Pese al fracaso de la llamada “Operación Libertad”, el autodesignado presidente venezolano Juan Guaidó mantiene su optimismo: “Estamos muy cerca de lograr el cambio en Venezuela“, declaró este lunes. Sin señales de reformas inmediatas a la vista, la prensa internacional ha empezado a poner en duda la capacidad de convocatoria del líder autodesignado, y presenta un escenario de bloqueo ante una eventual desmovilización.

El llamado a la rebelión de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) nunca se concretó. El complot acabó con 25 insurrectos pidiendo asilo en la embajada de Brasil y Leopoldo López, rescatado por ellos, refugiado en la embajada española. “Hubo gente que faltó por cumplir”, justificó Guaidó. Argumentos y acusaciones para tratar de explicar qué y quién falló en el plan diseñado por la oposición venezolana y sus aliados de Estados Unidos, que no esperaron para señalar a altos cargos del gobierno de Nicolás Maduro, cubanos y rusos como actores fundamentales de la trama.

Para esclarecer qué hay de cierto en el relato que Washington entregó sobre los hechos y hacer un análisis sobre los efectos de la crisis venezolana en la región, El Desconcierto conversó con el embajador de Cuba en Chile, Jorge Néstor Lamadrid. El diplomático aseguró estar en contacto “permanente” con su homólogo venezolano, Arévalo Méndez, “sobre todo en los últimos días”, tras lo que califica como “una intervención sin precedentes en el siglo XXI”.

– Tras el intento de golpe de estado de Juan Guaido, EE.UU., a través de su consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, apuntó públicamente a tres autoridades chavistas (el presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Maikel Moreno; el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino; y el comandante de la Guardia Presidencial, Iván Hernández Dala) como cómplices de un plan para promover una salida de Nicolás Maduro por la vía institucional. Poco después, el secretario de Estado, Mike Pompeo, aseguró que Maduro tenía un avión preparado ese mismo martes para huir hacia Cuba, pero que Rusia lo habría disuadido. ¿Qué hay de cierto en eso?

– Hay fabricaciones, mentiras lanzadas al aire, como esa novelesca historia del avión ruso que debía llevar a Maduro a Cuba. Hay una extraordinaria ignorancia a la hora de entender cómo se mueven nuestros gobiernos y nuestra región. En Cuba, durante 60 años se han dicho las mentiras más insólitas, algunas de ellas de la boca de las mismas personas que hoy están en el gobierno de Trump, como John Bolton, quien acusó a Cuba de estar fabricando armas biológicas. Pompeo, por su parte, fue director de la CIA y hay videos circulando por las redes en los que se le ve diciendo en una conferencia que como director de la CIA engañó, mintió y robó. Son mentiras que se repiten hasta la saciedad y que tienen el sello del goebbelismo: se repiten mil veces para que calen en la gente.

– Otra afirmación que se ha lanzado repetidamente desde Washington en las últimas semanas es la presencia en Venezuela de más de 20.000 militares y agentes de inteligencia cubanos. ¿Es cierto?

– Es otra mentira tenebrosa. Una justificación para seguir con el recrudecimiento del bloqueo a Cuba y para justificar las sanciones o una eventual intervención militar en contra de Venezuela. En Venezuela hay unos veinte y tantos mil cubanos que en su mayoría son trabajadores de la salud, doctores, especialistas médicos y personal de enfermería. El 60% son mujeres y no tienen nada que ver con tropas ni control militar de Cuba en Venezuela. Sí hay una estrecha cooperación histórica entre ambos países, que sentó las bases para estos intercambios de cooperación civil, mediante el cual recibimos petróleo venezolano que pagamos entregándoles estos servicios médicos. Hay un episodio relevante sobre esto. Hace como un año, El Mercurio publicó en una editorial que decía que el régimen de Maduro estaba liquidado y que había que atacar a los dos pilares que lo mantenían vivo: las Fuerzas Armadas Bolivarianas y Cuba. Me llamó poderosamente la atención que un periódico exhorte al derrocamiento de un gobierno legítimamente establecido como el Cubano. No tuvieron explicación posible para fundamentar un criterio de ese tipo. Esos son los alcances de la campaña de demonización y condena contra un gobierno que no es del agrado del Norte, de Estados Unidos.

– Este domingo un texto de Granma hablaba sobre las acusaciones de Washington contra La Habana por sostener el gobierno de Maduro. “Venezuela no necesita a nadie que salvaguarde su honor”, decía el artículo. ¿Lo comparte como argumento?

– Ha habido una falencia, un error endémico por parte de los gobernantes norteamericanos y es la subestimación enfermiza de lo que ocurre en Cuba o en Venezuela. Venezuela tiene un caudal histórico de independencia, soberanía, autodeterminación e identidad nacional extraordinarios. Es la cuna de Simón Bolívar, como Cuba es la cuna de José Martí. Se subestima la capacidad de resistencia y soberanía de nuestros pueblos y países. El venezolano es gente de paz, pero no le toques los valores patrios: soberanía, independencia e integridad.

– ¿Cuba está asesorando al gobierno de Nicolás Maduro en este proceso?

– No. Las relaciones que existen son convenios de cooperación, tratados de libre comercio (TLC) entre ambos países, en el marco del ALBA.

“La intervención militar no se puede descartar”

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Foto Referencial: Protestas ante embajada de Venezuela en Buenos Aires

– Este lunes se reunió en Costa Rica el llamado Grupo de Contacto (GIC), integrado por algunos países europeos además de Costa Rica mismo, Bolivia, Uruguay y Ecuador, para favorecer una salida dialogada al conflicto. ¿Qué espera que salga en esta reunión?

