Francesc Morales Brücher (33) es la mente detrás de conocidos videos virales que hablan de temáticas del mundo gay y/o luchas de género. Previo a su incursión en el plano digital, el comunicador audiovisual formó parte del equipo de guionistas de populares espacios en televisión abierta como el reality “Pareja perfecta” (Canal 13) o las teleseries “Gordis” (CHV) y “Mamá mechona” (Canal 13).

El 2016 estrenó su serie web “Mamones”, un proyecto que le trajo miles de visitas en su canal de YouTube y las miradas tanto de la comunidad LGBTI como del mundo audiovisual.

En paralelo, el extrovertido director ha mantenido un permanente rol de activista de las temáticas de las disidencias sexuales y de género. Es más, sus últimos trabajos, han girado en torno a temáticas como el VIH, la realidad de las personas trans o la educación sexual.

Este trabajo hizo merecedor a Morales del Premio Todo Mejora a la visibilidad, entregado hace unas semanas en el evento anual de la fundación. “Este año volví a hacer virales porque, ¿cuántas veces puedo decirle a Jacqueline van Rysselberghe que su pensamiento es como su peinado?… Nunca va a estar de moda”, dijo el activista al recibir el galardón, fiel a su estilo irreverente.

—¿Qué significó el premio para ti?
—Para mí fue una sorpresa, porque es un premio a algo que no sabía que se premiaba. Ya estoy súper haciendo lo que hago, que es esta mezcla de activismo y comedia, que es algo que tengo súper desarrollado, que me gusta hacer y que lo paso bien. Entonces también es como recibir un “vas bien”, un espaldarazo. Yo he ido a varios Premios Todo Mejora y para mí siempre fue algo lejano. Sentía que se lo daban a gente más famosa. De hecho en mi categoría este año había gente mucho más conocida que yo. Por todo eso fue bonito para mí.

Foto: Felipe Carmona

“No quería ser como Jordi Castell o Gonzalo Cáceres”

—¿El Francesc de las redes sociales es un personaje o eres tal cual como te muestras en el plano digital?
—Soy una mezcla de ambas cosas. Por ejemplo, lo que nunca expongo en redes sociales es que soy súper trabajólico y estoy todo el día ocupado en mi trabajo, mandando mails o en reuniones. Esa parte de mi vida no la muestro y es una parte súper grande, pero es fome para las redes sociales.

—¿Cómo fue la experiencia de ser homosexual y estudiar en la Universidad Católica?
—Cuando estuve en la universidad estaba como descubriendo mi sexualidad aún. Yo cuando llegué a la Católica conocí por primera vez un homosexual. En el colegio para mí era algo súper lejano. Sentía que podía ser una opción pero no sabía todavía. Entonces no fue tanto tema. Ahora que estoy súper fuera de closet he ido a hacer charlas a la universidad sobre diversidad sexual. El año antepasado participé en una besatón gay en la UC que fue bien polémica porque después llegaron los curas a rezar al mismo lugar. Ahora trato de aportar lo que no pude hacer en ese tiempo.

—¿Cómo fue describir tu identidad sexual saliendo de la Universidad? 
—Lo mío pasó un poco porque en el entorno en el que crecí no existía la homosexualidad. Yo no conocía gente homosexual. En la tele veía a Jordi Castell o a Gonzalo Cáceres y yo no me sentía identificado con ellos. No quería ser como ellos. Para mí fue un proceso de ir a escondidas descubriendo cosas, pasito a pasito. Empezar a cuestionarme cosas. Lo que más gatilló la homosexualidad en mi fue un taller de guión que hice en Canal 13, donde casi todos mis compañeros eran homosexuales. Ahí por primera vez hice amigos gay y eso mostró el mundo ideal de Aladdin. Decía “oh estoy en una disco gay y me sé todas las canciones”. En ese momento, teniendo gays como amigos, dije yo también soy gay.

—Decías que cuando eras chico no había referentes LGBTI, ¿ahora los hay?
—Sí, creo que hay varios. En general, creo que son mis amigos, porque los admiro mucho. Gente como César Muñoz y Luis Aliste de Vía X o Kevin Vásquez. Personas así me generan mucho respeto, porque conozco sus historias detrás. Es bacán darse cuenta de que no estás solo en esto.

