Cristina Martínez (48) trabajó siete años como asesora del hogar puertas adentro en una casa en La Dehesa. Al comienzo le pagaban 300 mil pesos. Su único día libre era el domingo y lo aprovechaba para ir a descansar a la pieza que arrendaba en Independencia. Destinaba 150 mil pesos mensuales para eso.

Cristina llegó a Chile desde República Dominicana por motivos laborales. Allá se quedó su hijo, que estudia en la universidad, y su mamá, que arrendó su casa para pagarle el pasaje de avión y cubrir otros gastos. Por eso, las veces que  ha hecho sus maletas con las intenciones de volver, se ha contenido y sigue pensando en los ahorros.

Su empleadora le ofrecía que se quedara de lunes a lunes allá para que no gastara en arriendo. Pero, no. Habría sido agotador, dice, no tener un espacio que diferenciara el trabajo del descanso. De quedarse, esa línea sería muy difusa.

La Ley 20.786 aprobada en 2015, durante el gobierno de Michelle Bachelet, reguló las condiciones para las trabajadoras y trabajadores de casa particular. Estableció que no era obligatorio el uso de uniformes o delantales en espacios públicos y, en el caso de quienes se desempeñaran puertas adentro, fijó los horarios de descanso.

Sobre esto último, la normativa señala que, si bien no hay horarios definidos, debe haber un descanso absoluto de doce horas fraccionado de la siguiente manera: nueve horas entre el fin de una jornada y el inicio de la siguiente y tres horas durante la jornada laboral. Además, establece que tendrán derecho a descanso semanal los domingos.

Pero para Cristina, quien decidió unirse al Sindicato Único de Trabajadoras de Casa Particular (Sinducap), esto es insuficiente y, muchas veces, letra muerta.

Su interés por integrarse al gremio –que ha trabajado con la Asociación Nacional de Empleadas de Casa Particular (Anecap) y el Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular (Sintracap)– es contar con información a la hora de establecer condiciones laborales con su empleadora.

—Yo ya, sé por ejemplo, que no me pueden descontar de mi sueldo si necesito pedir tiempo para hacer mis papeles, regularizarlos. Pero cuando lo dices con seguridad, es distinto. A mí nunca me lo descontaron, pero sí les ha pasado a varias compañeras que están en la misma situación—, comenta Cristina a El Desconcierto.

La mayoría de las integrantes de este sindicato, un 85%, son trabajadoras extranjeras.

Foto de Laura Cruz McIntyre

“No tenía chance para nada”

Yenny Bernard (44) se unió al sindicato porque Cristina, su vecina, la invitó. Ella también arrendaba en Independencia, pero trabajó por más de dos años como asesora en una casa particular en Viña del Mar. Era una casa de un condominio exclusivo de Concón. Recibía 500 mil pesos líquidos; también, puertas adentro.

Yenny tiene nacionalidad haitiana, pero siempre vivió en República Dominicana. Cada viernes por la noche regresaba a Santiago. Pero decidió terminar con el contrato.

Cuenta que lleva menos de una semana de vuelta en la casa que arrienda junto a sus tres hijos, todos mayores de 20 años.

—Yo quería un trabajo para llegar a mi casa todos los días, porque puertas adentro no tenía chance para hacer nada—, reconoce.

—¿Volverías a trabajar como asesora del hogar?

—No, no, no me queda tiempo para hacer nada por mí. Mis hijos me apoyaban y todo, me decían, claro, que tenía que buscar la vida, nada más, pero me cansé —, responde.

Ahora Yenny tiene que volver a Viña del Mar a buscar su recomendación y espera pronto encontrar otro trabajo, pero como primera opción no está el de casa particular.

Exigir dos días de descanso

Al igual que Cristina y Jenny, Bertha Mateo (49) tiene una modalidad de trabajo de seis días adentro y uno libre. Llegó a Chile desde República Dominicana y lleva cerca de un mes en el nuevo departamento donde la contrataron.

Sobre su experiencia en la casa anterior, cuenta:

—En la otra casa en la que estaba no era nada fácil. Me quedaba lejos, en Vitacura. No tenía horarios para comer. A veces lo hacía de pie porque seguía haciendo cosas.

Salía los sábados por la tarde y volvía a la casa los domingos por la noche. Recibía 380 mil pesos líquidos.

Precisamente, este ha sido uno de los puntos que se han discutido con fuerza al interior de los gremios de trabajadoras de casa particular: conseguir que por ley se establezcan dos días libres a la semana para las trabajadoras puertas adentro.

Este 1 de mayo las tres integrantes del sindicato van a marchar juntas por la Alameda en la movilización convocada por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), además de exponer que las decisiones que ha tomado el gobierno en materia migratoria son, a su juicio, regresivas. Además de esto, aún está pendiente con el Servicio de la Mujer y Equidad de Género (Sernameg) y el Ministerio del Trabajo abordar las denuncias por acoso sexual que han dado a conocer varias de las integrantes del gremio.

—Por más que se piense que esto es transitorio, tú llegas y ya eres parte de un lugar, entonces, necesitas estar bien en el lugar en el que estás, informarte, que se te respete—, comenta Cristina Martínez, que por estos días consiguió un nuevo trabajo haciendo el aseo en un edificio y tiene una ventana libre de 18:00 a 21:00 horas porque también tiene un turno de noche.

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