El GIC surgió en medio del caos creado por una cruzada antivenezolana asfixiante por parte de los miembros del Grupo de Lima, bajo el dictado de EE.UU. y es una vergüenza que este grupo cuente con el apoyo de gobiernos latinoamericanos. El GIC fue una iniciativa que aboga por el diálogo, algo de lo que Cuba siempre ha sido partidario, porque Venezuela no se va a rendir y hay que buscar formas de resolver el conflicto. Diálogo, por supuesto, con el gobierno de Nicolás Maduro, que es el gobierno legítimo.

– ¿Por qué Cuba no participa en este grupo?

– Cuba tiene sus posiciones bien definidas y esta iniciativa incluye a gobiernos europeos que han reconocidos a Juan Guaidó. Está llena de suspicacias. Si bien aboga por el diálogo, también está permeado por la misma campaña antivenezolana que reconoció a un presidente que no tiene razón ni legitimidad. Me cuesta comprender que, en virtud de esas decisiones de gobierno, colegas míos acá hayan recibido a Guarequena Gutiérrez como embajadora de Guaidó. Es el ridículo hecho política.

– Este fin de semana el presidente cubano Miguel Díaz-Canel tuvo una conversación con su homologo canadiense, Justin Trudeau, quien también integra el Grupo de Lima, en la que le planteó la necesidad de buscar una solución a la crisis venezolana. ¿Qué otras acciones está impulsando el gobierno cubano para contribuir en la resolución del conflicto?

– Cuba se ha mantenido firme en la defensa del derecho internacional: soberanía y respeto a la autodeterminación e independencia de los países. En eso hemos sido históricamente un baluarte. No tenemos dobles raseros y decimos las cosas como son, denunciamos de forma firme y sostenida las violaciones flagrantes del derecho internacional que se intentan instalar como acciones legítimas.

– ¿Se está trabajando en alguna solución al conflicto desde la diplomacia cubana?

– Hay acciones de las que no estoy autorizado a hablar ni soy conocedor. Sintomáticamente, ahora parece que el Grupo de Lima trata de incorporar a Cuba en una solución, pero es una total incoherencia. La declaración apoya a Guaidó y, a la vez, convoca a Cuba para colaborar. ¿De qué forma vamos a reconocer la validez de un presidente fantoche y justificar una escalada agresiva?

– ¿Cómo afecta la profundización de la crisis en Venezuela a Cuba?

– Más allá del caso particular, lo que se ha instalado es un caos en la región, una inestabilidad que hacía rato que no sufríamos. La historia de intervenciones de EE.UU. es histórica, llevan haciendo lo mismo desde hace 200 años. El último episodio fue en 1989 en Panamá y pretenden reeditarlo ahora. Han provocado una hostilidad sin precedentes en el siglo XXI. No hay fundamento que justifique esto. Hay una agresión directa contra un Estado soberano, el Estado venezolano, y que incluye también a Cuba, Nicaragua y Bolivia, lo que va quedando de los gobiernos progresistas en la región. Hay que pensar en las sanciones y bloqueos, que nosotros también hemos vivido en primera persona y que representan mucho sufrimiento para la población. Entre otras cosas, provocan la migración venezolana presente en muchos países latinoamericanos. No se puede revictimizar a la víctima, que es el gobierno sancionado. Hay miles de millones de dólares incautados por bancos extranjeros que son recursos del Estado venezolano. En Cuba, Washington también aplicó una política de recrudecimiento a través de la aprobación del título III de la Ley Helms-Burton [que permite llevar a tribunales estadounidenses demandas por propiedades confiscadas en la isla tras la Revolución].

– ¿Qué consecuencias tiene eso para Cuba?

– El Congreso de EE.UU. se autodesignó la facultad de legislar sobre el título III de la Ley Helms-Burton y el 2 de mayo comenzó su aplicación. Aparecieron las grandes compañías que pretenden hacer valer sus intereses sobre los inmuebles confiscados o nacionalizados por la Revolución cubana. Sin embargo, está definido históricamente que, en su momento, Cuba ya compensó a los estados por esto: Canadá, Reino Unido, España, Italia, Alemania, etc. Todos fueron compensados con convenios que se pagaron hasta la última letra, pero EE.UU. rehusó no sólo negociar, sino incluso hablar del tema, en el supuesto que la Revolución cubana iba a durar solo unos meses. Fueron ellos los que se alejaron y se quitaron del proceso de compensaciones. Ahora lo utilizan de esta forma burda. Esto le resta autoridad al presidente en un tema esencial como las relaciones con un tercer país. Es un elemento más del clima de agresividad y hostilidad que se ha creado en la región.

– Este lunes, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, advirtió a Mike Pompeo que una intervención militar en Venezuela apoyada por Estados Unidos sería “catastrófica e injustificada”. El protagonismo que han tomado EE.UU. y Rusia en el conflicto remite a tiempos pasados, a una eventual tensión entre los bloques de la Guerra Fría.

– Cuando la actual administración de EE.UU. invoca la doctrina Monroe, “América para los americanos”, es normal que otros actores internacionales reaccionen. No pueden permanecer pasivos ante un disparate tan grande. China, Rusia, Turquía o Irán tienen vínculos establecidos con las autoridades legítimas de Venezuela y [las políticas de EE.UU. contra Venezuela] pueden afectar los intereses de esas propias naciones.

– ¿Cree que es posible una intervención militar por parte de EE.UU. o es parte de una estrategia de guerra psicológica?

– Es perfectamente posible, no se puede descartar. Podrían intentar condicionar mentalidades, pero sí hay que tener en cuenta esa posibilidad. Es nuestra propia experiencia. Jamás subestimamos una declaración de este tipo procedente de EE.UU., con implicaciones tan serias, por un total sentido de la responsabilidad de Estado. Una intervención militar podría tener consecuencias inconmensurables para la población venezolana y el conjunto de la región.