Foto: Felipe Carmona

El sueño audiovisual

Así como Morales cree que hoy existen más referentes LGBTI en el espacio público, esta realidad también se ha hecho presente en las ficciones de la televisión abierta. Son múltiples las series y teleseries nacionales que han incluido personajes no heterosexuales en sus tramas y han generado bastante expectación.

—¿Cómo ves esto? ¿Es una buena visibilidad?
—Siento que hay algo que se está haciendo un poco mal. Se fuerzan un poco estas historias. De repente no todas las historias necesitan tener algo gay, y por eso salen personajes no tan buenos. Creo que no ha habido una gran historia gay, salvo en “Perdona nuestros pecados”. En la tele faltan historias más buena onda, de personas felices, porque ser homosexual no es sólo sufrir. En ese sentido, la serie que yo hice “Mamones” fue novedosa, porque en su momento no había mucho de eso. Es una comedia súper adolescente, súper light y sentía que eso, que es súper básico, no existía. Sólo habían súper dramas sobre salir del clóset, problemas con los papás, etcétera. Entonces, lo que hice creo que incluso puede aportar más que una historia triste.

—“Mamones” próximamente será película, ¿cómo va ese proceso?
—Bien, pero no puedo hablar todavía de eso. Yo creo que la gente se va a volver loca con la película, porque hay muchas sorpresas que no he contado jamás. De hecho nadie sabe de qué se trata realmente la película. Nunca lo he contado y es muy importante de lo que se trata. Si sale todo bien, va a marcar algo súper importante. Tiene relación con lo que venía haciendo en la serie, pero es como llevarlo al próximo nivel.

El director cuenta que cuando estrenó la serie, este trabajo tuvo una repercusión muy inesperada para él. “Llegó a directores de cine que yo admiro mucho, que jamás les mande el link ni son amigos míos. Una vez estaba en un evento de cine y se acercó Matías Bize y me dijo “me encanta tu serie”. Una vez me tuiteó Sebastián Lelio. También me pasó con un director que está demandado por abusos sexuales y con Alberto Fuguet. Yo pensé, “imagínate me llaman para trabajar en una de sus películas, sería como un sueño hecho realidad”, pero eso nunca sucedió. Y ahí me di cuenta de que mis sueños no podían depender de otras personas. Por eso decidí hacer la película.

—En 2013 tu película “Apio Verde”, que hablaba del aborto terapéutico, fue censurada, ¿cómo fue ese proceso?
—En esa época no se hablaba mucho del tema y eran constantes peleas con todo el mundo sobre querer hacer una película sobre eso. Al final pasó que la película fue restringida por el distribuidor, a pesar de que teníamos el presupuesto para estrenarla comercialmente. Cuando venció el contrato, después de muchos meses, decidimos estrenarla online porque era la forma en que la película iba a ser más masiva y aportaría más a lo que buscaba, más que ganar dinero. De hecho, lo que hicimos fue hacer una premiere e invitamos a todo el mundo y dijimos “sorpresa: la película está online, compártanla”. Así logró mayor notoriedad de la que hubiese tenido estando en salas independientes. Tuvo súper buena recepción, tiene como 700 mil visitas. Mis dos películas están en online y siento que ha sido lo más productivo que podría haber hecho. Ahí empecé a hacer contenido constantemente para internet y de forma gratuita. Por ejemplo, yo no tengo los videos para ganar dinero ni nada porque siento que son causas que no merecen que monetice con ellos. También porque me carga la publicidad en YouTube.

En esa línea, Morales indica que las redes sociales le han servido un montón en su trabajo.”Yo siempre le recomiendo a los cineastas jóvenes que hagan cosas por internet. Sirve para entender qué le gusta al público, como un ensayo y error. Yo empecé a hacer videos en una época donde salían muchas campañas que eran famosos hablando a la cámara, muy enojados, súper serios, diciendo “no a esto, no a esto otro” y yo no entendía por qué la gente hacia eso tan fome, tan repetido. Ahí empecé a experimentar cosas”, comenta.

