con el gobierno, las fuerzas políticas frenteamplistas con representación parlamentaria han aceptado la invitación, cuestión que desde el partido Igualdad lamentamos profundamente porque entendemos que la señal va en la dirección incorrecta y lo hemos planteado abiertamente en todos los espacios del bloque: desde la mesa nacional hasta los espacios de construcción territorial.

Creemos que ni una ni varias citas alterarán la agenda antipopular de Piñera. No hay nada bueno para los pueblos en este gobierno, por tanto no hay nada bueno en dilatar la crisis que hay que construir en todos los campos de lucha.

Desde Igualdad entendemos la necesidad de dar señales que apunten a que la política, para el Frente Amplio, no es una aventura ruidosa y especulativa. Entendemos también la honesta convicción de algunos sectores que desean demostrar desde hoy que cuando disputemos el gobierno nacional nuevamente vamos a estar en condiciones de vencer y gobernar. Pero la política es un ejercicio también de principios, de ilusiones y esperanzas. Y si el Frente Amplio está hoy en el parlamento es porque encarnamos por un momento esas ganas de limpiar y transformar que tenía la gente en relación a la política misma y las instituciones. La política debe ser también un ejercicio de verdades, sin cocinas ni máscaras, un ejercicio de cara a los pueblos.

A Piñera hay que tratarlo como el Piñera que es: su gobierno es el gobierno de los multimillonarios, de los ricos y poderosos de Chile. Representa los intereses de las grandes empresas financieras, de las multinacionales y de las elites chilenas que nos explotan en tanto trabajadores y trabajadoras, arrasan con nuestro entorno y el medio ambiente, nos roban en nuestra calidad de consumidores y nos humillan como ciudadanos y ciudadanas. Nos privan de nuestros derechos y las necesidades del pueblo las transforman en negocio para el lucro de los poderosos. Este gobierno representa el poder de la dominación contra los pueblos de Chile y las naciones originarias. El gobierno de Piñera, así como los otros gobiernos de derecha del continente, deben ser derrotados por los pueblos, con lucha, organización y rebeldía. Por tanto, no es nuestro papel aportar a darle a este gobierno una legitimidad a la que no tiene derecho.

Y no es cuestión de principismo versus realidad política. Si el Frente Amplio estuviese jugándose un avance para los pueblos probablemente estaríamos alentando la posibilidad de sentarse por un café y todas las galletitas que el palacio de gobierno disponga para ello, pero entendemos que no es así, como entendemos que el bloque sigue en deuda con los movimientos sociales e incluso con las expresiones territoriales del mismo bloque que siguen esperando que se haga del parlamento un espacio para la lucha y la agitación de ese programa de gobierno que construimos entre miles de personas durante largo tiempo. Hay ahí un conjunto de causas justas que alimentan luchas pequeñas y grandes por la vida digna y que demandan de este Frente Amplio acciones y señales concretas, cariñosas y rebeldes, para terminar de entender que somos, efectivamente, el bloque político que prepara las condiciones para transformar las estructuras en que se sostiene la agresión permanente del Neoliberalismo contra nuestros pueblos y comunidades.

Desde este partido mayoritariamente de pobladoras y pobladores, seguimos creyendo que el Frente Amplio supone el espacio llamado a aportar de manera significativa a la construcción de una fuerza social y política que abra el camino a un Nuevo Chile para conquistar los derechos sociales de justicia, igualdad y dignidad para todas y todos.