Foto: Felipe Carmona

Un matizado activismo

En enero de 2019, Morales recibió toda la odiosidad del pastor evangélico Javier Soto luego de publicar uno de sus virales, quien lo trató de “pervertido” y “orientado a la pedofilia” en redes sociales. Sin embargo, tras una ola de denuncias el activista logró que la cuenta de Instagram del religioso fuera cerrada.  

—¿Qué significó aquella ganada? ¿Es significativa para ti?
—A mí lo que más me gusta del activismo es motivar que la gente haga cosas. En este caso, motivar a la gente a denunciar algo que está mal. Yo solo no puedo denunciar una cuenta de Instagram y que la cierren. Tienen que llegar cientos de denuncias. Para mí es importante que la gente se empodere. Lo que hago es decirles que yo no puedo resolverles todos los problemas, pero que ellos son capaces y que tienen que aprender de eso. Lo del pastor Soto sucedió no más. La gente lo empezó a denunciar para defenderme y tuvo una consecuencia positiva creo. Igual tampoco creo mucho en ir cerrando cuentas así, porque esa gente tiene que aprender. Pero este tipo nunca va a aprender.

—¿Cuál es tu relación con las organizaciones LGBTI?
—Tenemos una relación de mutuo respeto. En el sentido de que no trabajamos directamente juntos, pero yo conozco lo que hacen ellos y ellos saben lo que hago yo. Nos tenemos muy buena onda. Se entiende que lo mío es un complemento, que es súper comedia, que no busco decir esta causa yo la levanté, sino que mi trabajo busca reforzar ciertas cosas que ya existen. Hoy estoy más concentrado en hacer cosas que toquen algo importante, pero obviamente hay personas que lo hacen mejor que yo. La mío es un granito de arena.

—Te acusan de caricaturizar a la comunidad LGBTI en tus videos, ¿qué piensas de esa crítica?
—Eso ha ocurrido desde el principio. Cuando hice mi primer video gay, lo escribí un jueves, lo grabé un viernes, lo edité un sábado y lo estrenamos un lunes. El martes salió en televisión Jaime Parada hablando de que estaba mal que pusiéramos a gays afeminados. Eso es algo que ha estado literalmente desde el vídeo número uno, en su día dos. Yo siento que es una visión injusta, porque de partida yo por lo general uso gente haciendo de sí misma. Entonces, le están diciendo esa gente que no pueden ser como son y ellos no están haciendo nada malo. Dentro de eso, hay gente que es más gay que uno incluso –por decirlo de alguna forma- y esa gente no tiene porqué sentirse culpable por ser como es. Nadie tiene el derecho a decirles que no contribuyen a la causa.

—Otra crítica que suelen hacerte es sobre el negocio de las poleras, dicen que podrías estar lucrando con tu activismo…
—Es ridículo que digan eso, porque si nadie me las compra, entonces no lucro nada. Eso fue algo paralelo que se me ocurrió. Creo que no tiene relación directa con el activismo, pero encuentro súper la experiencia de usar una polera que casi diga “soy homosexual”. Es una experiencia que todos deberían vivir. Me han contado muchas personas que cuando se ponen la polera, al principio sienten vergüenza de caminar por la calle, porque todos te miran, pero después se sienten súper empoderados. Para mí eso es lo más importante. Tampoco las vendo caras (ríe), tampoco me voy a ser millonario con eso. Al principio lo hice más que nada porque me invitan a eventos y cosas así, y como son tan repetitivos, empecé a diseñar mi propia ropa para ir a esos eventos y hacer algo distinto. Al final la gente me empezó a pedir “oye véndeme la polera” y lo hice simplemente.

—¿Cómo lidias con los comentarios negativos y agresivos en redes sociales?
—Me empezaron a afectar cuando empezaron a llegar mensajes desde la misma comunidad gay. Antes me daba lo mismo, porque desde el principio hice videos contra la homofobia y me llegaban mensajes de gente conservadora, pero cuando te empiezan a llegar de tus propios aliados, uno se replantea cosas. Te da para reflexionar sobre qué debería mejorar, qué estoy haciendo mal. También eso de comentar cosas por internet es relativamente nuevo, entonces también pienso que la gente no sabe cómo usar ese poder todavía. Los que estamos más expuestos sufrimos las consecuencias, un poco.

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